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by j re

Los paisajes literarios se descubren bastante más jóvenes de los que podemos explicar. En mi caso a los 8 años. El volumen de Selecciones del Rider Digest caía en mis manos cuando la orfandad de padre y madre me había dejado estirado y vago en una isla desierta mantenida por los recursos de mi Nona.

Aún puedo describir el ambiente, un garaje de techo ondulado fruto de mi tio arquitecto que diseñó una casa de techos imposibles de comprender, y una ventana que daba a un patio. Cada vez que habría la publicación repetían en orden cronológico, primero un concurso de conocimientos semánticos del cuales sentía orgullo por salir tan bien parado. Luego divagaba por los mundos del estilo narrativo americano, en la cual uno quedaba atrapado en los símbolos del desarrollismo: tal torre la levantaron en 15 días, el dique es inmenso; o la producción eléctrica alcanza para una ciudad de miles de habitantes. Eran mundos teñidos por el optimismo y el buen hacer humano. Eran los atractivos universos de los años 60. Capaces de levitar con fuerza y civilización en una sociedad aún no marcada por la vileza. Siempre dejaba para el final la narración más larga. Un cuento de imprecisas sensaciones, suave, en la cual no dominaba ni la violencia ni la sangre, sino una atmósfera donde la sardina del buen amado y la locura por estar cerca del suceso presidían la mesa.
En aquellas tardes, repetía con gracia mi recorrido. Inmerso en una vida apacible, de libertad. Alejado de la fuerza impetuosa de las emociones paternas fruto de un mal divorcio. O de la refriega marital que asomaba en un amor que destruía con su paso cualquier intento de representar una obra parecida a lo que eran las familias de la época, las cuales no aceptaban el divorcio. Desde ese faro, desde esa escollera a cargo de mi abuela, crecía el mundo no aparecido e ignoto de mi fuerza de escritor. Luego, el material –de lectura-, estaba apilado en un oscuro galpón de la casa. Y las pilas iban hacia atrás. Del mes tal, del año 58, 57,56 del siglo XX. Años que mostraban una civilización que alumbraba al mundo del american way life (1). A veces aún martillea en mi memoria una conclusión:
#Ni la nieve era tan triste, ni el colchón estaba tan duro. La soda y el helado sabían a autentica fresa#

Notas:
(1)http://en.wikipedia.org/wiki/American_way´
(2)Historia de la revista Reader’s Digest: El primer número de Selecciones se publicó en diciembre de 1940.1 Era editada por la empresa Selecciones del Reader’s Digest, S.A., en La Habana, Cuba.2 La edición cubana se distribuía en Latinoamérica y España. En 1950 se creó una edición para Argentina. En octubre de 1952 apareció una edición para España. La edición cubana cesó sus operaciones tras el triunfo de la revolución castrista en 1959.2 El 20 de agosto de 1960 se fundó la edición mexicana.3 En ese mismo año ya había también ediciones locales en Centroamérica (elaborada en Costa Rica) y Chile. En 1971 salieron las ediciones para Puerto Rico y para los lectores hispanoblantes de EE.UU. Fuente Wickipedia

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