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by j re crivello
Ayer pase la tarde en la casa de dos excelentes amigos –fui con la Sra. A- , ambos cautivadores, inquietos, con muchos años vividos en sus espaldas. Después de comer la tarde era suave y con sol de invierno y el café se alargó en una terraza protegida. Entre los cuatro reuníamos diferentes vidas venidas desde otros mundos, (evitando entrar en política éramos los otros catalanes). La conversación se fue tejiendo alrededor de una madeja, los padres y las madres.

Ella leyó una carta de su padre fallecido hace poco que describía su regreso a un pueblo pequeño y la ausencia de las referencias de antaño, los olores de un amigo fumador de Lucky Strike y esa sensación que te sube desde la barriga por no hacer pie en ese recuerdo de infancia pero solido en tu memoria. En aquel desbarajuste posterior a la lectura, tan intenso, yo rememore cuando visitaba a mi padre con 16 años en un pueblo después de 12 años sin verle. Eran calles anchas, con plataneros centenarios y no existía el cemento sino una fina capa de arena traída del rio cercano puesta en cada calle. Al transitar por ellas acaparaban mi desespero emocional al bajar del autobús y caminar dos kilómetros para hablar con un señor irónico, alto, de bigotillo fino: era D. Re.

La Sra. A intervino para guiarnos a los amores intensos, las de aquellos primos o hermanos que entran en nuestro corazón directo y cargado de electricidad y los que por más esfuerzo que hagamos no suenan. Luego vimos antiguas fotografías de bisabuelos del Sr E y una extensa hoja medida y de caligrafía alemana de sus antepasados hasta 1750.
En estas conversaciones, las risas y los silencios se entremezclan y si uno observa como la memoria junta densos meandros y largas llanuras de silencio; el café y un buen pastel de chocolate y plátanos dan sentido a los tiempos medidos que cada participante establece y deja escapar.

#Nada es tan lógico ni razonable, tal vez es parecido a un jarabe, denso, amargo y liberador#
Nota:
Hace poco estuve frente a la casa de una tía. Elsa, no la visite pero fui capaz de saltar con mi mirada en su patio y hablar con mi pasado. Luego regrese volando por encima de su terrado para alejarme en un viaje parecido al de la carta del padre de mi estimada amiga.

#Somos de diferentes estilos pero de un mismo recorrido interior#

Tía Elsa

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