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by J re crivello
“Tardó cinco meses en escribir y reescribir su primer relato, Los chantajistas no matan, y lo envió a Black Mask, donde apareció en 1933. Le pagaron 180 dólares, un centavo por palabra. Durante cinco años, Chandler publicó en Blak Mask, en Dime Detective Magazín y algunas otras publicaciones baratas”. Fuente: El país, 3 de diciembre de 2012

Algunos escritores hemos avanzado, nos sale la hoja a cero céntimo, pero no desfallecemos, en puro estilo de novela negra casi naufragamos. A veces chapoteamos en una jungla de miles de ofertas que se asoman y presentan como dispuestas a triunfar y asomarse al gran público pero desfallecen. Es cuestión de elección algunos escribimos para una minoría de… privilegiados. Solo un decisivo cambio en los gustos de los consumidores –y en su bolsillo– en nuestra sociedad podríamos regresar el pago por un servicio cultural –el otro más antiguo del mundo está perseguido y remunerado.
Las prisas por regalar música, novelas, filmes, periódicos on-line, sin implantar un modelo alternativo han conducido a esta especie de último refugio de la cultura: ¿Qué hay más allá?
Un desordenado caos de gentes –al servicio de la cultura, que para comer hacen cola en actividades dispersas, desde leñadores con sudor a oso, a románticos que dan clases en horario central, a caraduras que asoman su cabellera para mostrase o señoras/señores de coito fino que deambulan por las redes para contar reinos antiguos y con servilletas pasadas de moda. Con lo cual amo a la Elite, por ello las buenas historias surgen aunque los chantajistas no maten.
Aún recuerdo que un policía amigo. ¡Cuidado! Entramos en una historia… me explico la confesión de Tom Serz quien manejaba mejor el cuchillo que la pistola. Desde pequeño argüía: _No me han dejado más remedio que atracar señoras mayores cargadas de aros y cadenas de oro. Las “aprieto” en la entrada del cine y en un pis pas facturo el mes. Pero todo ha cambiado, ya nadie paga para ver, ni siquiera van a rezar con lujos. Por ello he cambiado de arte. Detecto su vivienda al sentarme en el ambulatorio y entablar una pequeña charla, luego les acompaño a comprar y llego a su domicilio invitado. Me lleva más trabajo, más lección de la vida, pero he descubierto que detrás de cada corazón solitario hay un tesoro dispuesto a ser entregado al capitán del barco más próximo.
¿La regalamos? A esta bella historia del atracador de señoras de buen ver nos gustaría estirarla y repetirla, pues nada más interesante que un tipo que espera agazapado y luego comercia con sexo, amor e ilusión. En suma, es casi un escritor a céntimos como Chandler o quien firma este artículo.

#Amanerados en suma, envilecemos por el céntimo#

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