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El coleccionista R. Cifuentes

(de j. a. Ordiz para j. re)

Es una respuesta a un artículo de ayer escrita por “the big” j. a. Ordiz

Esto de no ser un coleccionista de libros (por regalar los que no me gustan y prestar los que sí me gustan) tiene desventajas enormes. Una de ellas, sin ir más lejos: a propósito de los recientes fallecimientos, apenas separados por unas horas, del italiano Umberto Eco y de la norteamericana Harper Lee, Juan Re Crivello me pidió un fragmento de la novela Matar a un ruiseñor (él no tenía el libro a mano) para publicarlo en su sitio web como homenaje conjunto (o sea, de él y mío) a la escritora de un solo relato que, tras el éxito obtenido con su inocente de color negro, defendido por un abogado sureño de color blanco, huyó de la fama y se refugió en su pueblo natal al más puro estilo Salinger (coetáneo suyo, escrito sea de paso). Él, Juan Re, no lo tenía y yo, sencillamente, lo presté hace muchos años a un amigo y aún sigo esperando por la restitución; sin libro y sin amigo me he quedado, aunque más se perdió en Cuba, como repetía un antepasado mío, al que tanto imito cuando pierdo algo: otro amigo, otra amiga, las ganas de escribir otro relato para el olvido… Menos mal que Internet nos sacó del aprieto: en la red está disponible el libro entero (o sea, desde la primera página hasta la última, como Crivello averiguó por su cuenta mientras yo me encontraba en la Prípiat de Chernóbil en busca de alimento radiactivo para mi blog, en el suyo ya el fragmento del aclamado ruiseñor).
Huérfanos, sí, la prístina rosa del autor italiano (a buen recaudo el eco de Umberto en mi lar electrónico desde unos pocos días atrás, como si yo hubiera intuido que a él se le agotaba la cera de su pábilo vital) y el norteamericano inocente de Harper Lee cuando todas las personas de piel negra eran presuntas culpables de algo por el mero hecho de vivir en Alabama y, por desgracia, no solo en Alabama (cómo somos, hay que joderse: ahí nuestras hermosas creaciones o la física cuántica y el sonido de las ondas gravitacionales; Einstein ahí, de acuerdo, y la Mona Lisa, y el ruiseñor y la rosa, pero ahí, también, Hitler, el Ku Klux Klan, los tiranos desde que el mundo es mundo, el llanto del planeta herido por la mano del hombre…).
21/2/2016

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