natalie goldberg casa 37
Pintura de la escritora Natalie Goldberg

La casa verde de tejados azules se distinguía de las demás, poblada de gatos me dio un cierto resquemor, al entrar me recibiría su hija, lo deduje por cierto parecido en la única foto que me mostraron de Marie Grazie. Ella le espera –dijo y me acompaño por un comedor que llevaba a una tercera planta donde sobresalían tres ventanas del tejado.

La más grande era su habitación. Veras que no es nada convencional –agrego su hija. Al abrir la puerta, una luz diáfana iluminaba una cama y un sillón. No había más que este sencillo decorado y una puerta que deduje llevaba hasta un lavabo. Estaba sentada y tejía. Hacia lo mismo que Domenica y su parecido con ella era asombroso. Le sonreí y ella respondió con el mismo lenguaje. Le di un beso y me senté a su lado. Su hija se marchó. El silencio del alma -dicen algunos- es una catarata que a veces nos ahoga y… tiraniza –dijo. No supe que responder, bueno a lo sumo:
_Te pareces a abuela. Ella coqueta repaso con su mano derecha su cabello.
_Éramos como dos gotas de agua. Aún recuerdo el día que le acompañe a Genova. Era una mañana con un viento que nos desplazaba y aumentaba nuestras certezas. Ambas compartíamos ese tronco común: la Casa 37. Nos desgarraba ver que nos separáramos y no nos veríamos más. Ella aceptaba la decisión de sus dos hermanas, la que marchaba con ella y la que se quedaba. En estos largos años siempre he percibido su presencia, sus miedos, su cansancio de vivir en una tierra diferente, en unos olores distintos. Deseaba regresar a la casa verde, la de los tejados azules. Nos escribimos, me llegaron sus fotos. Hizo una pausa y girando su cabeza hacia un lateral agrego: En esta y retiro una antigua foto debajo de la cesta de las lanas apareces tú; yo le llamo la Sacerdotisa del Tarot.
_ ¿Por qué?
_Ves, Domenica me dice, al poner su mano derecha cerrada apoyada en su regazo, su seguridad y determinación, y con el otro brazo extendido y recto te rodea en señal de protección.
_Un gesto de cualquier abuela –respondí. Intentando apartar de mi cualquier compromiso o significado. Ella confeso que las fotos que se enviaban expresaban símbolos y ayudaban a entender su determinación.
_ ¿Determinación?
_La Casa 37 está dividida de hace 100 años y busca unirse nuevamente. Decidí cambiar de tema, me angustiaba tanta señal, tanta obsesión por marcar un futuro que deseaba fuera libre y solo intuido por quien lo deseara poseer. Ella capto mis emociones. Luego pregunte:
_ ¿Qué has hecho en estos años?
_Casarme, enviudar y adoptar a mi hija. Las mujeres somos aun frágiles. El cromosoma Y nos atrae a su danza ritual y caemos prisioneras del instinto de salvar la especie.
_Dicen que cuentas buenas historias. ¿Me explicas una? Se dispuso a tejer nuevamente, luego me miro como intuyendo lo que pasaba por mi cabeza y dijo:
Hace años un lobo se escapó de la manada. Vivió alejado sin norma, intentando poblar otras regiones, marcar otros territorios. Después de muchos intentos descubrió que el territorio original… te intuye y domina. Los alejamientos espirituales si no son pactados y aceptados libremente oscurecen el alma.

Me despertó su hija, serían las 8 de la noche. Ella ya dormía en la cama del lado. Estaba como desconcentrado y me acompaño hasta la planta de abajo. Luego cene con ella y su marido y me dejaron una habitación.
_Mañana Mama, tu tía abuela quiere que te llevemos a la aldea donde nació ella y Domenica y todas las de su familia.
_ ¿La Casa 37? –pregunte
_Los dos sonrieron.

 
Notas:
Domenica y La Casa 37
“Me invitaron a realizar un viaje imaginario al pasado, a la esencia más profunda de mi ser, al origen, al legado, a la herencia, a la anécdota, que no es simplemente eso, sino un rosario interminable de penurias, alegrías, tristezas, pérdidas y ganancias, renunciamientos y posibilidades, en fin vida… Y en ese viaje, de pronto, impensadamente, la memoria se llenó de fragancias, de olores especiales, únicos y casi olvidados, de palabras que mezclaban el castellano y el italiano (que yo inexplicablemente entendía), de canciones cantadas con una vocecita aguda y dulce que calmaba mis angustias infantiles, de manos finas pero trabajadoras que acariciaban mis heridas… Volví a sentir el sabor del fruto del castaño natal, árbol de luz, alimento de la abuela allá en Italia, y sus raíces se unieron a las mías, enredándose mágicamente en una inmensa maraña de recuerdos”. Mónica Nigro Re

Domenica cultivaba el lenguaje espiritual, con el paso de los años he descubierto que era en la Tierra parecida al Papa y si Ud. me permite, me explico. Era quien guiaba la Casa 37. De niño tan solo era mi abuela tan bien descrita arriba por mi prima Mónica. Pero detrás de esta disquisición está el comprender como una mujer tan alejada de su mundo: Los Alpes italianos, traslado consigo la Casa 37:
“Una cuenta que tiene el poder de oír lo que dices”
Un viaje del que siempre se arrepintió, del que sintió una gran pena. Domenica intuía que el mundo era una bola gigantesca que se movía para huir de sus miserias. Su mirada serena coexistía con la vida diaria, crio dos hijos, tuvo dos nietos y curo a muchos de dolencias físicas que eran dolencias del alma.
Con el paso del tiempo he descubierto que su verdadera tarea en este mundo fue curar a las gentes sencillas de las enfermedades del alma. De los nervios, como le llamaban en su tiempo. Su técnica consistía en escuchar, luego concentrarse y rezar una interminable oración que conectaba con el afligido. Y le liberaba, o al menos se marchaba tranquilo. Nunca cobro por sus servicios, era una ciencia de la vida.
Pasados los años descubrí que pertenecía a la Casa 37 pues circunstancialmente acepte que en mí vivía un Don, el poder de conectar utilizando unas letras con la Casa 37 y… ¡allí estaba ella! Y seguía observando esa bola gigantesca –la Tierra- que se desplaza a la autodestrucción. Ahora cada tanto me envía un mensaje: una luz que estalla, un pájaro que no encuentra su camino, una persona que me pregunta algo pero me quiere decir otra cosa, una persona que se ha separado y desea encontrar otra solicitud de amor que le corresponda, o alguien que vive un duelo y posee el deseo de superarlo.
#Males del alma que con su ayuda intento corregir# Pero debo confesar que a diferencia de mi abuela los demás no perciben mi posición, tal vez como en su día cuando niño yo no entendí la suya.
Nota:
(1)La llegada de los italianos. Mónica Nigro Oliva. Editorial Brujas. No está en internet

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