Mañana acaba esta serie que deja muchas incógnitas pendientes –j re-

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pintura by Natalie Golberg

Me despertaron muy temprano, un café y salimos para la aldea. Según el marido de su hija era una pendiente que nos llevaba más allá de los 2000 metros. Marie Grazie iba sentada conmigo detrás, no hablamos en casi todo el viaje.

Las paredes laterales de la carretera dejaban ver valles profundos con aldeas que se mantenían sujetas a una vida que en Italia había casi desaparecido. Me entretuve en mirar el paisaje, tenía hambre y dejaba vagar mis pensamientos que saltaban confusos en el tiempo transcurrido hasta llegar allí y este viaje que iba a las raíces familiares pero que sucedía en un espacio de tiempo en el cual no deseaba tomar ninguna decisión personal sino vagar sin descanso por aventuras que se sumaran unas a otras sin sentido, sin mayor ruta que la casualidad. Y aquí estaba camino de una nueva carambola, ni me quedaría en la aldea, ni al lado de mi tía abuela, tan solo escucharía lo que las raíces contaban para dejar aquello tal vez guardado en un espacio donde la memoria establece criterios, da prioridades y pone bajo custodia emociones que resurgirán pasados los años.
En medio de la colosal montaña se abrió un surco, era un valle, como trajeado y listo para su boda. Pocas casas y una iglesia. Nos detuvimos en una de ellas, construida de piedra gris, con su espacio debajo para guardar los animales.
_Esta es nuestra casa –dijo Marie- Aquí nació tu abuela, Teresa y yo. Las Garzino, su sola pronunciación me desconcertaba. Nos dejaron solos y le ayude a subir las escaleras. Tres habitaciones y un comedor y una cocina grande desde donde se veía el valle. Le percibía triste, tal vez intuía que el camino estaba cerrándose. Mi regreso, enviado por su hermana daba un final pero tampoco aportaba nada. Regresaba un joven desposeído de ideas o ambiciones, una mezcla de hippie moderno ansioso por aventuras y con miles de preguntas. Era un camino que privaba de sentido a su despedida hace 70 años en Genova y no sumaba más que una carga de genes jóvenes que se moverían varios años aun hasta abrir un espacio donde la Casa 37 tuviese su significado.
_Piensas en ella –pregunte
_Domenica era de una pasta de ángeles –respondió sentada en una cama grande de metal, de colchón de lana y sonido cargado de historias de amor antiguas. Ella dominaba el arte de la curación de las almas. Yo –insistió Marie-era la otra parte, la anticipación, la profecía, la mirada que descubre el porvenir. Tu -y me miro con esos ojos verdes de lenta calma; tu eres como yo, puedes adivinar el futuro. Lo sé. Lo llevas en el bolsillo. Tenía razón, en mi bolsillo al lado de mi DNI llevaba siempre una piedra y unas letras mágicas, que bailaban, que explicaban, pero ante las que sentía prudencia y muy pocas veces las mostraba.
_Si –dije-; estas son. Las mostré abriendo una parte. Luego tire sobre la cama algunas:
A – S – T – O. Dijeron con la O y un punto en su parte superior; interpreto que nos dicen: Ahora serás tú en la Obra. O sea yo, dije casi sin creérmelo. Ella sonrió. Era demasiada tarea para mis 19 años –pensé. Ella captando lo que decía, agrego:
_Puedes esperar 50 años, la Casa 37 no tiene prisas. Dentro de poco nos uniremos Domenica y yo. Luego la Casa pasará después de 100 años a un hombre. “Y por qué no otra mujer” -pregunté.
_No sobrevivirán a estos 50 años –dijo Marie.
_ ¿Y luego? –pregunte. Miro como si estuviera en otro espacio para responder, alrededor del 2020 hay mucha bruma. No puedo traspasarlo. Tire las letras, tan solo dos
W y una l minúscula invertida se asociaban a una a borrosa y con un punto; dice que la oferta será para A. “¿Quién es A?” –pregunte.
_Es quien te sustituirá en la Casa 37, pero aún no ha nacido. Una letra salto de su espacio: “Comienza su nombre con I” –agregué, para preguntarme- ¿Cómo lo sabrá?
_Como tú, el encontrará su camino, veo un joven de una personalidad vigorosa, de ojos verdes. Y no sabemos si será de los que sanan el alma como Domenica o de los que predicen y son visionarios -dijo Marie. Luego me contaría una de sus historias que tanta fama le proveía y con moraleja.

Había una vez un lobo que estaba en su manada y era el jefe más venerado. Un día expulso a quien parecía el más débil, aquel al que siempre decimos: la Humanidad es cierta y posible pues los débiles la llenan de alma. El lobo expulsado regresaría pasado unos años para ser jefe. La soberbia del mandarín le llevó a dar caza a alguien superior y este le destruyo.

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