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Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra.
[…]

En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era de costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad.
Jorge Luis Borges, pág. 111, Historia Universal de la Infamia.
De casas imaginarias sabemos mucho, vivimos en cubículos de cemento con ventanas al sur o al norte, con sexo desprevenido o concertado, con hijos pequeños o pichones grandes que no encuentran trabajo o están tan cómodos que alargan la partida.
¿Dos casas? Dícese de un tal Robert Desnais que estaba muy enamorado pero un fatal accidente se lo llevo al otro mundo. Despertó allí, sin más explicación que ver ángeles y dedujo que estaba en un nuevo territorio y había perdido una de las dos casas. Su tutor provisional, un tipo parecido a Kiko Veneno, de alas verdes y cabello golfo que falleció muy joven siendo terriblemente hippie le acompaño hasta el bar. Una superficie alargada de neones modernos y barra americana brillante y de madera de caoba y dijo:
_Tu pensabas que en el cielo no tenemos bares que te joden la vista de lo… ¡guapos que son!
_Quiero volver –exclamo R. Desnais-, intentando consolarse con una coca cola de frambuesa.
_Allí se pasa rápido, aquí se alargan los días y nos consolamos con los tipos como tú que llegan antes de tiempo.

#Los que abrimos brecha# dijo R Desnais y lloró desconsoladamente.

by j re crivello

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