Dedico este artículo a los desesperados atrapados en la frontera de Macedonia y Grecia –j re-

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Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido.
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Las últimas noticias de Melanchton dicen que el mago y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los medános y que ahora es como un sirviente de los demonios.
Jorge Luis Borges, pág 113, Historia Universal de la Infamia

R Desnais lo intentaba todo para regresar a su casa de la tierra, que el sexo, que el amor, que comer ensaladas con papaya hasta que un conocido le dijo que aquello era como Disneylandia que detrás de la atracción está el animador deambulando y contando la platica de su sueldo miserable y le recomendó que fuera detrás de las médanos del Este. Allí encontraría gente muerta sin nombre, sin género que intentaba decidir si ese era un sueño o se les aparecería Dios para echarles un sermón. Y se fue, se imaginaba que ese era el tubo donde tal vez iban los deshechos y ni siquiera el Diablo ni Dios tenían tiempo de ayudarles. Trepo por la arena y del otro lado vio el mar. Grande, ondulado y de un azul que moría a poniente. Y una cola inmensa de desarrapados que pugnaban por entrar a una puerta. Si mirabas a ambos lados las rejas de una muralla transparente alertaban que esa era la cita, la gran cita. Se acercó hasta un grupo, estaba allí el tipo del primer día, aquel casi igual a Kiko Veneno, y le pregunto qué hacia allí, y su respuesta fue tajante:
_Me he aburrido donde tu vienes. Y luego le explico que de todos los territorios que había conocido le tocaba pasar la puerta, que ese era un nuevo camino. R Desnais miro en derredor y cajas de pizzas por doquier lo invadían todo, dedujo que se podía pedir solo pizza, imagino el deseo y un repartidor en una moto aérea le zurro con una caja de pizza a la Tom y Jerry. Y salió tan raudo que no pudo ni despedirle. La fila se movía, lenta, como en un cuerpo relleno de gel para aparentar más: más senos, más piel estirada, más nalgas. ¡Qué lejos está mi casa en la tierra! –exclamo.
Un transeúnte que se había comido su pizza dijo:

#Los demonios nos adaptamos a todo# La puerta se abrió y un murmullo y empujones le atraían hacia ella, tuvo miedo mucho miedo y recordó un sueño de hace unos días en el cual un gato le atacaba sin parar, un segundo antes de atravesarla se zafo y salto contra el muro para ver como la hilera desaparecía engullida y se cerraba la entrada tras ellos.

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