photo_2016-03-14_08-16-31by j re crivello

Ayer salieron los datos. “Sí ¿Y que decían?” -pregunte
_Que en Barcelona viven 1 millón y pico de personas de ¡166 nacionalidades diferentes!
_ ¿Quién es más estúpido que un nacido que borra sus huellas y canta las canciones de otros? –exclamé.
_Los hay, respondió mi interlocutor de la mesa del lado, levante la vista llevaba blazer jaspeado en grises y zapatos negros brillantes.

Y prosiguió: Tejen una ideología de masas. Hacen culto a la diferencia, con himno, con bandera y con prácticas religiosas cretinas. Ocultan detrás las diferencias, esconden a los recién llegados desde 166 países. Los intentan asimilar debajo de la cama del poder, de la Elite de los favores. Pero debajo las estadísticas, vea y giró La Vanguardia y el articulo que publicaba las estadísticas del Ayuntamiento de Barcelona: 25.000 italianos, miles de paquistanies, miles de rumanos, miles de bolivianos y así sucesivamente. Pero, y observé como bajaba lentamente la cabeza, para redondear la frase: los que manejan la pasta, la tele, la Institución ponen una música que se repite: somos uno, somos diferentes, somos; necesitamos ser Estado.
#Las banderas solo crean odio# -concluyo. Mi croissant se había helado y en el café se percibían gotas de Fairi. Llame al chino y pedí que me lo cambiaran. En el exterior la Barcelona social palpitaba mezclada en facciones separadas como la segunda peli de Divergentes y Cataluña Radio hablaba de un país lleno de desgracias venidas de Madrid.

Todo estaba bien.
O casi.

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