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Ahí la mina te mira un momento, fijamente y es cuando…
_Te cagás en las patas –dictamina Pipo.
_ ¡Claro! Porque ése es el momento crucial. Ahí se juega el destino del país. Si la mina se hace la sota y mira para otro lado. O dice “sí”, caza el vaso y se alza a la mierda, perdiste. Perdiste completamente. Pero no. La mina te mira, dice “Sí”. “Sí, ¿por qué?” Y se sonríe.
Pág. 213 Roberto Fontanarrosa, El mundo ha vivido Equivocado, Antología de la Literatura

Ella o él. El juego de la seducción tiene su momento crucial. Le atravesamos para decirnos que una simia conquistada es un trofeo. O ¿el trofeo somos nosotros? Nadie quiere aceptar que el juego de las mil caras precede a la familia, y a la tribu y a la religión.
Los humanos caminamos por pistas cubiertas de otras pistas por quienes nos han precedido. ¿Y la cultura? ¿Y el saber acumulado? Cada cierto tiempo aparece nuestro corazón chimpancé y solicitamos la destrucción de las pistas anteriores, o eliminamos la memoria. Es un auto de fé, le llaman. Y le rodean de una bandera, de un himno y de las quejas antiguas.
#Desconfiad del ruido de tambores que anula la razón#
-j. re-

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