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By Wang Mei Fang and Zhao Guo Jing   Arte Gongbi

 

Amigos, la Sra Ling, esplendida consejera china nos visita está semana -j re

La Sra Ling pasó por la verdulería y se hizo partir con sumo cuidado dos rodajas de sandía, el vendedor conocía a esta bella dama desde los años 60 cuando la hambruna provocada por la Revolución Cultural les llevó a ejercer oficios en el campo.

La sandia fue descubierta de su fina piel con maestría y separada en carne y corteza, luego una media quedo entera y la siguiente fue transformada en un fino liquido al que le agregaron un poco de menta y licor. Ambos pedidos los envolvió en un diario de Shanghái que hablaba de las redadas a prostitutas de la policía china antes de la celebración de los juegos. Hoy venia un cliente nuevo que escondía su imagen debajo de una toga que cubría su cara y cuerpo –esa era la descripción de su vecino de hace un día–; además de la seda de color negro y los garabatos en su libro de visitas, colocado a la entrada de su casa con tan solo un mensaje: “¿puede Ud. mañana? CC” y una cuenta de twitter que le intrigaban. La señora Ling luego paso por su tradicional panadero y compro dos hogazas de pan y una mil hojas. El pedido lo llevaba un sirviente nuevo que era de la China de Mongolia. Alto, más bien delgado y con un perfil tenebroso agregaba a su negocio un aire de vitalidad imprevisible. Al entrar se descalzo, se desvistió en una salita y antes de cubrir su cuerpo con su bata dorada llena de dragones verdes, con mucho esmero se pasó una crema que olía a menta y tenía un espesor que al tocarle su piel, los dedos resbalaban dando al invitado una sensación de instantánea excitación. Ella compraba esa crema en un mercado que la traía desde una aldea que mezclaba un tipo de pescado raro con una herbácea que daba una flor parecida a la amapola.

La Sra Ling estaba desbordada, desde que su fama trascendiera a Occidente. Como siempre atendía tres clientes diarios, pero hoy esta primera visita –la tal CC, la había aceptado por un común amigo que vivía en Paris.

Ante la primera visita, ya lista y arreglada, se sentó con sus piernas recogidas y presiono en un timbre, la puerta se abrió, y una persona cubierta hasta la cabeza se situó en cuclillas de la misma manera. La Sra Ling comenzó con cuidado de desatar sus piernas y abrirlas. En la parte baja, un dragón unía la pelvis, de lo que dedujo que era una mujer. La señora Ling busco a su lado el zumo de sandía y se lo ofreció a su invitada, esta al girar su cabeza hacia atrás para beber, dejo ver una cabellera rubia y unos ojos empotrados en negro. Luego, la rodaja de sandía en manos de Ling, comenzó a rozarle e inundo de un suave descanso aquel dragón que protegía el sexo de su invitada. Solo se escuchó:

–Vengo sin saber… que era un átomo de excitación, y… desde hace… La señora Ling mantuvo su actitud firme e introdujo sus juegos inspirados en la China imperial.

Una hora después su clienta recostada hacia abajo fue despertada por el ayudante de la Sra. Ling. Antes de salir pregunto por ella. La Sra Ling salió desde un pasillo y saludo inclinándose, CC dijo:

–Si regreso otro día más antes de marcharme a mi país esta semana, ¿Sería posible que Ud. me recibiera?

–Venga mañana a las 10. Vera que la gasa que le cubre la zona, le despertara continuamente una cierta inquietud, elija un o una cuidadora del alma y enamórese sin miedo.

– ¿Mañana me lo quitara? ¿O?…

–Me lo traerá Ud. en sus manos –respondió la Sra Ling. ¿Puedo?… CC intentó acercarse para saludarle, la Sra Ling se inclinó suavemente.

Aquella tarde, al final de su trabajo, la Sra Ling acompaño su cena frugal con una mil hojas y un tinto de Ribera del Duero. La botella vacía rodo por la cama y ella durmió plácidamente hasta las cinco de la mañana. En el Este de Shanghái llovió abundante llenando los jardines de un musgo verde que sus habitantes explicaron a quién deseara oírles: “la primavera avanza su energía

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