by j re crivello

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Esa mañana en casa de la Sra Ling el teléfono se escuchó repetidamente, al final uno de sus ayudantes se atrevió a atender. Tenían prohibido despertarla antes de las 11, pero una voz acentuadamente suave dio a entender que uno de los jerarcas del régimen del Partido Comunista Chino deseaba ser atendido por la mujer china de más prestigio en Occidente.

El señor Xung le hizo esperar y fue a la habitación, luego de golpear varias veces y no recibir respuesta decidió entrar. Su Señora dormía plácidamente boca abajo y desnuda de cabo a rabo. Sin atreverse pero con cierto morbo pudo recorrer aquella anatomía que pasaba de los 60. En el talón a la izquierda tenia grabado un dragón pequeño y liso, luego unas piernas suaves y torneadas sin ninguna marca dejaban ver dos nalgas redondas y pronunciadas; en la derecha otro dragón rojo observaba en la parte más cerca del ano en la curva que desaparecía bajo el núcleo de los deseos humanos. Luego una espalda rápida y recta se metía en un cuello que estaba tapado por un cabello negro azabache. El Señor Xung no supo donde golpear para despertarle, primero retiro la botella de licor vacía de su costado, luego la tapo con una sábana de seda y prefirió empujar con su dedo derecho en el centro de su cuello.

– ¿Qué quieres? –dijo ella. El Señor Xung trastabillo con los restos de la sabana ante el descubrimiento de su osadía. Su señora estaba despierta antes de su descarada observación. Esta sorpresa acentuó un ágil temblor que le impedía hablar.

– ¿Dime que quieres? –repitió

–Es Hu Jintao quien solicita ser recibido. “¿Hu?” –dijo dándose vuelta y poniéndose de lado. Al ver a su señora de frente desnuda y ese dragón rojo y verde que bajaba hasta la pelvis, el Señor Xung aumento su nerviosismo y pudo decir:

–Sí, el camarada presidente.

–Dame una bata. Dos minutos después la Sra Ling aceptaba recibir esa tarde como una excepción al presidente de China en su habitación-estudio. Ese espacio era una sala forrada en rojo y con un solo tapete en el centro bordado en dorados. Al lado había una mesa pequeña donde ella guardaba sus raras cremas y algún que otro material de madera. Esa habitación tan solicitada por los Occidentales nunca había visto la presencia de un chino y menos de un presidente; en su momento el sequito de Mao – cuando este vivía su decadencia, había sido recibido en la del lado y terminando la historia muy mal. ¿Debía preparar algo especial? –se preguntó. Con cierto fastidio se vistió y fue a visitar a su proveedor de especies, hierbas y frutas. Decidió comprar una cantidad de La mano de Buda (1) para utilizar como fragancia de la sala, luego su vendedor habitual le recomendó Epidemium (2) que tenía en su poder en pequeñas cantidades reservado para clientes personales. Le indico que lo utilizara como infusión si tenía una visita y recibiría recompensas del espíritu. Una risa suave con mucho respeto precedió a la entrega de los dos productos envueltos en una cesta de cañizo. Esta era la última tienda del área de Shanghái que proveía de manera certera productos naturales para los males del alma. Su dueño de casi 90 años, el Señor Li le conocía desde antes de la Revolución Cultural cuando una turba de estudiantes le secuestro durante dos años. Esa experiencia en la cual el Señor Li perdió a su mujer e hijos, con su deportación incluida, le permitió conocer la zona de Anhui (Wan) (3) famosa por poseer más de 2.000 plantas herbáceas. Desde aquellos años su sabiduría y negocio aprendido en aquella región le han permitido desarrollar sus milagrosas recetas. La Sra. Ling a pesar del vínculo tan íntimo solo fue capaz de revelar en voz baja quien era su invitado de la tarde. El Sr Li abrió sus cejas, tan pobladas que destaparon unos ojos azules muy cristalinos. Luego se giró y le envolvió una hierba especial. La señora Ling pregunto:

– ¿Qué es?

–ShiHu. Es de la familia de las orquídeas, se lo aconsejo servir en infusión cuando esté a punto de terminar su servicio, le ayudara a fortalecer el yin y es un gran analgésico. Aunque nunca habían hablado de su trabajo, el Señor Li desde su tienda veía el trasiego de visitantes occidentales que cada día al comenzar la tarde pasaban por su casa. Luego los productos y cremas que le encargaba y del cual la Señora Ling se dejaba aconsejar, marcaban la pauta de su actividad. Pero siempre había deseado preguntarle directamente, si su actividad era estrictamente de aquello que intuía o del espíritu humano. La Señora Ling interpreto las dudas que acechaban al tendero. En tantos años se había convertido en una figura patriarcal y su inmensa sabiduría le colmaba de bondad, ante lo cual dijo:

–Ellos vienen en busca de una satisfacción orgásmica y yo les proveo de una luz en su espíritu. Ascender en la mirada interior es un camino que muchos hombres intuyen pero no tienen valor de enfrentarse. Esa última frase produjo una honda emoción lo cual llevo a que el Señor Li se desmoronara y comenzara a llorar cual suave brisa. Su alma martirizada durante años por la muerte y asesinato de su familia, y la soledad le dejaron desvalido frente a su clienta. Ella dijo:

–Proteja su soledad. Luego estuvo unos largos minutos mirándole, cuando el Señor Li recupero el aliento ella le dijo muy suave: venga mañana a la tarde a mi consulta y traiga la hierba que Ud. piensa merece su espíritu. Pago y se marchó. La calle ancha, llena de tiendas y vibrante recupero el frio del otoño. Una brisa caracoleo aquí y allá. Los arboles exhaustos de un largo verano dejaban caer multitud de hojas que llenaban las aceras de tonos cobre. La Señora Ling entro en su casa 15 minutos después y comenzó a preparar la sala que recibiría al ilustre burócrata que presidia China.

Hu Jintao llego a las 4 en punto. Fuera se detuvieron tres coches y el tradicional bullicio de la calle se transformó en sorpresa. La voz se corrió: “¡el presidente está en casa de la Sra. Ling!”. Pero la policía formo un cordón policial de casi 100 metros y el bullicio se fue apagando. El Señor Xung hizo pasar a Hu a una salita, donde le explico que debía desnudarse, y ponerse un calzoncillo interior de colores vivos y encima una bata de seda negra. Luego le acompaño hasta la habitación-estudio. Hu observo aquel espacio y su poder parecía empequeñecer, mientras aquel braguero rojo que le habían dado le apretaba la barriga. ¿Cómo sería esta mujer? Los que le conocían hablaban de ella con una mezcla de acertijo y silencio al referirse a la intimidad. Ella entro, y le saludo con una inclinación, luego le ofreció sentarse sobre un cojín. Acto seguido le sirvió una taza y bebieron una infusión especial. Su sabor amargo le hizo rechazar el primer sorbo, pero acepto para no ser descortés. ¿Que debía decirle a esta mujer?

– ¿El braguero le molesta? –pregunto ella. Hu Jintao no supo que responder, de solo pensar que se le acercara aún más, le podría provocar una situación de peligro y nausea. Pero ella con suavidad le aparto la bata y aflojo de aquel doble lazo que rodeaba su inmensa barriga de jefe del aparato del partido. Mientras ello ocurría un calor especial fue invadiendo su espíritu. La señora Ling utilizo una crema especial y agito con suavidad sus pies, del cual Hu –transcurridos unos minutos, pudo comprobar que se liberaba de la tortura que rodeaba a su cerebro y… dormito recostado en la almohada. Aquel hombretón estaba desarmado en una especie de u imaginaria. Al despertarle, otra infusión le puso más alegre y vital. La Sra Ling dijo:

–Su… Shen (4). El sitio donde Ud. descansa su espíritu –explico, está dañado, ello le produce pérdidas de memoria e insomnio.

–Hace ya tiempo que no puedo dormir –corroboro Hu. Ella le miro un largo rato y luego con sus uñas subió lentamente por sus muslos, arrastrándolas desde los pies hasta llegar al comienzo de su braguero. Hu sofocado parecía temer ser empujado en la línea del sexo del cual se había despedido hace bastantes años. Mientras mantenía las uñas presionando, la Sra. Ling dijo:

–Le daré unas vitaminas para ejercer, es un viagra natural hecho con Epidemium, lo usaban las cabras chinas para fertilizarse y aumentar su vigor.

– ¿Y luego? –pregunto Hu Jintao riendo y recuperado de aquella intuición que le prevenía ante el riesgo de sexualidad.

–Luego… gírese sobre su amante hasta reír. Soltó las uñas, se puso de pie y le saludo con una reverencia. Luego su ayudante le entrego la bolsita de Epidemium comprada esa mañana en la tienda del Señor Li y, le reconvino en la cantidad a utilizar de solo cada tres días. Hu Jintao se vistió y se despidió. Al marcharse los coches del servicio secreto la calle recobro su ritmo habitual.

Esa noche la Sra Ling bebió un licor que el señor Li le había recomendado. En la cama dejo caer casi la mitad, con la potencia de aquel afrodisiaco tuvo sueños irregulares durante toda la noche donde los animales hacían cosas inexplicables. Al Este de Shanghái llovió un buen rato, sus habitantes vieron en el telediario como aquella tarde a las 4, Hu Jintao visitaba a las industrias de la guerra en la periferia de Cantón.

 

Notas:

(1)La mano de Buda

La fruta tiene una piel gruesa y sólo una pequeña cantidad de pulpa ácida (en caso de tener alguna) y no tiene jugo ni, a veces, semillas. Es muy fragante y es usada principalmente por chinos y japoneses para perfumar habitaciones y objetos personales como la ropa.

(2)Epimedium

Muchas especies de Epimedium son considerados con cualidades de afrodisíaco. Según la leyenda, esta propiedad fue descubierta por un pastor chino de cabras que observó que la actividad sexual en su rebaño que comió esta planta en la maleza aumentó de forma considerable. Se vende como un suplemento de salud, por lo general en bruto como hierba, pastilla, cápsula y, a veces mezclado con otros suplementos. La explotación excesiva de las poblaciones silvestres de Epimedium para su uso en medicina tradicional china está teniendo consecuencias potencialmente graves para la supervivencia a largo plazo de varias especies, ninguna de las cuales son ampliamente cultivadas con fines medicinales.

El “principio activo” en Epimedium es la icariina[1], que puede encontrarse en extractos de un 5% hasta el 60%. Por encima de estos porcentajes son generalmente reservado para uso de laboratorio.

(3)Anhui,  denominada en forma abreviada “Wan”, se ubica en la parte sureste de China y se colinda con las provincias de Jiangsu, Shandong, Henan, Hubei, Jiangxi y Zhejiang. Se encuentra entre los 114° 25´ y 119°50´ de longitud este y entre los 29°25´ y 34°40´ de latitud norte. Con una longitud de 570 kilómetros del norte al sur y una anchura de 450 kilómetros del este al oeste, la provincia tiene una superficie total de 13.960.000 kilómetros cuadrados, lo que representa el 1,45% del territorio nacional.

(4)Shen Se suele traducir como “espíritu”, la fuerza interior que hay tras la esencia y la energía. A veces se describe como conciencia y también está relacionada con el estilo de vida y la creatividad. Si se producen daños en el Shen, la persona puede

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