Con este artículo de la extraordinaria Sra Ling me despido hasta el martes ¡Felices Pascuas amigos! -j re-

 

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Pintura de Wang Mei Fang y Zhao Gu Jing

Aquel día, un domingo igual y descuidado, la Sra Ling encontró una imagen suya de joven. Sentada en un sofá, vestida de blanco, con pliegues  de seda clara que caían a ambos lados, sus senos al descubierto y una mirada directa y sin miedo. Una imagen antigua que fijaba su carácter en los años de la Revolución Cultural. A su memoria vino aquel día que recibió a Mao vestida de esa forma y dispuesta a alterar el vértice del mal que se había apoderado de China.

En su casa montaban guardia día y noche los Guardias rojos esperando depurarle y enviarla a los campos de trabajo o asesinarla en algún de aquellos caminos de polvo seco y lodazal. Sabía o mejor intuía que se lo jugaba todo en la entrevista. Sus partidarios del Aparato estaban descabezados, China ardía y el fin de una sociedad de iguales surgida de la Revolución daba paso a una carnicería de almas y de ideas. De la vida secreta de Mao conocía bien poco, tal vez que era sucio, rebelde, déspota y vivía rodeado de aduladores desde donde tejía los hilos de la muerte. Por lo cual solo quedaba acertar en el servicio que necesitaba su cliente y con ello anudar una salvación temporal. A sus oídos había llegado la orden del jefe de Policía Xie Fuzhi diciendo: “¿Qué pasa si los Guardias Rojos matan a esta gente? Si les matan a golpes […] no es asunto nuestro, no nos rijamos por normas del pasado, si detenéis a los que matan a golpes a esta gente […] estaréis cometiendo un grave error”. (1) La Sra. Ling guardaba cientos de informaciones que miles estaban siendo torturados hasta la muerte en sus casas o en las salas de cine. Y detrás estaba Mao.

Esa tarde un coche negro desprovisto de identificación y sin matrícula paro frente a su domicilio. Los Guardias Rojos que gritaban a la entrada habían desaparecido y el silencio dominaba la calle. Mao entro en la sala de espera con tres guardias y espero en un silloncito de terciopelo dorado. La Sra Ling le esperaba esplendida envuelta en su bata de seda blanca con sus pechos al aire, Mao era regordete, de casi 72 años, su sonrisa esquiva y necia suponía un saludo de mentira o de acertijo. Su ayudante le hizo entrar y se retiró. Un saludo frio entre ambos marcaba los recuerdos de otras visitas.  Le hizo desvestirse y le metió en una bañera ancha donde las flores tapaban aquel hedor. Le lavo cantando una suave canción, luego le seco para estirarle en una almohada baja y le unto con una crema antigua: El Bálsamo del Tigre Rojo (2); al cual había modificado su fórmula y se secaba creando una especie de cristal recio. En la cara de Mao apareció un cierto sufrimiento y fastidio. Transcurridos unos minutos en que canto una canción, golpeo con un martillo sobre la crema seca para romperla. Mao pareció renacer, su piel estaba suave y limpia, carecía de arrugas. Él se observó y sorprendido dijo:

_Su fama será aún mayor. La mirada de la Sra. Ling fue límpida, estaba sentada al estilo de la flor de loto y sus pechos sueltos se mantenían rectos. Mao se sentía nuevo, la Sra. Ling le volvió a estirar y le aplico una crema que le dio mayor brío, luego dio un suave golpe con sus palmas y entraron tres mujeres que le dejaron sin aliento y dormitando.

Pasadas dos horas la Sra. Ling le despertó y sirvió un té hecho con flores de color verde, Mao se reclino, al estilo como salía en miles de fotos, en el cual permanece los días enteros recostado en una cama mientras teje y desteje tramas desde el poder. Y… dijo:

_Yo soy el poder. La Sra. Ling vestida con una bata negra y una seda roja interior y del que sobresalían unos encajes, sin inmutarse contesto.

-Quite sus garras de mi puerta, pero ese grupo  de palabras surgió suave y sin casi mover sus labios. Mao respondió con una frase que luego se haría famosa en toda China.

_ ¡Sigamos al presidente Mao a través de los vientos y las olas! La Sra. Ling bebió de la taza de Mao, luego paso la lengua por sus labios y contesto:

_Su poder es temporal, el mío viene desde los siglos. Nada debe oponerse a las líneas que marcan la vida. Mao se levantó contrariado, anudando su bata y viendo que ágil se sentía, rozo con la mano su piel sintiendo su delicado contacto. Mirándole le saludaría hosco y con afán testarudo salió de aquella casa en bata, sin calzones y sin sandalias. El coche cruzo la calle alejándose. La radio aquel día repitió sin cesar que Mao había abandonado la capital y marcharía en dirección al sur durante varios meses comenzando lo que luego se llamaría el Agosto rojo. (3)

De la puerta de la Sra. Ling desaparecieron los hostigadores. Ella, aquella noche lo celebro con un anís de flores verdes en su habitación. En Shanghái una tormenta rego las calles y el viento tembló raro. Sus habitantes desconfiados imaginaron que esa señal marcaba el comienzo de las purgas.

 

Notas:

(1)Pág. 633 Mao La Gran purga. Mao, la historia desconocida, Jung Chang, Jon Halliday Edit. Taurus.

(2)Crema El Bálsamo de Tigre Rojo

El alcanfor tiene un aroma penetrante, es aromático actúa activando los nervios periféricos, se usa de forma tradicional en esguinces, contracturas y problemas reumáticos. Es un producto muy usado en las pomadas o ungüentos relajantes. El aceite de cayeputi o Cajaput se parece ligeramente al romero y al      cardamomo. Actúa como un estimulante para producir una sensación de calor, se usa también para aliviar dolores reumáticos. Se deriva de las hojas del árbol Maelaleuca leucadendra. Es un aceite volátil con propiedades analgésicas El aceite de clavo, un aceite con propiedades estimulantes, antivirales y antisépticas. Se usaba para aliviar distintos tipos de dolores como el de muela, el de cabeza o para mejorar los ataques de tos. El aceite de menta y mentol: tiene una acción refrescante y ligeramente anestésica, se usa de forma tradicional en dolores de tipo musculares. Sustancias como la vaselina y la parafina que ayudan a dar una mejor textura al producto. El bálsamo no lleva ingredientes de origen animal.

3) “Las estadísticas oficiales muestran que entre agosto y septiembre, sólo en Pekín, más de 33.695 hogares fueron objeto de asaltos (que invariablemente iban acompañados de violencia física) y 1772 personas fueron torturadas o apaleadas hasta la muerte”. Pág. 634 Mao La Gran purga. Mao, la historia desconocida, Jung Chang, Jon Halliday Edit. Taurus.

 

 

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