CHINA. 1948-1949.
Shanghái 1948 H. Cartier-Bresson

by j re crivello

Ni-Lang estaba estirada y mirando el sol. Nada permitía entrever que esa tarde llegaría una carta. Al abrirla, pudo pensar en noticias allende su vida. La fría hoja solo permitía saber que un cadalso había matado a su familia. Uno a uno las hojas, le habían susurrado que los asesinos pensaban de otra manera. Nada haría prever, que en las próximas jornadas, en el puerto cargarían ya las últimas pertenencias de aquellos que querían marchar.

Tampoco la cara servida por una de aquellas heridas que deja la guerra, y los miles de opositores que en susurro llegaban hasta este pueblo alejado de la buena de Dios. Solo pudo preguntarse: ¿cómo llegar hasta Shanghái?

La caída de Chiang Kai Shek, y la llegada de Mao en este 1949, que parecía un año de lluvias y buen arroz le obligaban a subirse a un tren ¡sin más!, para plantarse allí.  Una gran ciudad donde se acaba el mundo de la fe y surge alocada y extensa la revolución maoísta, compleja y terca, llena de promesas y felicidad en la tierra. Pero, no le quedaba más remedio, marcho hasta la estación. Allí le informaron que a última hora pasaba un tren vestido de gente y paisanos, quienes intentaban al igual que ella -dijo el revisor, llegar desesperadamente a la ciudad. El campo desagotaba a sus trabajadores y les ponía en el cerco de la villa grande. Desde allí, una parte intentaría asaltar un carguero que los llevara a América. Un rio agotado, fue el bautizo de aquella muchedumbre -pudo pensar ella, y tal vez les compararía con una terminal de granos dispuesta a soltar su molienda dejándoles partir. Pero debía saber si sus últimos familiares ¿estaban muertos?   -como decía la carta- y luego –quizás- dejarse llevar por aquel infierno. O emigrar. Nada perdía aquí, en este arrozal familiar, en esta casa grande que durante generaciones había sido la fuerza de los que se iban. Tan solo 2 Hectáreas, pero con multitud de árboles que producían fruta. Les había sembrado su bisabuelo con esfuerzo trayendo algunos hasta de América. Solo le bastaba acariciar los 4 cerezos, o los 8 melocotoneros y algún peral verde y recio de lava natural. Pero, era joven, llena de sueños. Presentía a los rojos que vendrían, jóvenes, parásitos y cargados de orden. Decidió regresar hasta casa, enrollo una manta y dos trozos de pan. Dividió su dinero en dos para dejar una reserva oculta en una esquina de la casa, en la tubería, debajo de una palangana que evacuaba los esfínteres.

La noche llego pronto y decidida monto en aquel caos de mujeres y niños, o de hombres llenos de furia y odio. El tren horizontal y de madera marrón se movía impreciso como advirtiendo una carga de los comunistas que le detendría antes de ver la densa humareda de Shanghái. Llegaron por la mañana. Desde allí deambulo por las calles en dirección a la casa de su tía. Las avenidas estaban presididas por la fiebre de la Revolución, la gente iba y venía en busca de un sentido en el mundo. Pudo llegar a la antigua casona de su tía, un cierre de madera en color salmón le recordaba las visitas de años pasados. Al entrar todo estaba revuelto, nadie había dejado un rastro. Solo pudo encontrar un cuerpo diminuto con un vestido de seda rosa y flores en rojo chillón. Era ¡su tía! Estaba doblegada en un recinto antiguo y lleno de porquería: la casa de los cerdos. Tenía un golpe en la cabeza y respiraba lo justo, le limpio la herida y le dio agua. Aì měi, con esfuerzo y recuperada levemente, hizo un recuento de los muertos. Además agrego: “todos fueron cargados en un camión”. Ella se había salvado y había visto el trasiego amarrada al tejado, desde allí les habían ajusticiado “a solo 100 metros”. Con un grupo de cinco guardias rojos y sus escopetas. Luego un sollozo lento y cerrado le mantuvo una hora. Su tía se repuso y le dijo dónde estaba el dinero escondido, donde comprar un pasaporte, donde comprar una salida. Ni-Lang se despidió de ella, la dejo allí y se marchó. En su interior se dividía entre acompañar las últimas horas de su tía o intentar escapar hacia América.

La sra Ling tiene su página Web: la sra Ling

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