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by Cartier Bresson, 1949

by j re crivello (C) Derechos mundiales para esta novela.

1949

Las escaleras del abogado quedaron detrás, salió al portal de la gran avenida y antes de dejarse llevar por la multitud, Ni-lang recordó que en su bolsillo llevaba una daga, al bajar por la larga escalera de una manera precipitada, en un giro del pasamano de los tres pisos de aquella densa y lenta salida, la daga estaba metida en un rinconcito. Como muera en vida   –dijo en voz baja-, y recogió la fina hoja de acero que descansaba tendida entre la pared y la madera y ante la cual, no necesito hacer presión para separarla.

La retuvo contra sí y luego la guardo debajo de su falda, en un lateral de su pierna derecha como su abuelo antaño le contaba, en un fajín sencillo, en aquella nalga delicada que servía de base a dos piernas finas. Parecía sentirse más protegida. Como lo estaba en este rio de mujeres que caminaba por la larga avenida en dirección contraria al puerto con pancartas y gritos a favor de Mao. Solo eran comparable a ella en su larga túnica vestido del estilo de la comuna campesina china, un solo color, o blanco o gris, un solo peinado largo o corto y un hervidero de murmullos que unía al rio con el cambio que suponía la llegada de Mao. Solo les distinguían, en que todas llevaban zapatos de hebilla y unas medias blancas cortas a la altura del tobillo, casi como un grupo de estudiantes, pero alejadas de su espíritu campesino. El grupo era una larga columna que se ordenaba de siete en siete dejando medio metro de separación. Para una campesina como ella esta fuerza difícil, alegre, inestable que soñaba con un aventurero que dirigiría el Estado, desde más allá de la palabra y el silencio, y a quienes no cejaba de presionarles, como un murmullo que repicaba en sus cabezas. Aunque fuera raro aquel tumulto, en ese espacio urbano, de gente enfervorizada que aún no conocía el foso del dolor próximo. Ella venia del interior, del campo. En esa solitaria rapsodia los comunistas ya dictaban la ley. Una de ellas le entrego una banderola, llevaba cinco letras en vertical. La cogió de manera mecánica, solo pudo disimular pero tras una hora de marcha el grupo se disolvió y ella vio una estrecha calle que llevaba en dirección a la casa de su tía. Decidió mantener la banderola en sus manos y casi antes de llegar a la casa familiar se detuvo en un descampado. Era el espacio donde fusilaron a sus familiares según le explicaron unos vecinos mayores, sentados a la entrada de una puerta donde antiguamente lavaban pescado, aún dos Guardias Rojos cuidaban los restos. China entera era una gran ola de multitud de personas calcinadas en montículos donde el olor a carne se esparcía. No podía preguntar de manera directa aquello le llevaría a una situación difícil, pero sí pudo ver que uno de ellos era de su aldea. Él la reconoció desde lejos y se adelantó a su encuentro recibiéndole con un leve saludo. Luego le miro intentando descubrir que hacia allí, ella dijo en voz muy baja:
“Me han dicho que mi familia estuvo aquí hace dos noches”. No podía mencionar lo que se suponía era un crimen. El asintió con una mirada fría, y pregunto:

_Y, ¿ahora donde iras?
_ ¿Qué me aconsejas? Demasiada confianza, rápida, extrema ante un paisano que solo había pasado unos años en su poblado. El respondió:
_Puedes esta noche dormir en casa de tu tía. ¿Aún vive en la calle Wang?, y… en los próximos días puedes intentar subir a algún barco para América. Se calló, le miró un segundo para continuar: algunos colegas, me han dicho que están dejando escapar a los irrecuperables. Esa palabra le dio asco, ella era de allí, de esa provincia de ese país desde hacía siglos. Su abuelo había crecido con el paisaje y él había enseñado a la innumerable gente el valor de la tierra. Pero dejo hacer, quería ver que había además de Mao, el Guardia insinuó masticando las palabras de una en una: en los próximos días estaré con este amigo en una de las salidas del puerto. ¿Tienes pasaporte?
_Si. Aunque era antiguo y del régimen que estaba desapareciendo. No dijo nada que tenía otro inglés de su tía y el parecido le permitía sustituirla. En ese año revuelto un ciudadano inglés aunque tuviera cara china era intocable.
_ Pues tú me buscas y yo te dejare pasar en dirección al puerto, luego te quedara encontrar un barco. Dicen que están bloqueados fuera del puerto, dentro del mar y no hay garantías de su próxima entrada.
_ ¿Y quedarme? –fue la pregunta glacial y firme. Le miraba a los ojos y percibía una respuesta fría, infeliz, casi sin vida que provenía de alguien que era masa, carne de una contienda de la cual deseaba salir a costa de eliminar a los irrecuperables. Pero el Guardia le sorprendió, detrás de su máscara surgió el atrevimiento, intento mojarse y dijo: “Mao estará muchos años, ¡muchos! Si no estás dispuesta a entrar al Partido y te quedas en la aldea, la pasaras muy mal”.
_ ¿No hay futuro? – pregunto Ni-Lang. El bajo su cabeza sin querer dejar que su corazón mostrara como el poder dominaba su deseo, su próxima vida, y exclamo de corrido como si fuera una memoria del discurso oficial:
El estado debe ser refundado, las mentalidades cambiadas y la economía puesta al servicio del… clan. Esta última palabra, este error al sustituir partido por clan, sonó como si marcara a un grupo reducido de mandarines que tejerían las sucesivas intrigas. Luego agrego: solo veo un largo periodo de angustia y liquidación. De repente se le había revelado, alguien que no era un simple Guardia Rojo, sus gestos, su oratoria, su cabeza redonda asentada en una baja estatura y una ligera barriga le informaban que estaba allí en una misión. Ni-Lang se atrevió a preguntarle, era una majadería quizás, o algo inoportuno en un país revuelto y lleno de asco., con continuos cambios y donde la fuerza según Mao estaba en la punta de un fusil…

_Y… ¿tú serás grande algún día? Su mirada alumbrada por el poder que intuía, estaba allí presente, aunque calzara un vestido gris y ajado. Pero Teng Hsiao-p´ing; Dèng para sus paisanos era uno de los pocos que veía los enigmas y los intentaba resolver. Así había sido en la aldea, y también lo había sido al nacer dentro de la etnia de los Hakka Han, en la aldea de Paifang, (Guang`an) en la provincia de Sichuan y que por extrañas razones había pasado unos años destinado en su aldea. Pero su cara redonda apenas se movió y casi no contesto, los que le conocían, le describían como alguien que respondía con un enigma detrás de otro, que hablaba desde un confucionismo tan peculiar y tan amado por los chinos y odiado por Mao. Transcurridos unos segundos volvió su mirada hacia ella, de almendra tiño la distancia que les separaba, de suave y profunda fe en la Humanidad, y respondió con una pregunta:

_ ¿Irás a casa de tu tía?
_Si.
_Esta noche te visitaré. Y luego pronunció una frase confuciana: los espejos dan luz, sin pensar que quien se observa en ellos, tal vez ve una imagen inestable, que cambia ante los humores del pueblo. Un coche negro grande y hambriento de asfalto, de los requisados por el partido en la sede de los dirigentes nacionalistas, se detuvo al lado de ellos y él se montó allí como dueño de la guerra o dueño de los enigmas. Lo que pocos sabían dentro de la tradición china, es que Mao tenía otra baraja que agitaba y movía sobre las conciencias y ahora el repartía sus cartas. Una partida de colosal estrategia, que entre ambos dirigentes de la Revolución había comenzado y duraría años.

 

 

Notas:

Claves para seguir la historia

(2)El clan de la Hiena: Nombre que da J. re Crivello al ascenso del dominio personal de Mao y su clan y que terminará en julio de 1976 cuando Mao levanta el arresto a Deng.

Ni-Lang: madre de la Sra. Ling

1949: Entrada de los Guardias Rojos en Shanghai

Deng: Bajo su liderazgo, la República Popular China emprendió las reformas económicas de liberalización de la economía socialista1 que permitieron a este país alcanzar unas impresionantes cotas de crecimiento económico.2 Frente a estos éxitos en la economía, Deng ejerció un poder de marcado carácter autoritario, y su papel fue decisivo en la represión violenta de las protestas de la Plaza de Tian’anmen en 1989.

Miembro del Partido Comunista de China desde sus años de estudio en Francia y en la Unión Soviética, Deng se convertiría en uno de los dirigentes más importantes del Partido Comunista durante la época de Mao Zedong. Sin embargo, su cercanía ideológica al entonces presidente de la República Popular Liu Shaoqi, lo convirtió en uno de los blancos de la Revolución Cultural, campaña de reafirmación ideológica impulsada por Mao, presidente del partido, para mantener el poder frente a los reformistas como Deng y Liu, quienes fueron acusados de derechistas y contrarrevolucionarios. (Fuente Wickipedia)

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