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by j re crivello

Debo confesar que he tenido fobias y  amores por las doctrinas políticas. Y el tiempo ha tamizado las diferentes idas y venidas. He bajado del pulpito como todo el mundo y una extensa llanura ha mostrado la soledad en que vivimos.

A partir de aquí, he vuelto a subir por la ribera del Jordán y me he encontrado con nuevos profetas. Arcaicos, pero modernos. ¿Cómo puedo saberlo? Por intuición reflexiva. O por la tenaz e íntima relación con mis alumnos de 17/18 años. Una nueva generación de catalanes/españoles que vive la vida alejado de la política. En dicho territorio despiertan la atención los señores Niezche, Hume y Mill. De este último, si Ud. me permite deseo hablar hoy.

Su biografía es para un tratado de psicología. Antes de los ocho años ya leía en griego y latín a los clásicos, además dominaba el álgebra, la geometría y el cálculo diferencial. A los veinte ya estaba sumido en una depresión. Y su vida cambio al descubrir las emociones. Pero este mono humano desde ese tiempo, nos habla que:

“Debemos preferir los placeres asociados a las facultades que nos definen como seres humanos”

En una fría e insólita urbe de cristal que nos aísla y empobrece este consejo no deja de ser interesante. Pero también se atreve a decirnos, “que la felicidad individual es más grande si contribuye a la felicidad de todos”. ¿Es esta afirmación un grito melancólico en el mundo actual?

Aunque deberíamos convenir, que donde mi corazón ha caído bajo el fuego liberal es cuando nos dice a contracorriente de un mundo imbécil y dominado por los intereses que:

“La individualidad es uno de los elementos del bienestar. Una individualidad vigorosa e inconformista movida por la imparcialidad en sus juicios y por la racionalidad lógica en el pensamiento, es más útil a la sociedad que una personalidad sumisa”

Una lógica terrible que se pierde ante un mundo separado y desgarrado por las tribus y la desconfianza en las capacidades de los demás. Acto seguido nos dirá “un mundo de seres pasivos y satisfechos en su obediencia no puede ser un mundo feliz”. Y desmemoriado y triste voy camino arriba, ya los mundos felices son los miles de BITS que cruzan las redes y sin escusa observo como todos reservamos un espacio en la grada y a la vez en el centro del espectáculo. Fieros y espectaculares a nuestra creencia dominante, quien nos impulsa a pensar que el éxito se reparte y dura, pero cada vez es más efímero y cruel.

Vamos cabalgando en la ola o ¿intuimos que ella es tan rápida que no le sujetaremos? Los liberales de la Corte del Rey Arturo somos de esa guisa, pastel, olfato, opinión pero genios descreídos.

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