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by j re crivello

Uno

¿Cualquiera? Es tan simpatizante del olvido, que no deberíamos temer ante lo que podamos enfrentarnos. Si miramos a nuestro alrededor, la plastilina se desgrana en nuestras manos, sin ser cauta. Sin ser temerosa ante el recuerdo.

Es de esa capa de antiguas obsesiones, cuando Ud. y yo nos enfrentamos al paso de los años.

Dicho descosido, de un raro ambiente del pasado. Intuimos que regresa. Una y otra vez. Y le miramos con fatiga. Con la intranquilidad que produce el desasosiego, del sumar años. De temer al frio de la soledad, de la vejez. Del látigo que escuece, en nuestro corazón: ora cubierto de rabia, ora pleno de fe, ora borracho de caramelo.

Dos

Si puedes, cambia de chaqueta las veces que te apetezca. Cambia de tirita, y de herida. Cambia de marca de vino y de olfato. Vive a cuenta del prócer que mentía, y adivina, si aún queda, algo por jugar en tu recamara.

Tres

A ratos mete los pies en las sandalias. Deja que la arena se mezcle. Con cada paso, se abrirá el melón, se cerrara el sonido del amigo. Camina con sangre, y barro. Y barro y sangre. Ya entumecido, ¡no decaigas! Algunos lo explican con la siguiente frase:

La luna se ha tendido al lado del junco. Si me exige… entre ambos hay un cierto encanto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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