jardin de infancia de la ciudad de Kopachi
Jardín de Infancia abandonado

by j re crivello

Normalmente salgo de noche para visitar la ciudad de Pripyat y recoger cosas abandonadas para reciclar y con ello evito las miradas y el control de los vigilantes ocasionales del área de exclusión forzosa. Pero llevo dos noches con él sentado en una ladera no muy alta haciendo de guardia. Es joven, de color gris con tonos negros. Me imagino que responde a mi causa después de haber matado a uno de su camada.

Es el lobo guía, único, más listo que los demás, imaginativo y audaz que ha llevado a su gente a cubrir los espacios donde la radiación mengua o se aleja. Este es su territorio y yo formo parte de él, de su fuerza, de sus fronteras y de su futuro. ¿Querrá un pacto? Dos noches que me asedia, de lejos distingo su hocico levantado, sus ojos de un verde metal, llenos de inusual fuerza, la del destino quizás. A la tercer noche decido salir, está a 100 metros de mi casa de madera por el lado oriental donde las gallinas se reguardan en un coto cerrado y protegido por alambres de electricidad que instale hace meses pero que retan a la inteligencia de Mor: así le he bautizado, es un nombre inusual, lleno de sentido de la vida.

Me acerco 50 metros y en sus orejas detecto la reacción al acecho, intento transmitir una sentencia de tranquilidad dejando en el suelo lentamente mi carabina. Hay poca luz en derredor, entre ambos, solo una luna inmensa que se desploma y barre la tierra dolorida y cubierta de radioactividad. Mi aparato de detectar radio suena cansino y muestra una señal razonable, ya me he acostumbrado al sonido solo me detengo cuando se dispara y me avisa de un peligro exagerado. Avanzo otros 10 metros, su hocico se extrema, se desliza abriendo para  ver su dentadura blanca y libre. Y un ruido: ¡Arrrg! Tantas veces oído en nuestros perros, los canidos que poblaron las estepas o los valles asiáticos; coyotes, lobos o perros asilvestrados. En esta zona he visto perros salvajes abandonados por los dueños de Pripyat vagan solitarios y flacos, no tienen la fuerza, la inteligencia y el instinto del lobo que tengo delante. Digo en voz baja

_ ¡Mor! ¿Hablamos? Una pregunta que el responde con su pata derecha, la mueve delante y atrás. Me acerco hasta tres metros. Es grande, lleno de fuerza. Mira directa, parece que veo en su interior a otro humano, pero de un sentido diferente. Nos quedamos un rato sin decir nada. Insisto:

_Mor, ¿te jode que te mate tu manada? Una pregunta trivial. Digo luego de una tacada: Me llamo Oleg, y he venido para quedarme. No tendré hijos, comeré alce si te parece, no invadiré tus territorios de caza… ni tú, mis lechugas o mis gallinas. Me encuentro ridículo hablando tan cerca de la pura violencia. ¿Qué pacto puedo establecer con alguien que conoce una sola inteligencia? De repente Mor, levanta y baja su cabeza. Se inclina sucesivamente como si insistiera que estoy en sus manos pero su inteligencia es tan inusual que detecta que represento su único interlocutor de su vida, de su futuro. En este vasto territorio que necesitara 20.000 años para volver a ser de los humanos intuyo que ha aceptado compartirlo con un visitante, en el cual su talento es con quien vivirá una parte de su camino. Se gira y se marcha.

#La verde pradera de Chernóbil aguanta un bosque denso, animales, y a Mor. ¿La radioactividad sumerge a todos en una sopa efervescente?

Capitulo 03 Mañana: ¿Aparece alguien?

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