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by j re crivello

Esta mañana era un día desorden, baje hasta la calle y la espalda me mutilaba el andar. Decidí ir hasta la panadería primero pero me topé con mi vecino. Grueso, sin afeitar y cargado de varios libros. Le salude hosco y me freno. Dijo:

_Vio. “¿Qué?” -dije. El me estiro un libro blanco de solapa dura. “Lea, lea” -insistió. Y me puse a recitar aquello en voz alta:

_Pero ella seguía sentada con el cheque en la mano.

_Es de otro banco, dice. “Eran de un banco de Indianápolis”

_Sí, digo. “las mujeres tampoco lo tienen prohibido”

_ ¿El qué?, dice.

_Tener dinero en dos bancos distintos (1). Y cerré el libro de Faulkner, para mirarle con fastidio. Él sonrió y dijo: “en mi época las mujeres se quedaban en su casa como hacen los moros ahora”. Su cara estaba más redonda y sus orejas se movieron como si fueran a salir volando. Mi respuesta fue un argumento “Tienen derecho a ser libres, vamos ¡que lo son!”. Él sonrió nuevamente y dijo:

“En mi época estaba Franco y no lo permitía”. De que discutíamos pensé, del pasado o de la actualidad. Me había levantado con la espalda en el cogote y este tipo me obligaba a tomar partido. “También ahora hay mujeres que no se aclaran” –argumente, para agregar: “en el desfile de Victoria Secret llevan alas, las tetas están casi en el cuello y por abajo una delgada faja realza sus entrada al…” Me contuve que sabría este tipo de aquello. El estrello sus ojos sobre mí, para decir:

_En aquel desfile todas están muertas de hambre, en mi época eran macizas”. “Por orden de Franco también” –dije molesto. Él no se arredro: “en aquella época el pan era de trigo, la carne era del campo y las lechugas tenían bichos dentro”. Este tipo ya me había fastidiado. Ahora aquel mundo era de comidas sanas y mujeres de verdad.

_Pero el ejemplo que me cita es de otra época y de otra sociedad –dije. “Cual” -pregunto

_El del libro, el de Faulkner.

_Si… bueno -respondió. Es verdad, el banco es de Indianápolis.

_No me refiero –dije, que aquí no ocurriría eso, las mujeres aquí son independientes

_ ¡Son todas unas zorras! –bramo. Su mirada estaba encendida y la acera parecía más estrecha. “En la época de Franco ¿no lo eran?”  –sonreí cínicamente.

¡Que le den! –dijo, y se marchó. Retome mi senda, me había jodido la mañana un tipo lleno de rabia y desazón. Al llegar a la panadería, me dieron un pan equivocado, al comprar el periódico Italia era intervenida por el banco Central y al subir a casa descubrí que la taza del wáter estaba partida.

#Nada se recoge sin furia, a ese tipo por la forma de andar le quitaran la próstata dentro de muy poco, era una intuición, digamos, femenina#

Notas:

(1)William Faulkner, El ruido y la furia, El País

(2)William Faulkner (25 de septiembre de 18976 de julio de 1962) fue un narrador y poeta estadounidense. Su verdadero apellido era Falkner, que cambió por motivos comerciales. En sus obras destacan el drama psicológico y la profundidad emocional, utilizó para ello una larga y serpenteada prosa, además de un léxico meticuloso.

Como otros autores prolíficos, sufrió la envidia y fue considerado el rival estilístico de Hemingway (sus largas frases contrastaban con las cortas de Hemingway). Es considerado el único probable modernista americano de la década de 1930, siguiendo la tradición experimental de escritores europeos como James Joyce, Virginia Woolf y Marcel Proust, y conocido por su uso de técnicas literarias innovadoras, como el monólogo interior, la inclusión de múltiples narradores o puntos de vista y los saltos en el tiempo dentro de la narración. Su influencia es notoria en la generación de escritores sudamericanos de la segunda mitad del Siglo XX. García Márquez en su Vivir para contarla y Vargas Llosa en El pez en el agua, admiten su influencia en la narrativa, algo que al leerlos emerge más que como una influencia: son sus discípulos. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/William_Faulkner

 

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