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by j re crivello

¡Esta navidad Mary estará en casa! -dijo mi compañera de piso-. Su voz agitada y llena de moléculas de amor me estaba diciendo que un antiguo amor le visitaría.

Las mujeres que aman a mujeres trazan líneas en el espacio con cuidado y desprejuicio. Debí captar que mi compañera de piso estaba ansiando firmar una nueva letra. ¿A pagar? O, con crédito especial de aquellos que imaginamos en las novelas románticas. Un tren, la estación y alguien que se marcha olvidando un antiguo cadáver de sexo o rabia.

Quise decirle… “porque no lo intentas con una diferente”, pero sonaba a consejo de hombre, de los que sabemos cambiar las citas y mentimos cada dos que son tres. Rubias platino o ceniza, siempre atolondrados por el sexo y esa planicie de vello que nos lleva al orgasmo. Pero Palmira pensaba en aquella tipa de 29, llena de bolsos, muy coqueta y de sandía alrededor de los hombros, para situar a todos en el deseo a pesar que su ruta era femenina. Y no le contradije, pero pregunte. “¿Aún le amas?”

_Me lo he pasado muy bien -respondió

_ ¿Y?

_ Es como tú, mi rabia es un corazoncito que desea su venganza.

#De lo cual, Palmira aterrizaba en el mundo de los amantes llenos de talco. Es decir, labio y sexo para pasar el momento#

 

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