a7140527dbabe0901c27eb92fe663cdc

¿Ud. cuando tenía alrededor de 20 cuanto incluía su agenda a sus padres? En mi caso, casi nada. Incierto, desajustado, con prioridades de hippie y harto de un padrastro demasiado hegemónico, decidí alejarme, o romper la agenda. Hoy el guassap, las redes, el olfato para decir silencios o acumular toneladas de parlanchines sentimientos, parece que estamos resguardados del mal del egoísmo de los hijos. Hasta que aparece una dificultad y aquel hervidero de remolacha digital se queda en silencio.

Los padres –y en este caso prefiero quedarme en el referente masculino- o somos demasiados sectarios y hablamos de direcciones, ordenes o disparos a quemarropa, o consentimos, aunque nademos en un crujiente malestar por “no decir lo que pienso”.

De todo ello, nada nos lleva a un territorio donde nuestros hijos suelten una lagrimita. O a lo sumo uno perciba ese brazo acogedor y cálido.

#Hemos construido territorios de autosuficiencia, donde el más pueril desfallecimiento NoNosEs correspondido# Y aquel que disienta, que se esmere en los comentarios, y si hay silencio, es tal vez por atravesar igual que esta alma grandes turbulencias sobre el tema.

Nota:

Si sus hijos son perfectos, mejor absténgase del comentario

Anuncios