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by j re crivello

En la relación mutua, ellos nos indican con letras, llantos, críticas, desplantes o cualquier herramienta que estamos haciendo de incorrecto. No utilizaremos las categorías de mal o bien por ser del planeta de la religión.  En nuestro crecimiento como padres no hay libretas, ni los 5 Tips geniales para ser un excelente padre o madre, a pesar de encontrar abundante literatura. Solo hay un constante intercambio que nos obliga a revisar los parámetros de nuestras certidumbres. Y en este espacio el mayor error actual –de la educación de los hijos- es igualar la relación: somos amigos, somos iguales, tú diriges y opinas cada decisión y si no,  es correspondida con la pataleta furiosa que planifica el contraataque.

El No carece de fuerza. El No se corresponde con una categoría oscura donde solo es posible apelar a los apetitos egoístas que se cubren para mantener la relación. Y es aquí donde si decimos No, cuando cambiemos de óptica, es cuando nuestros hijos probablemente comiencen a ser nuestros maestros. A llevarnos a territorios donde el flujo, la dispersión, la lucha por cambiar “el dictat materno/paterno” nos revele una relación diferente.

Hace años al asistir a una sesión familiar con un psicólogo de adolescentes, siempre preguntaba con un margen de ingenuidad: ¿y esto cuando se acaba? Y… N. respondía: “Juan, el criar un hijo no se acaba nunca”. Con lo cual regresamos al aprendizaje. En una clase de filosofía un alumno ayer me pregunto sobre cómo surge el desarrollo humano. Sin rodeo dije a F.: la libertad es la que nos permite crecer. Somos desarrollándonos e incidiendo en los demás. Los valores morales están en continuo cambio y reflejan dicha subjetividad.

Una intuitiva coach con quien convivo, esta mañana confirmo mis certidumbres, la diferencia tal vez, que al escuchar el alma femenina todo parece más nítido.

#Nuestros hijos moldean nuestras almas, si aceptamos que nosotros formemos parte de su crecimiento y cambio#

 

 

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