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by j re crivello

Luis F recibió una llamada en su móvil, terminaba de levantarse, su estado físico no era el mejor pero con sus medicamentos y un trocito de pan con café remontaría en la próxima hora. Miro el reloj -las diez-, las claves de una vida llena de agentes químicos no era la más aconsejable –pensó. Al frente, al mirar por su ventana, las largas colas de turistas se arremolinaban para visitar sus dos casas preferidas, la del industrial chocolatero estaba a punto de romperse en el medio.

De nuevo sintió una visión insostenible, esa semana le traicionaban esas salidas imaginarias, por ello al atender el móvil -dijo:

–Hola –para agregar- esta mañana es como un caldo de pollo y fideos, gira en los lados y el centro está quieto. Su interlocutor consciente de sus soliloquios y medias verdades respondió a su vez.

– ¡Déjate de bromas! Hoy es un día interesante, estoy en Sitges y me he internado con la moto en el macizo del Garraf, y luego describió una atmosfera de hileras apretadas de viña, con sus barrigas llenas de uva, creando surcos en colinas suaves y antiguas, donde al girar la ondulación descubre el mar o lo tritura en un valle –y, Lucas Boy agrego: he visto una casa antigua que es un remanso de paz y, y dirás ¡qué estupidez! ¡Hasta percibo que sueña! Y, siguió describiendo un largo rato las paredes abandonadas y llenas de musgo, las habitaciones cortadas con un cuchillo de una sola pieza, la cocina de un fogón de hierro y cobre que al pasarle el dedo dejaba ver un tono dorado y firme y, hasta un pajar cuadrado y lleno de vistas al mar donde pondrían una piscina cerrada para un hotel.

–Será nuestro Espíritu –dijo Luis F. De los años mozos –agrego para seguir-, cuando la tierra revienta y habla en nuestros juegos, o cuando detrás de la pared y el juego del escondite con espejos nos dejan ver nuestro primer beso o una cuchara de palo abandonada pero tan firme, tan…

– ¡Te has levantado poeta! –la voz de granizado de Lucas Boy intervino en el dialogo y continúo transmitiendo su descubrimiento, para agregar algo más: acabo de ver una manada de lobos allí detrás y me han puesto la piel de gallina. Son tres o cuatro, ¡no sabía que en esta zona! ¿Nos la quedamos?

–Luis F respondió suave, con un hilillo de voz, se había desplomado en el lavabo y le daba vueltas la cabeza mientras imaginaba grandes sentaderas de mujeres gordas que se fritaban en una sartén-paella, lista para poner arroz. Hacia esfuerzos por recomponerse y ver si metiendo la cabeza bajo el agua recuperaba el aliento, pero no soltaba el móvil pegado a su mano izquierda como una afeitadora eléctrica de ejecutivo peinándose para imitar a Cristo Salvador.

– ¿Estas bien? –pregunto Lucas Boy y repitió ¿Me oyes? No sintió más que un ruido de botes cayendo en cascada. Y le preocupo aquella respiración y maldiciones que su amigo daba una tras otra, mientras se ahogaba debajo del grifo, pero espero mientras caminaba por un dorsal de vides que subía hasta dar con un cementerio coqueto, sin valla donde 6 lapidas blancas, metidas en la bruma le llevaban atrás, a casi 100 años.

–Estoy bien. Luis F se había secado la cabeza y reaccionaba. ¿Dime que ves? –pregunto

–Una hilera de lapidas encajadas en un terreno duro.

– ¿Puedes leer nombres o fechas?

–1850. F. G. Varela. Las demás habría que limpiar para acceder a esos nombres.

– ¿Y pone alguna frase? –Pregunto Luis F. “Una tontería” –respondió Lucas Boy

–Dila

Siete veces agregaras sal. La voz de Lucas Boy pudo ser cauta, pero estallo en una risa que inundo el espacio

– ¿De qué te ríes? –pregunto Luis F. Más bien se asemeja a un arcano.

– ¿Una convención?, ¿un pacto? –pregunto Lucas Boy

–Sí. Respondió Luis F.

–Ahora me ha dado miedo –dijo Boy

–Tratar con los muertos es más fácil que con los vivos –argumento Luis F. Ya se había repuesto y estaba sentado en el comedor en una mesa redonda que dejaba entrar el bullicio de Paseo de Gracia. También tenía un diccionario de arcanos y podía ver que al agregar siete veces sal, es una manera de avisar que la cosecha espiritual –de los años futuros- será variada e inestable. Y se lo dijo por el móvil a Lucas Boy. Este respondió con una descripción de su pie enterrada en una zanja y el agua que brota de un pozo cercano y su euforia al descubrir un manantial y agua en cantidad para sus proyectos futuros. A él no le interesaban aquellas historias venidas de una frontera que los humanos consentimos que nos visiten pero tememos. Luego Lucas Boy agrego:

–Me voy. Iré ahora mismo y cerrare el trato. Aparece una dirección de una inmobiliaria de Vilanova. ¿Has pasado el momento chungo?

–Si –dijo Luis F que ya leía con abundancia. Luego separo una hoja y escribió la décima carta que comenzaba por un título: siete veces agregaras sal y, con carboncillo rojo dejo correr unas frases que se agrupaban solas:

Parece que me iré antes de lo esperado. Las crisis son más rápidas y duras. Descubrir en la vida tu sentido, te lleva años y cuando eso ocurre, a veces te quedan minutos para saborear el intenso amor por tu ser. Lucas

#Has descubierto al espíritu# Luego reflexiono sobre los enigmas, ellos nos intrigan, y estamos años intentando correr detrás de una explicación que se desvanece una y otra vez, hasta que una llamada te sitúa en un estrecho pasadizo donde la luz cada vez te deslumbra con más intensidad.

Luego, Luis F abrió una caja, de su interior, extrajo un título de propiedad antiguo que se situaba muy cerca de aquel espacio de la casa que Boy mencionaba, era del cementerio que le había llevado a visitar Lucas Boy. El título ponía F G Varela.

El corazón dormido esperaba un nuevo dueño que no se rindiera como lo había hecho él, ante la química, ante la droga, la cual reduce los sueños y las ambiciones a señoras gordas bailando encima de una paella.

 

 

 

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