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by Javier Hurtado (gracias por prestarme el artículo! javier)

Sobre un cuadrilátero no hay posibilidad de esconderse, allí arriba la personalidad, el estado de ánimo están a la intemperie. En la larga noche del ring, que diría Aldecoa, el púgil lucha contra su biografía, contra cada uno de sus fracasos, de sus miedos, de sus cobardías, contra el dolor físico que produce cada golpe, contra todos los miedos que le atenazan. Sus debilidades son las fortalezas del contrincante. Un boxeador pelea contra sí mismo, persiguiendo su sombra, esa oscura silueta que oculta nuestras derrotas. Rocky Balboa, lleva al joven Creed frente al espejo, la plana, brillante y, a veces, engañosa superficie que refleja al verdadero enemigo.

En el boxeo, como en la vida, sólo cabe la vertiginosa combinación, fuerza, velocidad y pegada, un segundo basta para acomodar el cuerpo sobre la tentadora lona del fracaso. El mundo está lleno de púgiles que prefirieron el sueño confortable de la derrota a la lucha. Caer para poder levantarse. Fuerza más velocidad igual a pegada, en la irrebatible fórmula de Fernando Vadillo.

Creed, la leyenda de Rocky nos devuelve al principio de la saga. A los orígenes. Volvemos al triunfo de la voluntad, en una especie de final de ciclo. Una deuda que se tenía pendiente y que ahora toca pagar. Volvemos a las calles de Filadelfia, a la intemperie de una vida solitaria, magullada por el paso del tiempo, junto a una joven vida que empieza a fraguar su camino. Balboa en sus últimos momentos, Creed en el inicio de un camino difícil que exige los máximos esfuerzos. El espíritu de la primera película está nuevamente presente, el espíritu de superación, el esfuerzo, el sacrificio, y como no una pequeña historia de amor, y los toques de sentimentalismo, imprescindibles  en este tipo de películas.

Creed, la leyenda de Rocky nos devuelve al principio de la saga. A los orígenes. Volvemos al triunfo de la voluntad, en una especie de final de ciclo. Una deuda que se tenía pendiente y que ahora toca pagar. Volvemos a las calles de Filadelfia, a la intemperie de una vida solitaria, magullada por el paso del tiempo, junto a una joven vida que empieza a fraguar su camino. Balboa en sus últimos momentos, Creed en el inicio de un camino difícil que exige los máximos esfuerzos. El espíritu de la primera película está nuevamente presente, el espíritu de superación, el esfuerzo, el sacrificio, y como no una pequeña historia de amor, y los toques de sentimentalismo, imprescindibles  en este tipo de películas.

Puedes leer otros artículos en el blog El Viaje entretenido de Javier Hurtado

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