ello-xhdpi-c9463668

He prometido continuar con una réplica por mi parte a ¿Qué tripa se ha roto? De Ana Fernández; en el mejor estilo de amar a la ficción y saludar a los cambios que nos provee la vida. -J re-

El artículo nace en el Curso de Escritores Noveles de FlemingLAB, pueden consultar otros textos muy interesantes en este link.

 

— ¿Qué demonios…?

—Acabo de matar a Juan Re

A los pocos minutos cinco coches de la policía rodeaban la casa, mi amiga Marta había cometido la imprudencia de llamar a la los detectives de la famosa Comisaria de R. Wert y él estaba como si fuera una ráfaga husmeando la cocina. El cadáver no estaba y esa era su mayor preocupación aunque yo pensaba que era fabuloso, sin muerto este sabueso no tenía tema. Pero el interrogatorio desbarrancaba, mi amiga estaba sentada en un sofá de telas rosadas, yo en una silla a su lado y el poderoso Wert decía como un loro sin pelo y antiguo:

­­_Dice Ud. que estaba justo en la zona donde la cocina se amplía al estilo del programa Bertin Osborne?

_Si –dijo Marta angustiada. Mientras todos razonaban que faltaba un cuchillo y la huella de sangre daba a una ventana trasera por donde creían el muerto había saltado.

_ ¿Por qué le hirió? Marta dejo caer unas lágrimas y con frio en el alma no fue capaz de responder, solo se oía un lento murmullo repetido: “Eso es algo privado”. Wert dio varias vueltas tocando aquí o allá los muebles y volvió a contraatacar:

_ ¿Desde cuándo le conocía?

_Hace unos meses le vi en un bar y me acerque a charlar con él sobre uno de sus libros, fue muy interesante, estuvimos un rato conversando mientras el reía a cada nueva anécdota, desde su desolada vida cuando niño, o las tías que le protegieron cuando su madre desapareció y su padre recorrió pueblos en el interior de una provincia rica en vacas y trigo. Luego quedamos para hoy.

_Y hoy ¿Cómo fue el suceso?

_Es un asunto privado. Marta insistía en arremeter contra ese momento que les había unido. Y de allí no salíamos. Wert viendo que no tenía muerto, ni arma, ni móvil decidió retirarse, aunque su decisión la explicó de una manera extraña. Le extendió un papel, le hizo firmar una nota donde afirmaba que el suceso había ocasionado un gasto a  la Hacienda Pública y le llegaría una factura, y además le ofreció presentarse a la Comisaria si recordaba algo. Y agrego:

_Daremos parte de su desaparición y a la prensa diremos que está vivo, pero se hace el muerto. Y… como llegaron los coches patrulla se marcharon.

Marta y yo limpiamos la cocina y me quede a acompañarla toda la tarde.

 

“Te has salvado por poco”. La mirada del médico J Ran era muy cauta, le explicó a j Re que la hoja del cuchillo le había esquivado el bazo y penetrado en una zona blanda. Que tanta sangre era normal y que el parche que llevaba le aguantaría unos días, pero debía hacer reposo. ¿Iras a tu casa? –pregunto J Ran

_Si voy me echan a la calle –dijo J re.

_ ¿Por qué te sableo? Tú no eres putero, ni te da por salir de tu casa –agrego.

_No puedo contártelo, es que aún no lo he asimilado.

_Si quieres puedes ir a mi casa pequeña la del lago, yo llamare a tu mujer que estas escribiendo. J re no respondió, por su guassap escribía febril

#Wert vendrá a por mí# Es un cabrón que no quiere en su Distrito ni una falta. A los segundos un mensaje entro como un rayo.

#Eres un capullo# y firmaba Marta. En la ciudad se hacía de noche, una tenue llovizna regaba la playa y el telediario dejaba caer una noticia fuera de contexto:

#Desaparece un escritor en extrañas circunstancias, deja un rastro de sangre y se lleva el cuchillo afilado de la marca Sniff en su cuerpo. El Jefe de Policía Wert declara que encontrara al muerto que se hace el vivo. Por primera vez la ciudad se ríe de su famoso Inspector#

 

Anuncios