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imagen from Pelocodo/Ello.es

He prometido continuar con una réplica por mi parte a ¿Qué tripa se ha roto? De Ana Fernández; en el mejor estilo de amar a la ficción y saludar a los cambios que nos provee la vida. -J re-

El artículo nace en el Curso de Escritores Noveles de FlemingLAB, pueden consultar otros textos muy interesantes en este link.

“Jefe, alguien le espera en la recepción”. El temido Inspector Wert bebía café en un rincón del despacho. Llevaba la corbata suelta, una camisa a rayas azules, se había quitado la chaqueta y arrastraba un humor de perros. Su Comisaria situada en el barrio de Gracia de Barcelona padecía recortes, le habían quitado tropa de a pie, dos coches en el taller mecánico, y otros dos sin presupuesto para gasolina. Su jefe inmediato lo habían pillado por cohecho y su puesto bailaba en la jerarquía hasta las nuevas elecciones. Nada marchaba bien, hasta la Mafia china corría mejor que su comisaria de 300 hombres metiendo una nueva droga liquida en las salas de fiestas de los puretas o cincuentones divorciados y de vuelta, que mezclaban tabaco Winston con esos mililitros de agua de soda. El país se venía abajo ¡joder!

_ ¡Hazlo pasar! Por la puerta apareció un tipo de 1,80 y pico con mirada rápida y de barriga de sesentón, de gafas rectangulares y una camisa roja a cuadros, le acompañaba un buitre, un abogado de la calle Rio Negro, 13. “¡El escritor desaparecido!” –Exclamó Wert-

_Mi cliente está arrepentido de escapar de la casa y como gesto de buena voluntad se presenta y además trae consigo el cuchillo. Wert miro el sobre y la daga Sniff venia limpia con Fairy y brillaba como nueva, pero en una parte de la empuñadura observo un hilillo de sangre reseco. Lo entrego a su ayudante para laboratorio; de los recortes logró salvar una máquina que al poner la sangre a una luz azulada leía el ADN en minutos, con ello sabría quién era el muerto. Los hizo sentar:

_Ud. ¿Por qué se marchó?

_Un asunto privado –respondió el escritor.

_ ¡Y dale con el asunto privado! – Exclamo Wert- ¡Ud. me ha puesto en ridículo ante los ciudadanos!, y ahora pretende que me trague esa historia que estaba con una mujer en una casa y además…

_Mi cliente aporta su voluntad, pedirá disculpas en público y solo acepta narrar los hechos una vez y en mi presencia –dijo el abogado, con una voz espesa, de anís con moscatel pero de bar fino y del centro de Barcelona. Acabemos –pensó Wert- mientras la secretaria tomaba notas en un portátil.

_La noche de autos –comenzó a relatar j. re

_De autos ¡joder! Ustedes los escritores ven solo tele… al tema, al tema.

_Estaba en la cocina bastante bebido y riendo, llegue allí por una invitación de Marta sin comprender a cuento de que iba. Me encontraba apoyado en el lateral de la cocina a “lo Bertin”; de aluminio, tipo isla, cuando Marta bromeaba con un cuchillo insistiendo en que escribía y no se atrevía a publicar y sus personajes usaban el cuchillo así y asa; mientras lo movía amenazadoramente a muy pocos centímetros de mi barriga. La atmosfera de seducción y complicidad nos rodeaba cuando sentí que alguien saltó por detrás empujándome, el cuchillo de Marta se me clavo y al retorcerme pude ver a otra persona que peleaba con Marta y esta se defendía con otro cuchillo y me desmaye.

_ ¿Y? –pregunto la secretaria.

_Al despertarme estaba solo, pude ver sangre en la cocina, me arrastre con el cuchillo, me lo quite y tapone con el paño de cocina y escapé.

_Mi cliente aporta el trapo de cocina –dijo el abogado- entregando otro sobre con un trapo de flores que olía a paella.

Wert se puso de pie y llamo por el teléfono. Luego dijo:

_Tenemos dos cuchillos el aportado por Marta y el que nos ha entregado. Del laboratorio nos confirman que la sangre es diferente. Me imagino que una es suya y la otra pertenece al gorila que le empujo en la cocina. Vale, puede marcharse, le llamaremos después de interrogar a Marta y la mujer que le encontró, esa amiga que le acompañaba.

_A. Fer –agregó la secretaria. Antes de salir Wert fue hasta simpático, acercándose al escritor dijo con cierta picardía: “leí un cuento escrito por Ud.”.

_ ¡Ah! –dijo el escritor. Y el Inspector Wert le relato el cuento del tal manolo Olguín que comía gallos salvajes criados en la parte alta de la ciudad y ambos rieron hasta la salida de la Comisaria. J. R. una vez fuera escribió un guassap a Marta:

#El gorila que nos atacó anda suelto ¿Va a por ti o por mí?# Una respuesta rápida apareció en pantalla.

# ¿Cuál otro?# –Marta-

 

 

 

 

 

 

 

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