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Todos hemos tenido, o tenemos una tía o varias. Reúne los requisitos para vivir en nuestras cabezas durante años. Las hay cargadas de ternura, las acomplejadas, las rutilantes, las odiosas y las sensuales. Y en esta lista, tal vez Ud. rellenara con nombres de su colección personal a cada característica.

Vuelvo a re-editar esta serie –j re-

Es la más desconocida del grupo de mis tías. Le visite hace diez años. Estaba sola en su casa. Su mirada perdida y extraña, me invito a pasar. Una ola helada de silencio y oscuridad daba a aquel sitio un toque surreal. Era delgada, de ojos verdes y cabello castaño. Su voz de metal y sonido lento, me hacía intuir una persona insegura y especial. Entramos hasta la cocina. El inmenso ventanal –de cristales apilados y envueltos en hierro viejo, daba a un patio de los antiguos, de plantas y flores. Más allá se perdía una tapia que escondía, el sabroso pecado de un inmenso banco –El Nación. Ella era casi ciega. Pero amable sirvió un café, le presentía estar atrapada en el tiempo. No vivía sola, su madre Teresa era la diplomacia en persona.

Entre ambas guardaban un celoso espíritu. Ellas poseían el pozo de la memoria familiar. Y en esa incorrecta posición de visitarle estando sola –era soltera, su incomodidad derivaría en un álbum de fotografías antiguas y sus conexiones explicitas y las sobreentendidas. Al servir el café, le sentí cercana y su perfume de anís me atrajo, ella fue capaz de transportarme hasta los pecados de la infancia. Intuí que aquella mujer de caramelo fino, era un atractivo y sugerente espacio donde otras mujeres conversaban de lo lento e indescifrable que la vida diaria desconecta. Al quedarse de espalda, repase su cuello delicado y su cabello marchito pero adherido al champú de buena lavanda. En un descuido, de aquel tremendo lio de amores familiares, le robe una carta, daba igual cual, ni de que época. Mi sorpresa surgió luego al abrirla, una vez fuera de aquella casa de silencios y drama. Ponía en piamontés y con fecha de 1940:

Elsa

Mi amor está a la espera. Ayer tarde, camine por el surco que abre al valle. De esa colina un sendero atrevido hablaba de ti. ¡Vente! Te espero. Convence por favor, a tu madre.

Ciao Enzo

Al acabar su lectura, el aroma lavanda de Elsa me invadió. Esa frágil mujer, intuitiva, extrema en su encierro maternal poseía un secreto. Alicaído y raro, quise comentar el hallazgo ¿pero con quién? La rabia del progreso y la alborotada vida moderna, me persuadieron de olvidarle.

Espuma de jabón

Delicada y triste.

Nos baña de sensualidad -hasta anochecer. (1)

(1)Poesía maldita. Juan re-crivello

+Elsa ha fallecido hace muy poco+

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