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by Blakekathryn-Ello

Con Ma Rawson llegaron a casa de Marta. Wert consideraba una pérdida de tiempo las preguntas que hacia su compañera, la coartada de Marta era sólida; partían del hecho que no había muerto sino solo un desaparecido y dos cuchillos, uno con restos de sangre del escritor el otro con un ADN desconocido al cual no podían cotejar con el desaparecido por no existir una base de datos. Ma Rawson interrogaba con gran frialdad y no daba a Marta respiro situándose en el día en que el escritor señalaba que alguien se le tiro encima y la negativa contra viento y marea de Marta resumida en la frase mil veces repetida: “Éramos dos y… muy borrachos”. Se hacía tarde, Wert hastiado se puso de pie, al salir observo que Marta llevaba un suave corte en el lateral de la barbilla disimulado por crema, lo adjudico a un mal afeitado, pero se lo mencionó a la Rawson una vez en el coche:

_Si la he visto –respondió, para agregar. Las mujeres nos pasamos maquinillas y no lo decimos. No le veo ninguna conexión. Un arañazo sería más lógico.

_ ¿Ud.?

_Yo soy rubia. Ru-bia. Repitió mirándole con cierta insistencia, como insinuando que no se había detenido a observarle. Wert intento continuar, ella tajante dijo:

_ ¿En qué boca del metro le dejo? Wert fastidiado señalo una entrada de la Línea V. Se despidieron.

 

00:20 Una llamada entro en su móvil. La habitación sin más muebles que una cama y un estante era un páramo. La ventana siempre cerrada, pues daba a un restaurante chino donde si la abrías se colaba el olor a pato laqueado. Su dueño, encendió la luz cabreado. Del otro lado una voz femenina dijo:

_Esa Marta no podía tener un cuchillo sin haberlo usado.

_Ya –respondió Wert mientras percibía que la comunicación se había cortado. Dedujo que era la Rawson.

 

00:30

_ ¡El escritor es un capullo de derechas!

_ ¿Ud. no duerme? –pregunto Wert.

_Si, cuando llevo un caso lo hago a saltos –respondió Ma Rawson. Ella hablaba estirada en la cama y vestía unos pantalones de seda cortos de color carne y una camiseta negra apretada. Un silencio volvió a aparecer, Wert intuyo que ya había cortado. ¿Está ahí? -Dijo Ma. Ella recibió un guassap con una foto por respuesta, era Wert en calzoncillos blancos y una camiseta de los años 50. Ma Rawson respondió con una foto de sus piernas y unas uñas de los pies pintadas en azul. ¿Sigue ahí? –Insistió la Rawson. Wert había dejado su móvil dentro del vaso de agua y dormía plácidamente.

07:30

Ma Rawson fue presentada como adjunta de Wert con el pomposo título de: Adjunta a la Jefatura. Directora de la fusión de los Departamentos de Alcohol, Drogas, Robos y Estupros de la Zona Norte de Barcelona. Wert intuía que algo no marchaba bien y detrás de la operación de ascenso se movía algún enemigo que quería destruir a la Rawson y en ese punto le acercaba a ella, además de su espectacular físico.

 

09:00 de la noche

Durante ese día interrogaron a cada uno de los amigos que salían en la foto que encontraron en el piso de Marta. Nada. Solo actores menores que contaban historias del bachillerato. El caso estaba cada vez más cerca de la papelera. Ella le dejo otra vez en la boca del Metro.

 

02:00

Sonó el móvil. Una voz femenina, esta vez un poco alegre dijo:

_ ¿No se atreve a decirme que piensa de mí? Era la Rawson. Wert estaba perplejo, notaba una voz cargada de melancolía. ¿Tomamos una copa? -Insistió ella. En Paseo de Gracia hay un bar que no cierra.

_ ¿La Puñalada? –pregunto él

_Nos vemos allí en media hora –dijo ella. Wert salió a la calle, vestía un tejano demasiado nuevo y una camisa azul clara. Y… ¡oh Dios! Sin querer llevaba bambas. La noche era cálida, la ciudad respiraba a japos en retirada al hotel. Las dudas rodeaban esa cita fuera de guion, nada peor que ver a una mujer que respiraba alguna herida y le invitaba a tirarse dentro de un foso. Entro y pidió un whisky. Pasada media hora entro por la puerta una rubia despeinada, con una camiseta de Route 66 y unos tejanos rotos en la rodilla derecha. La noche nos cambia -dedujo él. Una vez se sentó, ella bebió dos whiskies seguidos. La noche se aplasto en las calles, en los próximos minutos Wert escucho machaconamente una frase de Ma Rawson:

_ ¿Qué tripa se te ha roto? Luego preguntó:

_ ¿De dónde sale esa frase? La Rawson respondió:

_Estaba en un papel que le saque en un descuido a Marta mientras Ud. charlaba con ella y fui hasta el lavabo. Pero me desvíe a su habitación y la obtuve de su agenda.

_ ¿Ud. fisgoneando? ¿Saltándose las normas? La Rawson se encogió de hombros mordiéndose un labio. A Wert le costaba resistir su atractivo. El camarero intervino con el clásico: “vamos a cerrar”

_ ¿Me lleva hasta casa? –preguntó ella

_Le llevo. Al salir del bar, las aceras verdes del Paseo de Gracia estaban mojadas por la Brigada de Limpieza. La ciudad tramaba sus próximos sueños.

_Le dejo, ¡he visto un taxi! –dijo ella y se marchó.

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