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Imagen aproximada de A Reinz, desaparecido (o asesinado) y amante de Blanca Foss

Con vosotras/os hoy Ana Fernandez continua está historia que mantiene un gran seguimiento y aceptación y está a punto de sobrepasar las 10 mil palabras. -j re.

By Ana Fernandez

Blanca Foss y Antonio Renz se habían conocido dos años atrás, en la Sala Parés, una galería de arte de las más antiguas de Barcelona. Les presentó el director de la sala y enseguida supieron que surgiría algo entre ellos. Fue muy fácil hablar durante horas, en paseos interminables por el paseo de Gracia o tomando un café en algunas de sus terrazas. Los dos llevaban pesadas cargas  y encontrar a alguien a quien contarlas resultaba liberador. Antonio era aficionado a las noches de Sitges, en las que mezclaba a partes iguales el sexo -le daba lo mismo con hombres que con mujeres- con el juego. Esto último le había reportado algunas deudas importantes y no menos enemigos, con lo que su relación con Blanca la futura heredera de media fortuna Foss, le venía como anillo al dedo para reflotar sus finanzas y de paso seguir con la vida disoluta que tanto le gustaba. Blanca por su parte arrastraba la sombra de su popular hermana Marta, casada con uno de los empresarios más influyentes de Barcelona, era una mujer fría y calculadora, que había ejercido de madre con Blanca cuando la de ambas falleció y su padre se quedó solo. Blanca siendo la menor, admiraba a su hermana y ésta aprovechaba esa admiración para imponer su voluntad en todo lo que la pequeña le consultaba y terminó por anular su sensible personalidad. La menor aceptó cada decisión de su hermana sobre su futuro hasta que meses atrás el padre falleció. Fue en ese momento cuando empezaron a surgir las desavenencias debido a que el patriarca  no había hecho testamento y las dos debían repartirse a partes iguales la nutrida herencia.

A pesar de todo eso, la pequeña aún conservaba vestigios de sumisión hacia su hermana.

Cuando conoció a Antonio Renz todo cambió de una forma radical. Él le hacía sentirse más segura en su día a día. Le ayudó a reafirmarse como una mujer extraordinaria, sensible, amable, con una gran fortaleza interior y eso acrecentó sus diferencias con Marta.

En el transcurso de su noviazgo, Blanca le fue contando a Renz lo desgraciada que era debido a su mala relación con la hermana mayor, y que la otra estaba haciendo todo lo posible para que gran parte de la herencia paterna pasase a sus manos. Renz prometió ayudarla y consultaron a un par de buenos abogados para intentar solucionar el asunto.

El gran problema era que Marta Foss y su marido contaban con los favores de un bufete de abogados conocido por ganar juicios a costa de lo que fuese y se enzarzaron en una dura lucha legal.

Un año antes de lo ocurrido en casa de Marta Foss, el abogado de Blanca le daba la mala noticia.

—Tu hermana es muy lista, o lo son sus abogados. No sé cómo lo han hecho pero creo que han comprado al juez que lleva el caso, es un viejo conocido de tu cuñado, y la sentencia, según mis fuentes, les será favorable. No podremos conseguir la mitad de la herencia de tu padre.

—Pero, ¿eso cómo puede ser? ¿Me estás diciendo que no podemos hacer nada?

Durante más de una hora le estuvo explicando todos los detalles acerca del caso, las argucias de la hermana, las decisiones que se habían tomado y el resultado final.

—Lo siento Blanca, podemos esperar a que la sentencia se haga pública y quizás recurrir.

Cuando el abogado se marchó Blanca llamó a Renz llorando desconsolada.

— Según me ha dicho el abogado, mi hermana se saldrá con la suya. No podré conseguir lo que me pertenece legalmente, ¿qué voy a hacer ahora?

—Tranquilízate cariño, en media hora estaré ahí y me cuentas lo que ha pasado.

Cenaron en la diminuta cocina del piso que Blanca tenía en Creu Corbeta y ella fue desgranando todo lo que el abogado le había dicho horas antes con la angustia impresa en su voz y los ojos llenos de lágrimas por la tremenda injusticia.

Renz la abrazó y pasaron un largo rato en el sofá después de cenar.

-¿Te quedarás a dormir?

-Si claro, no te dejaré sola esta noche.

Se tomaron una copa en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Blanca dando vueltas a lo que su padre pensaría desde su tumba ante la terrible distancia que separaba a las dos hermanas. Ella era la favorita de su madre, y siempre había visto con envidia la relación de complicidad que unía a su padre con Marta, algo que a veces rozaba lo enfermizo. Y Renz, odiando a su futura cuñada por el daño que le estaba infringiendo a la mujer a la que amaba, pero también con un sentimiento más profundo, relacionado con la envidia por su estatus económico, algo que él nunca había tenido y por el que sería capaz de casi cualquier cosa.

Durante esa noche, después de hacer el amor con la mujer, y mientras ella dormía, en su cabeza empezó a bullir una idea. Necesitaba conocer a Marta Foss y la oportunidad no tardó en llegar, cuando durante una cena conoció a su íntima amiga Ana Fer.

 

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