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-10- by j re crivello

En la Comisaria en un momento se conectaron a las bases de datos de la Interpol y a Google. Las Foss aparecían con un patrimonio de los más grandes de España construido con el Imperio de la Seda. Su empresa controlaba el 80% del mercado mundial. Pero no aparecían imágenes de ellas juntas. Pocas, lo suficiente como para hacer un retrato del desacuerdo, los dos captaron que entre ellas aparecían personas interpuestas. “¡Ninguna de las dos juntas!” –exclamó Ma Rawson. Luego la batalla legal por la herencia se saldaría a favor de Marta y un buen equipo de abogados dejo en sus manos el control de la empresa. Wert dijo:

_Un tipo desaparece en la cocina de Marta. ¿Tenía relación con su hermana Blanca?

_Esa es la pregunta dijo la Rawson, es clave –agregó. De improviso apareció una imagen pequeña de una fiesta social en una web de la Elite de EEUU. Les mostraba a Blanca abrazada a A Renz vestidos de una manera casual. Wert dudaba, una foto de hace varios años no supone que aún mantengan esa relación y si fuera así estaría muy afectada.

_ ¿Y se lo has preguntado? ¿La has entrevistado? –dijo Ma Rawson.

-No.

-¡Fallo! Un gran fallo -dijo ella riendo.

_Si quieres vamos esta tarde. Ella miro la agenda, un punto rojo señalaba una entrevista a primera hora de la tarde con el Jefe de los Mossos, le propuso ir cerca de las 18.

_ ¿Cómo va la fusión? –preguntó Wert. Ella le miró, aquello era información confidencial y respondió:

_Aun no estamos casados. La broma fue un golpe suave que hizo que Wert se contuviera. Ma Rawson al entender su incomodidad, agregó: la CUP y ERC quieren desmontar el acuerdo anterior y nombrar a un Jefe de los Mossos político. Wert vio que su cargo futuro se hacía humo. Estaba harto de estos juegos. Ella entendió su cansancio y su mirada lenta y llena de amor permitió a Wert compartir su fama y predicamento con sus dudas íntimas. Era un policía respetado, amado y odiado por toda Barcelona, pero labrado en un estilo de personaje solitario. Muy bajo, casi imperceptible en el ruido de la Comisaria dijo:

_Te amo

_Te amo –agregó Ma Rawson. Con una voz baja y suave, pero con unos ojos brillantes: ¿Se puede amar tan rápido? –preguntó sonriendo de dicha. Él se puso de pie y sonreía casi tan ancho que al pasar a su lado un ayudante, aquel no pudo menos que decir:

“Jefe, le veo, le veo”

 

Quedaron en casa de Blanca a las seis. Wert bajo caminando y entró en un bar, pidió un café. Le dolía el pene, la agitación nocturna le despertaba nuevas ideas y deseos de cambio. Vio por la ventana a una nube de japos con sus máquinas si cesar fotografiando hasta la mierda más rara. Barcelona ¿restaba o sumaba? Que pregunta estúpida –pensó. Sintió un zumbido a su alrededor, se giró. Hablaban dos tipos a quienes conocía, dos tahúres que al verle le saludaron. Dos manguis para pasar a la historia con los japos       –pensó, y un poli enamorado –pensarían ellos. Se marchó y al salir se mezcló en una nueva nube de japos. Todos reían y hacían fotos, él, reía también.

 

18:05

La casa de Blanca era un piso amplio de Sarria, del barrio de la burguesía nacionalista. Las Foss con su apellido de origen alemán representaban una incrustación en la Elite que mientras los negocios marcharan, eran amantes de la ensalada de ultraizquierda de la Cup con la derecha carca de Artur Mas. El piso estaba detrás del Club de Tenis Barcelona. Al entrar les hicieron sentar en un amplio comedor con una piel de vaca estirada debajo de una mesa, a los laterales tres Dalí. ¿Quién podía desear la fortuna de la otra si esos tres cuadros valían un Perú? –se interrogó Wert. Pero el alma humana era indescifrable. Entro una mujer delgada muy parecida a Marta Foss. Blanca Foss tenía tres años menos, recién pasados los treinta. Se sentaron y Wert observó a una mujer con un vestido blanco del más estilo clásico burgués con flores rojas pequeñísimas, lo acompañaba con unos zapatos de tacón de aguja de 15 centímetros.

_ ¿Conocía a A Renz? –preguntó Wert.

_No. Un silencio raro y largo, luego se miraría las uñas para agregar: bueno a través de mi hermana quien me lo presentó, en su momento “no le di mucha bolilla”. La expresión salto como una alarma en los Inspectores, una burguesa con frases de Sudamérica chocaba.

_¿En qué fecha se lo presentó?

_Hace un año, dos tal vez.

_En esta foto aparecen Ud. y Renz hace cinco años –dijo Rawson mientras ponía la única imagen que tenían de su relación. Ella siguió mirándose las uñas, de vez en cuando giraba la cara y le echaba una mirada a Wert. Poco a poco reacciono, se acercó a la foto, la miro sin tocarla una y otra vez, luego se puso de pie. Su falda ancha a pliegues de estilo años 50 se deslizaba aquí y allá, como si debajo llevara enaguas. En su móvil escribió un guassap. Una respuesta le hizo hablar:

_Dice mi abogado que esta entrevista ha terminado. Y cualquier duda su teléfono es… y un guassap entro en el numero policial del móvil de Wert dando un pitido. Era del bufete más caro de Barcelona: los Cuatre Casas. Wert sin inmutarse se puso de pie y dijo:

_ ¡Queda detenida!

_No… se atreverá –exclamó Blanca Foss. Wert fue directa a ella y le puso las esposas. Ma Rawson estaba desconcertada y aún sentada en el sillón. “¡Hasta que venga mi abogado no me muevo!” Wert le pegaría un empujón que casi le disloca el hombro. Ma Rawson intentaba ser amable, pero la detención fue limpia y con gran insolencia. Al llegar a Comisaria Wert eligió la sala de interrogatorios más horrenda pero previamente la dejo sentada y esposada al lado de tres yonquis traficantes que olían a “mierda del rio”. Esa fue la expresión que utilizo Wert golpeando en la mesa del escritorio mientras cruzaba las piernas encima del mueble al estilo Bush.

_ ¿La venganza social te agrada? – preguntó estupefacta Ma Rawson. Wert sonrió.

 

Continuará mañana…

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