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by j re crivello

Los males del alma se refugian en sitios inexplicables. Y renacen en una breve charla como arma arrojadiza donde no se tolera un error, un descuido, una traba insignificante. Para quienes somos duros contadores de las horas y malos en las emociones. Ellas, esas tiránicas relaciones humanas nos sobrepasan, nos angustian. Cada bocado de la vida se asoma, se descarga cual rayo. Es una tormenta, grande inmensa que nos sacude y nos olvida. Se marcha, se aleja, pero los ingrávidos habitantes de la dificultad por amar o ser amado esperamos que los días nos recuperen.

#¿Nos recuperáremos?

Nadie puede decirlo. Ayer observe durante largas horas el recorrido y la insistencia de una pájara con su lombriz en el pico. Insistente, dueña de las leyes de la vida, tan necesaria a la continuidad del amor por los ciclos naturales. Los padres pájaros no nos acercamos ni tan solo a esa fascinante aventura.

Ni tan solo. Lo siento estimados lectores.

 

 

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