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En el tercer día (al 7mo que es domingo después de crear el mundo, descansaremos) comparto un artículo con Antonio Guillán del blog Ikástico. Me he detenido en un político fiero, sanguíneo, del estilo la concha de tu madre como dicen en Chile. Saludos  -j re.

By j re crivello

— ¿Le apetece con limón o cola? –le pregunto.

—Ponme un guiskito, escucho decir a mi nuevo jefe. Escogí este trabajo hace dos días, dentro de mi exilio para escribir la segunda parte de “Mandíbulas rotas”. Es cómodo, te pagan 2.000, estas en Madrid, donde todo se ve desde la meseta. Hoy he estado con mi jefe –agrega Rubalcaba mientras friego con un trapo unos vasos y sin creérmelo el continua en un clima de confianza que me deja fuera de juego: “es a quien sustituiré en septiembre, me daré el gusto de ser el primer vicepresidente que manda en un presidente”, su sonrisa suave, parecida a la de un médico de la mutua me atrae a su posición. Y decido con cautela responder:

—Extraña situación. Él no me deja respirar y pregunta: “¿tú qué piensas?”. No puedo más que focalizar mi rostro en dirección a la calva, mi cabeza se llena de esa sonrisa lenta y cínica que reemplazara a la del talante, ¿y si le digo lo que está en mi cabeza?, ¡no! prefiero una frase más sencilla: ¿Estará Ud. en el cargo hasta las elecciones?

— ¿Por qué? –me responde Rubalcaba. Me voy animando y agrego ante su complicidad: “pues sería difícil ser portavoz de su subalterno”, la carcajada de ambos llena la habitación sin más. El siempre tan prolijo se ve dispuesto a precisar: “tal vez, tienes razón” y apura un trago, para luego rascarse la calva, “aunque y… ¿si me voy de portavoz y sigo en Interior?”

—No sería mala idea —digo ya envalentonado—, le dará visibilidad –agrego con vileza de marketing.

—Veo que ya no eres un barman –dice caustico y me invita a sentarme en un silloncito rojo que está allí desde hace un siglo quizás, es un antiguo aparato que trajeron del Museo de los Borbones, si uno levanta la tapa, dentro hay un excusado con finas flores de azul. Me siento de una manera mecánica, pero presiento que he reemplazo la mezcla de licores con las antiguas recetas de olores de marqueses y reyes. Pero me parece extraño ponerme a los pies de un político suave y amargo, cultivador del silencio y las ambigüedades. Siguiendo sus indicaciones me sirvo un gin con cola, para regresar a sentarme al excusado. El me mira y prodigue: Tus hijos ¿estudian? Si le para insinuar que ya pasan de los 20 sin poder disimular mi orgullo. ¿Has visto que hemos aumentado las becas?

—Si —digo. Aquello ya no me llevaba a ninguna parte, pero él decide agregar una pregunta más:

— ¿Y tú qué harías si estuvieras en mi sitio?, digo… ¿qué es lo primero que se te vendría a la mente?, es que a lo mejor –agrega- lo puedo hasta incluir en mi programa. Por mi parte, veo su cara acerada yéndose a otra parte, pero intuyo que aún me queda mi último segundo en la cima del poder. Haciendo fuerzas con la parte baja del estómago, respondo impulsando cada palabra hasta darle la potencia de una cascada:

#Comprar pescado y llamar a la Legión para patrullar las ciudades# No espere su reacción y abrí mi carpeta de recetarios para preparar mi práctica para el concurso de Masterchef, me tocaba hacer un Pastel de carne

Carne picada, medio kilo (+ o -), aceitunas cortadas en trocitos, cebolla 1 previa salteada en sartén sin tostar. Perejil picado. Tomates secos puestos en agua, exprimir y cortar en trocitos. 3 Huevos, mezclar en forma de pan; poner en la masa en forma horizontal y agregar en el centro queso en lonchas. Cerrar tomando los bordes. Poner en una budinera con manteca al horno. Pinchar con tenedor para saber si está cocido.

Luego aparte, salsa de crema, más un poco de mayonesa y servir.

Acompañar con postre Tiramisú al estilo Lydia Crivello (consultar link)

 

 

 

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