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By j re crivello

Esa noche mientras tomaba su plato de sopa sintió un ruido. Pudo observar que su aro de brillantes de su oreja derecha se había caído dentro de los fideos finos con formas variadas compradas en El Condis de la vuelta de su casa. Luisa era una señora mayor, de casi 80 años y que vivía sola. Mientras recuperaba la joya pudo ver que su oreja del lado izquierdo no tenía pendiente. Miro por toda la casa y nada. Al ver que su desespero iba en aumento pasó una mala noche y al día siguiente decidió poner a prueba el 048. Este departamento de búsqueda de cosas perdidas de Barcelona era tan eficiente que tenía tras de sí una fama mayor que la ciudad de los prodigios. Decidió ir a pie, estaba en un edificio de estilo pan redondo, pintado en marrón y sin una grieta. Al entrar fue hasta un departamento «de sortijas y varios» allí un joven afeminado y suave, pero de ojos azules con una mirada térmica consultó en un ordenador y dijo:

—Efectivamente señora la pieza por Ud. descrita llego ayer a última hora. Si espera un segundo se la entregamos. L Garzino regreso a su casa con su sortija puesta en la oreja gracias a este amable funcionario que además le invito a café y le regalo un caramelo de limón de aquellos que ofrecen en los bancos, para endulzar los sustos del… «le hemos debitado».

Pasaron unos días y el invierno largo pero tenue, al lado del Mediterráneo le hizo maquinar a L Garzino: « ¿y si llamo de nuevo al 048 y les digo que he perdido un perro marrón y con ello tengo compañía?». Dicho y hecho, está vez se puso en contacto con el funcionario de las sortijas y este le paso con el departamento de “canes y animales que están solos”. Pudo escuchar: «si Ud. paga SEUR, se lo enviamos». Luisa dijo si y recibió por la tarde un bonito perro dorado en la sien y de patas lustrosas. Aquello le lleno la vida. Casi terminaba el invierno, pero su desdicha no se había colmado. Aunque pasados quince días, decidió nuevamente visitar el 048, está vez se dirigió al empleado del departamento de sortijas, se sentó allí y al preguntarle su amigo que deseaba, respondió sin reparos:

—Tuve un marido que se murió hace años en la Guerra Civil, era canoso, lleno de risa y con un leve acento a las zetas. Sabía poner pan en la mesa y me besaba en la mejilla antes de irnos a dormir. Cada domingo compraba churros y hacia un chocolate que sabía a gloria. Y además, me miraba al estilo cruzado».

— ¿Como? —pregunto el funcionario.

—Sí, vio ¡como lo hacen en las películas de los años cuarenta de Hoolywood! El funcionario repasó la base de datos, a él no le correspondía en su sección, pero introdujo una clave y dio con «Señores y señoras solos y que desean compañía», luego filtro por “canoso, que le guste el chocolate y (+ 75). Aparecieron 29. Introdujo una restricción «que le gusten las películas de Hoolywood de los años 40. Y… ¡estaba allí! Mirándole a ella, le dijo que volviera a su casa, “el 048 le llevaría una solución”.

Esa tarde un señor bien plantado, de mirada encendida y poco pelo llamo a la puerta de L Garzino. Tomaron té y vieron Casablanca juntos.

#La espuma de una ciudad sabe a ricino o miel, y ello depende del 048 o de nosotros#

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