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Hola amigos, finaliza la serie 048, la próxima semana descansamos de la ficción y nos vamos al ensayo. Da para opinar más… preparen las pancartas. Mañana publicaré la lista de los que participarán en agosto -y las fechas. buen finde -j re

 

By J re crivello

R Latimer conocía a la familia que vivía al lado de su ex-esposa. Gente corriente que solía responder a su saludo con “un muy buenas”, nada más, salvo aquel día en que les dijo que se había divorciado y se marchaba a vivir a otro barrio de Barcelona. El padre le llevo a un apartado del ascensor y le interrogo de una manera muy fuera del pudor que habían mostrado, en sus encuentros de escalera:

— ¿Y dónde vivirá?

—En un piso del Ensanche, está cerca de la Rambla de Cataluña, allí las aceras y los bares se parecen a una gran ciudad que vive despierta. No sé porque dije aquello del barrio, lo que dejaba en pleno Sagrada Familia no era tan feo. Su vecino dijo:

—Ya que estará solo tal vez Ud. –y bajo la voz hasta ser inaudible. Ante lo cual, le pedí que repitiera la frase y con su mano derecha pareció agrandar el deseo: ¿me podría alquilar una habitación? R Latimer se extrañó de aquel tipo decente y bien entrado en canas, pero considero que sería una buena salida y por ello dijo una cantidad para quitárselo de encima “quinientos”. “Vale” -fue su respuesta -para agregar “esta es mi tarjeta y en ella está mi e-mail. Cuando esté instalado me llama” —y se marchó.

Al siguiente sábado su ex vecino le visito, serían las 21 horas y en el exterior el frio tardío de Enero limaba los corazones de la ciudad. Al abrirle pudo ver que le acompañaba una señora de 55 años, no muy alta pero llena de vida. Lo que más le impresiono fue su sonrisa que le hizo comprender la glotonería de su vecino. Se marcharon dos horas después, pero el ruido y estasis fue mayúsculo. R Latimer decidió salirse al bar más cercano ante tanto descontrol. Y… cada sábado se repitió la historia, sonrisa sabrosa, visita de dos horas y festejo sexual. Hasta que un día cuando ya se marchaba a su tradicional hora y media del bar para evitar escuchar el escándalo, ella salió con una bata roja abierta que dejaba ver un interior redondo y curvado en  satén del mismo color. No podía hablar, solo agitaba sus manos y su brillante sonrisa amagaba el miedo más atroz. Le acompaño hasta la habitación, en el centro de la cama R. S. Sanz dejaba salir sangre desde un cuchillo que le entraba en la barriga:

— ¿Cómo ha sido? –pregunto R Latimer

—Me pidió que lo colocara entre los dos y mientras hacíamos el amor perdimos el control, sin saber de qué manera se le incrusto. R Latimer miro si respiraba, pero estaba muerto o casi. Decidió llamar a una ambulancia y al 048, mientras ella se sentó en una maleta a medio abrir llena de material sado. Al llegar los médicos certificaron su muerte, el puñal de plata fue quitado de su emplazamiento dejando una brecha enorme y le guardaron en una bolsa del Mercadona. A  ella se la llevaron a Comisaria. Antes de salir pudo intercambiar dos frases con la señora de la sonrisa:

— ¿Y ahora? –pregunto R Latimer. Con su mirada ella dijo: “le echare de menos, con Papitu nos reuníamos cada sábado desde hace veinte años”. R Latimer pudo pensar al ver como se alejaba:

#Los sábados carecen de sentido sin amor ni sueños#

Nota: Los funcionarios del 048 suspiraron aliviados esta vez la reclamación no era para restituir sino una baja en su base de datos que refería: servicios de sado de una rubia guapa.

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