rituales

By Juan re-crivello

De pies y sin cabeza. En una tarde tórrida de domingo, cuando se acaba el verano y se precipita el otoño. Recibo una llamada, una voz clara y amena pero acelerada en la distancia. Afectiva, emocional, de cara de incendio. De sangre alejada, pero familiar.

_Hola.

_Hola

Hola, hola, hola. “Ya te he dicho hola” –digo gritando.

Me responden: he visto el partido y hemos ganado. ¿Por qué siempre ponen suplentes al jugar con nosotros? “Era un partido por el 5 o 6 puesto del Mundial. Ya no nos interesaba” –dije. La charla se alargaría de una y otra explicación. “Sabes, no lo vi entero -confesaría, me fui a comprar carbón”. De mi parte tampoco pude decir que no lo había visto. El resto fue tostada, almendros y una espesa cabriola que se agranda en las familias separadas por la distancia. A cientos les parece inexcusable dejar estas relaciones sin sustento, a otros les habré el corazón dejando allí, una raya roja y firme.

Recuerdo que juntos, una tarde fuimos a comprar una botella de vino. Era en una humilde tienda, situada en el  foso previo a trepar por la frontera de Brasil. Mi Tío –el de la llamada, en aquel intervalo de paga y llévatelo, dijo: “es que somos piamonteses”. Una sed de soledad le arrebataría a la dueña, le haría preguntarse, qué era aquella nuez de país que nunca había sentido.

Dicen según las últimas investigaciones en Gran Dolina, Atapuerca, que los Homo antecesor de esta zona: “no tenían conciencia del yo, ni de la especie, y el cazar y comerse a los miembros jóvenes de otros clanes vecinos no solo era un modo de alimentarse, sino que así fortalecían su supremacía sobre los recursos” (1). La territorialidad, es parte de los primates y al ser sus tradicionales sucesores la defendemos incluyendo la lengua.

¡Brexit is brexit!

En el amplio espacio de la globalización, los clanes y los deseos e impulsos de autoafirmación se entrecruzan. Algunos invitan a defenderse para no ser devorados y otros atienden molestos estas reafirmaciones que doblegan a sus vecinos más tibios, pero insertos en la propia comunidad.

¿Nadie domina? Las guerras y exequias de derrotas y amargos vientos dan cuenta de ello -en Europa — y en el largo litoral que une el recorrido de los monos humanos hasta dominar el planeta. Un tronco común, pero una memoria tibia y frágil que esconde el pasado compartido.

La ventosa está sujeta. Pues ¡larguémonos!

Vendrán a por ella, saurios, indígenas, maras, y otros.

Cada cual interpretara una luna diferente. (*)

 

*Poesía de j re crivello (no publicada)

(1)El Mundo, 12 de septiembre de 2010, Evolución, Ana Luz Diaz

 

 

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