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by j re crivello

“No creo en las ventajas de la desdicha” Jorge Luis Borges

Ni siquiera en el parto de un extraño recién nacido. Solo, asumiendo que a Ud. En su momento, le mataran de sexo, o de nueces, o de miradas salvajes.

A veces, navegando por la península de Buenos Aires, lo anterior parece más real. Los argentinos tienen esa particular amada, que es el encanto de lo vislumbrado pero que no siempre es real. ¡Zas!. Lo que acabo de decir, ha devorado mis años de niñez en aquel territorio. Donde por cierto eran años en las cuales las culebras eran hijas postizas de algún conde, o los sapos estaban a la vera del camino, tan quietos y distantes como un capítulo del Dios terrenal —algo que caracterizaba a ese país a comienzos del siglo XIX, cuando uno metía la mano en un rio y obtenía un pez de dos alas.

Pero aquel pasado se ha ido y le ha cubierto la melancolía. Y, los populistas de turno.

Pero aún aparecen recuerdos, como al abrir la puerta, y sentir, el humo que salía de la nevera de mi abuela ¡era tan real!, por lo cual me veía rodeado de instintos extraños. Tal como, la rubia que bailaba charlestón en el cole, los caprichos de pan de trigo y la extraña pirueta en la siesta que hacían mis tíos para sudar rellenos de sexo.

Mientras, en mi caso, en la misma siesta, abría una Biblia ilustrada y la figura de David y su lucha desigual llenaba las horas aburridas de encanto.

 

Notas:

HISTORIA 58

David y Goliat

LOS filisteos vienen otra vez para pelear contra Israel. Los tres hermanos mayores de David están ahora en el ejército de Saúl. Por eso, un día Jesé le dice a David: ‘Lleva granos y panes a tus hermanos. Averigua cómo les va.’

Cuando David llega al campamento, corre a la línea de batalla en busca de sus hermanos. El gigante filisteo Goliat sale a burlarse de los israelitas. Ha estado haciendo esto cada mañana y noche por 40 días. Grita: ‘Escojan a alguien para que pelee conmigo. Si él gana y me mata, nosotros seremos esclavos suyos. Pero si yo gano y lo mato, ustedes serán esclavos nuestros. Los reto a escoger a alguien para esto.’

David pregunta a algunos soldados: ‘¿Qué se le dará al que mate a este filisteo y libre a Israel de esta vergüenza?’

‘Saúl le dará muchas riquezas,’ un soldado dice. ‘Y también le dará su propia hija como esposa.’

Pero todos los israelitas le tienen miedo a Goliat debido a que es un hombre muy grande. Él mide casi 3 metros, y tiene otro soldado que le carga el escudo.

Algunos soldados van y le dicen al rey Saúl que David quiere ir a pelear contra Goliat. Pero Saúl le dice a David: ‘No puedes. Eres un niñito, y él ha sido soldado siempre.’ David dice: ‘Yo maté un oso y un león que se llevaron las ovejas de mi padre. Ahora este filisteo será como uno de ellos. Jehová me dará ayuda.’ Por esto, Saúl dice: ‘Ve, y que Jehová esté contigo.’

David baja a un río y recoge cinco piedras lisas y las mete en su bolso. Entonces sube con su honda a pelear contra el gigante. Goliat no puede creerlo. Le parece que es cosa demasiado fácil matar a David.

‘Ven acá,’ dice Goliat, ‘y daré a comer tu cuerpo a los pájaros y los animales.’ Pero David dice: ‘Tú vienes a mí con espada, una lanza y una jabalina, pero yo voy contra ti con el nombre de Jehová. Hoy Jehová te dará en las manos mías y yo te derribaré.’

Ahora David corre hacia Goliat. Saca de su bolso una piedra, la pone en su honda, y la lanza contra Goliat con toda su fuerza. ¡La piedra entra en la cabeza de Goliat, quien cae muerto! Al ver a su campeón caído, los filisteos huyen. Los israelitas los siguen y ganan la batalla.

1 Samuel 17:1-54.

 

 

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