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Borges explica esta palabra a su estilo en un texto: “Recuerdo haberle preguntado a un amigo mío, Eduardo Avellaneda, qué significaba carancanfunca y me dijo que carancanfunca significaba el estado de ánimo de un hombre que se siente carancanfunca. Luego, no sé si conocía el adagio latino de que lo definido no debe entrar en la definición porque así todo puede definirse, ¿no? Y entonces me dijo, bueno, con ganas de hacer barullo y romper faroles”.

Buenos Aires es una cita, un paseo repentino por una ciudad que te enamora y atraviesa, como un rayo, como un cielo claro que agotado se mece esperando que alguien le tome y se lo beba.

Caracanfunca es una idea borgiana, o una rara termita que se mantiene quieta en el centro de una mesa y los años le dicen al oído ¡sal ya! Y espera sin ni siquiera mencionar que una traición o un grito alteraran su plan, el de salir, cuando descubra que el llano ya no es llano, ni las ondulaciones son montañas de arroz.

#¡Caracanfunca!

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