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La lluvia de anoche ha traído un soplo de descanso. Al observar por la ventana la mezcla de brisa y agua, uno no podía más que pensar en la jungla de asfalto. Voces inconexas, maletas al pie de la cama de un hotel de tres estrellas, narices incomodas en el vestíbulo, y porque no, la mezcla de los apetitos: sal, ensalada, cerveza y abundante deseo de aproximación.

La chispa de Paris Hilton esta amarilla y cara. Su acompañante algo le dice al oído. Hasta en la fábula del Star System existe brillo y soledad.

“Una semana antes de suicidarse Marilyn pasó una tarde sentada a solas y abstraída en la piscina de Sinatra. Luego en la noche los guardaespaldas de Frank –hartos- le dejaron en su Hotel” (1). Tal vez, ebria, amada y temida, pero sin precio más que el peso de unos rizos de oro y una boca de estilo. La lluvia atrae temibles contactos, físicos, de sueño, de suicidio. Un panecillo con tomate y aceite es más amable que la cruda realidad humana. Aquella noche donde algunos se reservaron en silencio el maltrato y las vejaciones, figurará en la cuenta de Frank.

Pero ese oasis de agua que cae del cielo, nos recuerda la ensenada de aquel rio reseco y a la espera. También a los perros flacos, a la luna lenta y con hocico de mentira. Aprisionados por esa lluvia espesa y magra, a veces el territorio de los famosos es altanero y espectacular, pero sus noches de soledad abrigan carne e intentos de asalto. Luego, uno abre la página rosa y los chismes relatan  actividad e interminables amores.

Todo cuento y papel cuché.

#La fama es un amargo desaliento ante los días perdidos.

 

Notas

(1)Buddy Greco, pianista. Recuerdos del 28/29 julio de 1962. El Mundo 3 de Agosto de 2010

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