La Sed 01
La Sed (película)

by j re crivello

El monte [chaqueño] es el absurdo materializado en árboles. Es el terrible mundo de la desorientación. En todas partes es el mismo, bajo, sucio, verde terroso. […] Sus árboles no son árboles, son espantajos de formas torturadas, en cuya corteza rumian su miseria fisiológica espinas y parásitos [que] crecen prendidos a una tierra estéril e infecunda, por eso viven y mueren sin adornar sus ramas con la verde caricia de la hoja ni el milagro luminoso del fruto. Carlos Arce Salinas, excombatiente y político boliviano.  (Arce Aguirre, 2009, p. 32) Fuente Wickipedia

 

Cada mañana se levantaba y después de lavarse le gustaba sentarse en un porche protegido del frio en invierno, desde el cual escudriñaba un largo rio que permitía ver la frontera de Paraguay y más allá la brasileña. Una mujer de tez morena y venida del otro lado del rio Paraná le servía un café concentrado y dos trozos de pan con manteca rancia del Paraguay. Todos le conocían como el Coronel, pero realmente era comandante. Un cargo que ejerció en la Gendarmería argentina a comienzos de los años 40, en esas tres fronteras que conocía de memoria. Pero el coronel era el apodo que provenía de su participación de la Guerra del Chaco con tan solo 25 años enviado como asesor por el gobierno argentino. Un conflicto bélico que enfrento a los bolivianos y los paraguayos por el territorio desconocido del Chaco Boreal del tamaño de Francia entre los años de 1932-35 y en el cual murieron 100.000 tropas. Pero su padre también participó en el anterior conflicto de Paraguay contra sus poderosos vecinos de Brasil y Argentina en 1870, en el que falleció la mitad de la población paraguaya (1); de esa época en su familia se conocen sucesivamente por El Coronel.

 

Una vez sentado, y a sus 70 años miraba como a las diez de cada lunes subía por la cuesta desde el centro de la ciudad un funcionario de correos que le entregaba una carta. Desde hacía un año llegaban puntualmente. Y al abrirla solo tres líneas. El Coronel ya había preguntado en Correos o inclusive había utilizado viejas artimañas para intentar zafarse de aquella cita. En diez minutos estaría en la puerta de entrada de su porche.

—Buen día Coronel. Firme aquí. Las cartas siempre iban certificadas, y por fuera una letra ilegible con su nombre, de remite una estafeta postal que no existía, pues había sido dada de baja allá por el 1935, pero que alguien poseía un sello y ponía en circulación ante el asombro de las oficinas de Correo y que sus funcionarios aburridos con el trajín lo consideraban un mal menor.

— ¿Quién se gasta dinero para esto? —pregunto El Coronel, cansado de esta broma y mirándole con aquellos ojos azules intensos que reposaban en una nariz pequeña y un cabello cano ondulado. En sus setenta, aun se mantenía de pie, aun tenia fuerza y vitalidad, aun hubiera partido en dos a su enemigo, aun su ametralladora antigua dormía bajo su cama.

—No lo sé mi Coronel. Hace unos días le pregunte a una parienta que practica la adivinación y me dijo que viene desde dentro de Paraguay, desde una selva baja, cerrada y de espinos, en la cual en verano aprieta el calor más allá de los 50. ¿Tuvo Ud. un amor allí? —insistió con una sonrisa leve el funcionario. El Coronel le miró para responder:

—Solo quedo allí una moza que era una serpiente. ¿Hace calor no? —agregó. Su acompañante respondió que venía tormenta empujada desde Brasil y que barrería la zona durante dos días y hasta si le apretaba se suspendería el reparto de correo quedándose sin carta.

—Es probable. Curtido en mil batallas sabía que los muertos allí bailaban en sangre, que los moribundos acababan con un cuchillo en el pescuezo y desvalijados. El campo de la batalla dejaba tras de sí cuerpos en bolas o en calzones. Aunque la Guerra del Chaco fue la guerra de la sed, en ese desierto hasta las alimañas mataban por dominar el zumo que escapaba de otro. Pero esa carta, esa maldita hoja aparecería el siguiente lunes, lloviera o cayeran gallinas con el pescuezo partido.

Cuando se fue el funcionario bebió café. Su mirada se deslizo en dirección al rio, el agua que venía desde Brasil aun no traía tormenta, ni era irregular, ni amenazaba inundar los bajos. ¿Debía abrirla? ¿Debía ir hacia el centro de Paraguay?, ¿en qué dirección? Las preguntas le inundaban. En un cuartico interior dejaba cada papel uno encima de otro, siempre la misma letra o el mismo papel, de un color amarronado, hecho de una pasta. ¿La pasta? Y… ¿Si preguntaba donde hacían ese tipo de papel? Allí estaba la clave, podría haber una fábrica dentro de Paraguay que elaborara pasta de papel de color marrón. ¿Una pasta que no la lavaran con lejía? En este año de 1975 ya a todo lo lavaban con lejía, era como una enfermedad nacional, si está sucio, ponle lejía, si huele, un chorrito de lejía. El coronel fue hasta su teléfono colocado encima de una mesilla e hizo una llamada. Era a un amigo que le debía un favor de aquellos años donde el contrabando era permitido para beneficiar a las almas. Su pregunta fue sencilla: ¿alguna vez has pasado un papel que es parecido al marrón, recio, y que usan para escribir cartas a la antigua? Su amigo, con voz ronca respondió que supo  pasar unas toneladas para lavar aquí en lejía y luego revender, lo hacían en un pueblo al interior de Paraguay

—Loma Plata (2). Allí hay una comunidad menonita muy arraigada y hay un fabricante pequeño de papel para regalar, o había hace unos años.

—Eso es en el Gran Chaco. A casi 1000 kilómetros desde aquí —dijo el coronel.

—Si. ¿Pero que te interesa de esa zona tan alejada? Si hasta hace poco no existía ni en los mapas. Los menonitas la poblaron hacia 1927 cuando nadie se atrevía a llegar  hasta allí.

—No, me recomiendan dar un paseo y tal vez vaya. Su amigo le recordó su edad y de las dificultades de llegar, a pesar que ahora había una ruta directa, pero en verano superaban los 40º a la sombra. El Coronel se despidió, ya maquinaba su próxima visita, ahora debía organizar su viaje y esconderlo a sus hijos. Al ser viudo no tenía mayores compromisos. Abrió la carta, deslizo el papel y leyó en voz alta:

Si Ud. sacrifica 10 corderos y deja correr la sangre. Deberá concederme la respuesta: ¿Puede la muerte regresar desde la guerra?

Buena pregunta –pensó- e hizo una nueva llamada, conocía a un tipo de casi cuarenta que le debía un favor. Era arquitecto y se había pateado la zona, le pediría le llevara en su F-100 hasta allí. Marcó el número, del otro lado Armando Crivello, respondió:

—Hola.

 

Notas:

(1) La guerra terminó en 1870 con una derrota de Paraguay, que conllevó también un desastre demográfico: según las distintas fuentes, el país perdió entre el 50 % y el 85 % de su población y quizá más del 90 % de su población masculina adulta.15

Paraguay perdió gran parte de los territorios que tenía todavía en disputa diplomática con Brasil ―334 126 km²―[cita requerida] y fue condenado a pagar una abultada indemnización de guerra, si bien el pago se fue atrasando a través de diferentes gobiernos de post-guerra y no se llegó a efectuar. Sin embargo, el préstamo de posguerra de 200 000 £ (libras esterlinas) recibido del Reino Unido se saldó con sucesivas refinanciaciones, llevando la suma a 3,22 millones de libras esterlinas. Fuente Wickipedia

 

(2)Loma Plata es una localidad paraguaya del Departamento de Boquerón, ubicada a 450 km de Asunción. Forma parte de una de las colonias menonitas que se sitúan en el Chaco Paraguayo. Es un centro comercial e industrial, cuenta con la infraestructura de atractivo turístico, por ejemplo: Campo María, Laguna Capitán, Chaco Logde y otros.

Se accede a Loma Plata por un desvío pavimentado de 22 km de la ruta Transchaco.

Datos del conflicto bélico:

Las compras se hicieron con gran meticulosidad y secreto, eligiendo las mejores armas, a diversos proveedores. El Paraguay empezó y terminó la guerra con los mismos oficiales y soldados. Solo tuvo que reponer los muertos, heridos y enfermos. Esto significó contar, a los pocos meses de continuos combates, con un ejército experimentado para la difícil guerra chaqueña.

Un aspecto importante de la estrategia paraguaya fue contar con el apoyo de la Argentina como fuente de suministro de insumos vitales. A tal efecto se utilizaron las históricas relaciones comerciales y las vinculaciones culturales, sociales y migratorias existentes entre ambos países. Desde el punto de vista geopolítico, la Argentina consideraba al Paraguay como la primera línea de defensa o la punta de lanza ante una posible expansión brasileña hacia el oeste. Comenzada la guerra, el pueblo argentino apoyó la causa paraguaya con donaciones y voluntarios de todo tipo.

El doctor Luque, redactor jefe de La Prensa, me dijo: «Yo no hablo en mi casa de lo que en el diario se hace, y así jamás hablo de la cuestión paraguayo-boliviana; pero es lo cierto que mi mujer, mis hijos y todo el servicio no pierden ninguna oportunidad para expresar sus simpatías por el Paraguay. Ese es el espíritu de toda la gente».

(Rivarola, 1982, p. 134)

Estos hechos no fueron un secreto para el Gobierno y el estado mayor boliviano, que recibían extensos informes no solo de sus funcionarios radicados en Buenos Aires sino del propio Luis Fernando Guachalla, embajador boliviano en Asunción hasta julio de 1931. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Chaco

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