21dcd5c17b156b5f738a411b3227aab3

Amigos, estoy corrigiendo este libro del asesinato de Kennedy, para re-publicarlo en Amazon… compartiré con vosotros todos los capítulos. Aparte de la historia muy interesante en su interior, el último capítulo revela quien le asesino. Detrás hay muchas horas de documentación para abordarlo. -j ré

By juan Re crivello Este capítulo pertenece al libro de ficción histórica  Kennedy (obscenity)           (C) Derechos reservados

Bombay Dreams

Había quedado en un teatro de la zona de Broadway, intuía que aquello era diferente, de mi impecable lista de contactos, en esta cita solo disponía de un seudónimo de Face: “Bombay dreams” intuía que podía ser explosivo.

A Mardi Grass a través de twitter varios mensajes le habían empujado a esta calle, donde un viejo teatro y un bar metidos en un edificio gigante acristalado, en que un cartel de Broadway en vertical se asentaba en uno en la misma dirección y el mismo nombre. Porque si algo decía el ultimo twit era: “soy flaca, rubia y rusa. Me llamo Carmen”. Y ese nombre tan español no podía estar en la fe de bautizo de una rusa.

Antes de abandonar el Hotel infinito de Hilbert, mi cabeza iba llena del famoso teorema de los cuatro colores, algo que había descubierto en una carta escrita a mano bastante antigua que tenía en mi poder, de 1852, del matemático Francis Guthrie, e intentaba vender. Dice aquel teorema que “solo se requieren cuatro colores y son suficientes para crear cualquier mapa o plano de modo que no haya dos regiones limítrofes del mismo color” (1) Pero ello no tenía nada que ver con “Bombay dreams” y con quien había quedado en una esquina desangelada de Nueva York.  Al bajar del taxi vi un negro alto y vestido de rojo y una mujer de estatura media y rubia. ¡Esa era! Sin pensárselo Mardi se dirigió a su contacto, casi no hablaron, ella llevaba una bolsa de zapatos de marca, de un español carísimo, luego Carmen le pidió le acompañara a un bar no más allá de dos calles. En el trayecto pudo ver en su cuello una serpiente grabada en color rojo, con dos ojos por esmeraldas. Se sentaron en una cafetería llena de parroquianos que no paraban de hablar spanglish, lo cual le alerto de una de las características de esta ciudad. El idioma sonaba ligero y sin tantos artículos, parecía un idioma maldito y a la vez lleno de alegría.

–Este lugar es interesante –dije

–Es un chatroom (2) –respondió ella en spanglish. Tenía delante una mujer delgada, flaca como dicen al Sur de América, dotada de dos senos inmensos redondos casi caníbales, que se adelantaban al interlocutor. De tez suave, blanca, y labios y nariz pequeña, el cabello rubio despeinado y tieso recordaba a una peluca llena de risos agujereados. Por debajo no podía ver sus piernas, si dos zapatos de tacón alto y del cual uno de ellos se balanceaba sin cesar. Pidió una cola Diet, en mi caso un café –dije:

–Veo que hablan raro

–Es un Span –respondió, para agregar– es una forma de dejar correr la lengua triturando el inglés y metiendo encima el español. Así… y movió su lengua por encima del labio haciendo temblar mi salsa de hormonas que bailaron sin más. Y, prosiguió: al hablar este idioma es como jugársela frío (3). Y volviendo a pasar la lengua por sus labios, pude observar como dejaba que el rojo se salseara para estar más sexy, luego de un breve silencio, dio otro giro a nuestra conversación al decir, no wey (4) Me llamo la atención tu mensaje en Face  –dijo-, pero al tener nombre español me atrajo la idea de intercambiar con alguien que venía de allí. Y… ¿Por qué has venido?

––Para cambiar de aires quizás, o lanzarme a una nueva aventura que me abra a otras ideas o un trabajo. Podría haber citado que tenía el corazón roto y no me vendría mal una de estas mujeres internacionales con labios rojos que se refrescan cada tanto con sal acida de la saliva traída del Este. Pero me contuve, aunque la mañana era fresca y los sátiros españoles no abundábamos. Ella se balanceo y dos manos delgadas de recio hueso señalaron algo, y mire hacia allí. Tan solo cristales de otro edificio y, pregunte: ¿Por qué pones en el Face Bombay dreams?

–A veces doy la imagen de que no disapunto (5), y soy más atractiva.

– ¿Estas casada? O, con alguien

–Libre ¿Y tú?

–También. Salí durante años con una y no cuajo. Y también por eso me vine y ahora estoy solo y listo para vivir.

– ¡Uanmortain!

– ¿Cómo?

– ¡Otra vez! –one more time decimos en inglés–, y rio. La lengua volvió a dejar llena de salpicaduras el labio inferior–y agregó–. Llegar a una ciudad y encontrar una cara pálida que te escuche es muy difícil. Vivo a dos manzanas de aquí. Te apetece siir (6)

–Voy. Te sigo. No entiendo –dije. Luego camine detrás de ella hasta un loft de varios metros. No hubo discurso, ni pude imaginar que esta ciudad era tan rápida. Su garganta mastico chicle durante la fiebre de sexo. Solo escuche en esa larga hora un suave y aparatoso ruido detrás de la pared.

Cerca de la noche regrese al hotel, me dieron la 2001, ya habían cambiado mi habitación de nuevo, estaba solo, de mi lista de contactos tocaba un tipo que vivía en Nueva York desde hace años. Me estire en la cama y tuve el primer bajón, cuando sonó mi móvil. Era Elsa Rockefeller:

– ¿Esta noche estás ocupado?

–No

–Te invito a cenar en mi casa.

–Ok –Y colgué. ¡Oh Dios! Que pasaba en esta ciudad que ¡las mujeres hablaban de su soledad a través de lo físico!

Notas

(1)    Pág. 240 El Teorema de los cuatro colores El libro de las Matemáticas.

Traducción Spanglish

(2)    Sala de charla

(3)    Tomárselo con calma

(4)    De ninguna manera

(5)    Decepciono

(6)    To see, ver

Publicidad

02

Anuncios