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Amigos, estoy corrigiendo este libro del asesinato de Kennedy, para re-publicarlo en Amazon… compartiré con vosotros todos los capítulos. Aparte de la historia muy interesante en su interior, el último capítulo revela quien le asesino. Detrás hay muchas horas de documentación para abordarlo. -j ré

By juan Re crivello. Este capítulo pertenece al libro de ficción histórica  Kennedy (obscenity)           (C) Derechos reservados

005

Elsa Rockefeller me esperaba para cenar, había pospuesto la cita un día, hasta tener la entrevista con mí contacto de la terraza. ¿Debía explicarle que tenía un nuevo trabajo y era algo que escapaba de los márgenes habituales? O, ¿era necesario dar por callada la situación? Estaba más sereno, había subido los primeros documentos sobre el asesinato de Kennedy  y los primeros comentarios estaban llegando, pero no se había producido ningún escándalo, tal vez porque aun estábamos en discusiones preliminares, tales como, de la cantidad de disparos, de su trayectoria, o de la grabación obtenida del motorista que marchaba al lado del coche presidencial. Por mi parte tenia progresos, disponía de una oficina pequeña, situada al lado del rio con vista a un puente irregular viejo y oxidado. De la secretaria aun prescindía, también había adquirido unos archivadores antiguos de latón gris, una mesa con patas de los años 50, 6 sillas y un poster gigante con la foto de Jackie y su marido. En la entrada en la puerta había pegado, una cinta blanca de aquellas anchas del hospital y escrita en rojo, ponía: “Dept Asses. ¿K? El signo de pregunta al final aumentaba la intriga del clásico visitante que podía llegar trayendo dos cajas de pizza. A veces una intriga no dejaba de ser un aliciente para describir una selva de antiguas imágenes, ante las cuales, era imposible digerirlas. En el sobre que adjuntaba mi Director. ¿Le podía bautizar así? A un tipo, quien solo le conocía de una entrevista en una terraza y del que solo aceptaba como base real, del vínculo con mi trabajo. Del sobre de nuestra cita extraje unas hojas amarillentas, junto a la firma aparecían dos zapatos dibujados de tacones altos y pintados en rojo. La fecha inicial eran las 04.00 de la madrugada del día anterior al magnicidio, e iban sucesivamente subiendo cada hora. La letra era menuda, ágil, a veces desesperada como dibujada sobre la marcha en una libreta o portafolio pequeño, de sus impresiones sucesivas de aquella infausta visita a Dallas, de la que escogí al azar, ponía:

10:00

“Hemos llegado a Dallas Veo su cabeza perfecta y lisa delante de mí, en la puerta que da a la escalerilla del Air Force One. Un escalofrío me recorre el cuerpo. Temo perderle y por ello me abalanzo indiscreta y decido adelantarle y bajar, Es la primera vez que la esposa del presidente rompe el protocolo y aparece en la escalerilla para descender antes que el dueño del poder”

¡Breve desaparición del juego de los roles! Escribo en un lateral. Para titular el documento que subiré a la web por la tarde. De la compleja maquinaria que rodea este movimiento histórico, observo que su mujer es una espada inalterada de su ambición. Esta mujer da sentido al mito de Camelot. Un reinado que seduce a la sociedad pero que le dejará abandonada y sola, ebria de consuelo, y hundida por el Establishment en la Guerra de Vietnam. ¿Habrá muerto –me pregunto– para dejar paso al interés del grupo corporativo que domina esta inmensa sociedad desde su fundación como país? De solo considerar esta hipótesis mi piel se llena de un frio visceral, por ello me estiro intentando no plegarme a la tradición de izquierda que solo ve enemigos y dueños del presente y que siempre empujan a un futuro incierto. Marco con un asterisco a su lado y pongo “ver qué razones llevaron a la guerra de Vietnam”, luego abro una segunda hoja al azar, debo decir, que están dobladas a la mitad y un leve pegamento las mantiene unidas en los bordes. También deduzco que nadie ha vuelto a abrirlas en tantos años. En un siguiente asterisco escribo: “¿de dónde proviene este material?” la siguiente carta pone:

10:20

Estoy en el lavabo, antes de subir al coche presidencial hemos saludado a L B Johnson. Una mirada de odio indisimulable hacia mi marido me ha convulsionado, por ello he pedido permiso para llegar hasta el lavabo y reflejar esta sensación. ¿Por qué pongo esto en papel? ¿Y si cae en manos de los enemigos de mi marido? Este es un día en el cual mis temores están disparados, LBJ no deja de ser uno de los tantos enemigos con poder que le rodean.

Al terminar de leer, Mardi Grass decide poner un asterisco  con una frase “repasar la biografía de LBJ”, luego extrae de dentro del sobre otro material. Una foto de Johnson con una sonrisa elegante que lleva detrás un nota a lápiz: “un belicista”;  la ausencia de firma le lleva a descartarla como material primario, pero se pregunta —¿De nuevo estoy metido en la Guerra de Vietnam? Un siguiente documento, bajo “TOP Secret”  muestra una frase situada entre almohadillas #16.000 efectivos en Vietnam# y una letra con lápiz rojo, ancho y rugoso, y una frase “estamos demasiado comprometidos”. M Grass la adjudica a Kennedy, pero será necesario consultar una prueba caligráfica. Pero la noticia está ahí, subirá a internet la cantidad de efectivos citados y una frase memorable de Kennedy:

Si intento que nos retiremos por completo de Vietnam ahora tendríamos entre manos otro episodio de pánico […] pero puedo hacerlo después que me reelijan” (1)

En el interior de M Grass abre paso una de las hipótesis: ¿fue posible un intento de asesinato antes de ser reelegido por un reducido grupo pro-golpista? Su móvil pita, al mirar puede leer un mensaje de Elsa Rockefeller que le confirma la cita y le esperaba en su piso. Antes de salir instala un inhibidor de lectura de conversaciones de teléfono, que le dio su Director, pero imagina que la CIA posee equipos más potentes.

 

Elsa me esperaba radiante, la primera vez que le visite no había observado los detalles de su piso, tal vez era demasiado espectacular, lleno de abundantes espacios, de techos altos, daba la sensación de vivir en un loft de aquellos que estaban de moda. Ella me explicaría “que al hacer el edificio cada piso imitaba a un loft de los años 30, de aquellas naves que quedaron inutilizadas con la crisis del 29 y en el cual nuestro arquitecto, copiaría siguiendo las imágenes de la época que están archivadas en la Biblioteca del Congreso”. Decidí pasar de esta boutade, los mega-ricos pueden crear el paraíso en la tierra, pero no deja de ser escenografía, la Elite, captura momentos para superar, su alergia a la sociedad de masas. Un beso en la mejilla y salgo de mi apartamiento mental. Me conduce hasta la cocina –una reproducción exacta de los años 40– pone una botella de vino sobre la mesa, para luego comer en un delicioso saloncito unido a la cocina. En ese espacio solo una imagen me confunde, casi como una virgen espectral que suma temperamento con seducción, es un original de la artista mexicana Frida Kahlo  propiedad de la familia, ante lo cual digo:

–Muy bella e inteligente su mirada

–Si… parece saborear el tiempo que se le escapa, pero, me atrae su sonrisa, posee una cierta expectativa de ternura.

– ¿Sientes miedo al paso del tiempo? –le pregunto. Elsa estaba relajada, su espacio vital de seducción y sexo confluían. Balanceaba las dos piernas y al regresar al punto exterior podía ver un lunar más allá de la rodilla que me excitaba –y respondió:

–Mucho, los que formamos parte de una familia que es la esencia del capitalismo y de la historia de este país decimos:

La rama se seca

Si tú no visitas con frecuencia

A la Elite

–Me lo explicas –dije

–Nos criaron con la obligación moral de perseverar, de evitar que la sociedad regrese al odio, al dominio del Estado. Para nosotros el universo del poder, gira con o sin libertad. Los Rockefeller pertenecemos al grupo de la libertad.

– ¿Y los Kennedy? ¿Qué piensas sobre ellos? Esbozo un suave movimiento de los labios, como si fuera un escozor característico de quien intenta no mentir. Aquel labio superior que se montaba en el otro dando un aire de detenerse ante del precipicio, lo cual me puso frenético y escuche:

–Ellos no tuvieron la virtud de la contención, creyeron que el alma del Estado era más firme que la libertad individual.

– ¿Quién les asesino?

–El Estado. Da igual el nombre de las personas que se pusieron de acuerdo. Elsa se había puesto rígida, con una mirada de prevención, dejando entrever un interior con una fuerza indescriptible.

–Ven –dijo Le acompañe hasta una gran estantería, que trepaba por una pared hasta el techo, le rodeaba una escalera que subía y bajaba empujada por un motorcito. Ella se montó encima y ascendió unos 6 metros, desde abajo podía ver sus dos piernas, rellenas de genio, agrupadas hasta desaparecer en unas nalgas atadas por una seda de color negro que protegía su intimidad. En segundos desconecte, la imaginación me llevo a verla desnuda, de espalda, agarrada a la parte delantera de la cama gritando ¡Mas! Pero el ruido del motorcito la puso frente a mí. Tenía en sus manos una gran carpeta envuelta en un lazo azul. Ella la dejo en la mesa del saloncito, apartando los platos. Quiso abrirla, pero el lazo nos rodeó ayudando a que fuéramos a caer encima de la mesa. Un vaso fue al suelo, los tenedores dieron una señal. Sus uñas rasgaban mis glúteos, mi nariz olfateaba sus axilas. Tal fuerza del deseo empujaba delante y atrás. Sucesivas olas de genio nos unían. Prometo que grite y ella rio más de una vez. En aquel desbarajuste, cuando la ola descendió pude ver la famosa carpeta desparramada en el suelo. Desde mi posición estirado y medio desnudo, intente leer una de sus hojas, llevaba un título gigante con un sello de TOP Secret –y decía: “medio, amargo, cruel –[un] animal de muchas maneras… creo que sus reacciones en un montón de cosas son correctas… pero creo que tiene ese otro lado de él y de su relación con los seres humanos, que hace difícil [tratar con él] a menos que le “beses el trasero todo el tiempo” (2) Lo firmaba Robert Kennedy y se refería a LB Johnson. Me levante y me vestí, luego fui hasta la carpeta y recogí su material. A mi espalda pude oír de parte de Elsa:

–Es lo que te quería mostrar. Es un dossier sobre los Kennedy elaborado por Johnson cuando este era presidente. Entonces girándome le explique mi nuevo trabajo:

–Pues he conseguido un trabajo que consiste en organizar todo el material sobre el asesinato y ponerlo en Internet.

– ¿Quién te paga? –pregunto Elsa

–Una fundación de ex hombres de la CIA

–Recién llegas y escoges una senda peligrosa

–Tú acabas de decir, que tenemos la “misión moral de impedir que la sociedad no regrese al odio”. Ella rio de buena gana. Luego preparo un café. Llevamos la carpeta hasta la zona de los sofás, y espaciamos los documentos en una mesa. Todos llevaban su TOP Secret. Se me ocurrió preguntar:

– ¿Cómo los has obtenido?

–Estaban en el despacho de mi tío que fue senador y gobernador. Él pago por ello una fortuna, pero al fallecer nadie quiso quedárselo. Como sabían que me apasionaba lo antiguo, me los regalaron y la guarde allí arriba hace varios años. Mira este –Elsa me entrego uno que ponía a lápiz:

“Johnson escalated American involvement in the Vietnam War, from 16.000 American advisors/soldiers in 1963 to 55.000 combat troops in early 1968” (3). Luego escogimos otro al azar. Estaba doblado por el centro, no imaginábamos que sería. Al desplegarlo Elsa exclamo:

– ¡Extraordinario! ¿Puede ser un gráfico de los que participaron en el complot?

–Me temo que si –dije. Luego en un papel transcribimos uno a uno cada nombre para investigarles. Casi al final el sello de TOP Secret estaba desteñido.

–Con esto tienes trabajo –dijo Elsa

–Iré uno a uno, repasaré sus biografías, declaraciones y si están vivos les solicitaré una entrevista. Luego memoricé  aquella lista y quemamos el papel y ella guardo allí arriba la carpeta. El timbre del portero automático se escuchó y Elsa regreso con una pizza.

– ¿Dice que la has pedido tú? Puse cara de sorprendido y pregunte “¿La has pagado?”

–Sí —respondió. Al abrirla, una nota en un papel ponía “Mañana, 13 horas en mi casa, le llegara la dirección. El Director”. Elsa me miro, y dije:

–Es mi jefe

 

Notas

(1) Pág. 698 Robert Dallek:  J F Kennedy. Una vida inacabada. Ed. Atalaya

(2)Camelot es el nombre de la fortaleza y reino del legendarioRey Arturo, desde donde libró muchas de las batallas que jalonaron su vida. Su situación concreta se desconoce actualmente y podría ser una provincia romano-británica ficticia de la Bretaña post romana. La ciudad fue mencionada por vez primera en el poema Lancelot, el Caballero de la Carreta, de Chrétien de Troyes, donde no parece tan importante como llegaría a ser en la leyenda artúrica. Dado que la ubicación de Camelot sigue siendo un misterio, la verdad sobre ella —si es que existió— aún se desconoce.

(3)Timeline sobre la escalada en Vietnam

Material complementario:

President Kennedy’s Arrival in Dallas Part 1 (11/22/1963)

 –President Kennedy’s Breakfast Speech Part 1 (11/22/1963)

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Tengo un sobre para Ud. –Cap. 6

 

 

“What Are You Doing About It? Surviving.” Clay Shaw (1)

Bajé del taxi en las calles 57 con la 23. Ese era el sitio donde vivía mi Director. Un edificio gris, de piedra rellena de mármol aquí o allá, de veinte plantas. Si uno miraba hacia arriba nada parecía revelar que allí vivía un ex agente de la CIA. A la entrada un portero mayor, canoso, con la corbata abierta y con voz de chulo de disco de los años 60. Me anuncio por un telefonillo y dirigiéndose a mí –dijo:

–El Sr Doble G le espera en la planta veinte. Y luego se distrajo viendo un papel de plata con un sándwich de mayonesa, ajo picante y salchichas de cerdo. En el ascensor dudaba de si mi actual trabajo era una elección correcta. Me decía a mí mismo: M Grass te has metido en una vida que te está uniendo a un cierto malestar. Al llegar, la puerta del ascensor daba a un recibidor. Me atendió una señora no muy alta, vestía de gris, su sonrisa era diferente a su mirada. Pero con el tiempo deduje que era su ama de llaves. Ella me acompaño hasta

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