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By juan Re crivello. Este capítulo pertenece al libro de ficción histórica  Kennedy (obscenity)           (C) Derechos reservados

06

“What Are You Doing About It? Surviving.” Clay Shaw (1)

Bajé del taxi en las calles 57 con la 23. Ese era el sitio donde vivía mi Director. Un edificio gris, de piedra rellena de mármol aquí o allá, de veinte plantas. Si uno miraba hacia arriba nada parecía revelar que allí vivía un ex agente de la CIA. A la entrada un portero, mayor, canoso, con la corbata abierta y con voz de chulo de disco de los años 60. Me anuncio por un telefonillo y dirigiéndose a mí –dijo:

–El Sr Doble G le espera en la planta veinte. Y luego se distrajo viendo un papel de plata con un sándwich de mayonesa, ajo picante y salchichas de cerdo. En el ascensor dudaba de si mi actual trabajo era una elección correcta. Me decía a mí mismo: M Grass te has metido en una vida que te está uniendo a un cierto malestar. Al llegar, la puerta del ascensor daba a un recibidor. Me atendió una señora no muy alta, vestía de gris, su sonrisa era diferente a su mirada. Pero con el tiempo deduje que era su ama de llaves. Ella me acompaño hasta una gran sala, desconchada, llena de periódicos, cajas y carpetas. En el centro de aquel fenomenal lio una palangana o batea de cinc de las antiguas, con vapor que escapaba de su interior, que dejaba ver dos piernas y su pantalón arremangado. Mi director tomaba un baño de pies. Solo sal y agua hirviendo, según explicaba al desgarrarse con el calor: “se me aclaran los pensamientos”, y según él de aquella manera podía ver más allá de Tennessee. Camine hasta cerca de su vera. Luego agrego:

–Mardi, esta es su casa. ¡Pensé que no llegaría nunca hasta mi cueva! Tengo un sobre para Ud. ¿Cómo se encuentra? Aquel individuo de no más de metro 60 y casi 93 años parecía salir de un acuerdo entre bebedores de coñac, donde cada uno imaginaba un personaje más diferente en cada copa a la que se entregaba.

–Estoy bien. He preparado una pequeña oficina, una página web, un perfil en Face y aun me falta alquilar una caja en un banco para depositar los documentos.

–Ahora, el alma de los secretos es la nube –La cloud– dijo. Allí no pueden desconectarlos. Pude imaginar que aquel era un comentario al estilo película de ciencia ficción,  pero viniendo de un nonagenario no dejaba de sorprender.

–Es posible –dije. Me encontraba incómodo. Aquel calor que escapaba de su palangana y los pies ardiéndole me ponían de mal humor. Inclusive esa atmosfera hiper-realista, donde las cajas apiladas con documentos ocupando esa inmensa habitación, y me recordaban a un prisionero del mal de Diógenes. Enfrascado en el malestar no había reparado en una foto de la derecha, en ella, Kennedy entregaba un premio a un tipo lleno de adrenalina.

–Ese soy yo –dijo. Me lo dio el presidente al cumplir una misión delicada. Kennedy era un político que tenía ideales. En aquella época Mardi, trabajábamos atropelladamente para crear un mundo mejor. No pensábamos que luego vendrían políticos llenos de basura y mediocridad, de la cual Nixon fue su máximo exponente, o de aquel que hoy aplaudimos como progresista, pero a quien le encantaba que las becarias le hicieran una felatio en el Salón Oval

– ¡Clinton! –exclamé

–Ese.

–Ud. ¿sabe quién mato a Kennedy?

–Calma. Va Ud. muy rápido Mardi. Quiere construir la casa por el tejado como dicen en Barselona (2).  Yo le propongo un juego donde vayamos encajando cada pieza y el final aparezca suave y limpio a la vista de todos. Hoy verá, que dentro de los documentos hay una cierta variedad de cintas y textos, debería observar con cuidado la declaración en televisión del fiscal Jim Garrison (3) que acusa directamente a la CIA y rebate la teoría del asesino solitario, y lo que es más importante el arma del crimen, esa disidencia del modelo que algunos declaran del asesinato de un solo pistolero y otros no se convencen y, que nosotros, pensamos, fue puesta expresamente allí para incriminar a Oswald.

– ¿Podría existir una gráfica con la jerarquía de los partícipes?

– ¡Sería muy estúpido! Yo no la he visto. Tengo mis dudas sobre quien autorizo el asesinato.

– ¿Quiénes?

–Prefiero dejar que su intuición de coleccionista encuentre las piezas, yo le ayudare y veremos si coincido al final.

– ¿Y el tal Clay Shaw?

–Es una pieza menor. Pero si lee Shakespeare, su teatro se organiza con piezas menores para esconder el truco. Vi que se secaba los pies, estaban rojos y parecía desprenderse la piel. Luego los estiro en un banquillo y comenzó a untarle una crema de un poderoso aroma.

– ¿Huele a? –dije

– ¿A sexo? –Respondió, con una gran sonrisa–. La usé hasta los 80 para aquello. Ahora me recupera de mis doloridos pies. Es ungüento de lomo de burro. Y otra sonora carcajada dio contra los cristales. La entrevista había llegado a su fin. Recogí el sobre con los documentos y me acompaño hasta la salida. Me indico que la próxima cita llegaría a través del mismo repartidor de pizza.

 

22 noviembre 63

“Me incline hacia atrás. Estaba presa del pánico, veía al agente intentando trepar por la parte trasera del coche y a mi marido con la cabeza reventada por detrás. La sangre me cubría la mano derecha y al estírame en esa dirección tal vez creía que me liberaría del próximo disparo que intuía vendría desde delante a mi derecha. Nunca hasta ahora había confesado que el disparo último había reventado la cabeza de K, liberándole del ahogo de la primera bala que entro por su espalda. Aquellos segundos, en que me estiraba sobre el coche los recordare siempre ¡siempre!

Estas notas están escritas en el avión unos minutos antes de asistir a la toma de posesión de LBJ. Mi marido ha sido asesinado por dos tiradores y un complot se cierne en la vida de nuestro querido país”. Jackie

La nota manuscrita de Jackie tenía el sello de TOP Secret y a mano con lápiz rojo agregaba “archivar LBJ”. Mardi pudo pensar que estaba detrás del complot o que tan solo protegía a su país del escándalo de dos tiradores que desmontaban a la orgullosa sociedad. También considero que hasta después de la guerra de Vietnam, o del Watergate no fue posible que la prensa independiente tuviera el valor de mostrar estos papeles, pero seguía en pie la pregunta crucial del magnicidio: ¿Quién controlaba las cloacas del Estado en esa época? Mardi no creía que LBJ fuera el cerebro, este sitio lo ocupaba un escalón intermedio incrustado en la CIA, aunque alguien con la capacidad para manejar alianzas con los militares y hasta la mafia. Para Mardi, donde iba el dinero o el sexo estaban las respuestas y una pregunta retumbaba con más fuerza: ¿Quién puso en la cama del presidente a Marilyn? ¿Quién la introdujo para deleite y distracción del gran reformador que acabo destrozado por cuatro balas en una mañana de Dallas?

El sobre entregado por El director estuvo toda la noche debajo de su almohada. Ese día decidió salir a dar un paseo y visito algún museo; para Mardi Grass era una dificultad llevarlo encima, e intento abrirlo dos veces en Central Park, pero en ambas una situación le distrajo, por ello decidió subir a un edificio muy cerca del parque, decían que en la 4ta planta se toma un buen desayuno-comida americana. Su coche lo dejo en el parking y disfruto de una cálida charla con el siguiente de la lista de Face que traía desde Barcelona. Le había llamado por teléfono. Dan Mor, no muy alto, vendía inmuebles por la zona y su limpieza de espíritu le permitió deducir el precio de los alquileres, el tamaño de un lio sentimental o la comida más estúpida de un cliente reciente. De tanto detalle pudo retener la explicación del lio amatorio, Dan Mor lo contaría rápido y resuelto:

–Estaba con una mujer hasta hace poco. Una mañana la encontré con un amante y pretendía que confiara en ella. Puso por explicación una cita para conversar sobre apuestas de caballos en el hipódromo. Entre sus lágrimas y los caballos recogí mis cosas y me marche. Ahora vivo en un hotel aquí cerca hasta que pueda alquilar un piso. Y así siguió otra hora hablando sobre aquella desdicha. Mardi pago la cuenta y lo dejo con su monologo. Fue hasta el ascensor y bajo al parking. Al abrir la puerta, dos tipos trajeados me salieron al paso. “Hola–dije y agregue– ¿qué pasa?” El negro alto y recio mostro una fina hilera de dientecillos debajo de un bigotito niquelado por una rasuradora china:

–Somos de la CIA –dijo

–La chapa–respondí

– ¿Que chapa?–exclamó el más bajo con un cuello duro y relleno de nalga de señor con muertos en el armario

–La chapa. ¡La puta chapa de la CIA! La identificación… ¡joder!

–La CIA no lleva chapa –respondió el otro agarrando la puerta.

–Si no hay chapa no hay charla –dije–, apretando el cierre de la puerta. La mano del gigantón blanco la asió para dejarla abierta, con mi bolso lleno de documentos le di en la mano, aquel cedió y pude elevarme hasta el final del edificio, les podía llevar unos minutos. Al salir, la terraza era un gran descampado, abierto, con una publicidad de una cola. Corrí hasta el final de uno de los laterales, abajo si me tiraba, estaba la piña en el cemento y arriba un golpe detrás de otro. Pude ver una manguera de incendio, rompí el cristal, me ate el bolso al cuerpo y me solté hacia el precipicio, luego comencé a dejarme caer, como en el cole, en segundos recordé mi habilidad para resbalar por los troncos del rio donde vivía mi padre. En el edificio del frente una ventana estaba abierta y si me balanceaba podría llegar hasta allí. No era mucha distancia, la cara entre un edificio y otro le separaban unos tres metros. Di en el balcón. Un saliente gris protegido por una espesa capa de grasa de camello. ¡Qué asco! ¡Quien cubre con esta mierda el suelo de los edificios! Me gire para entrar de espaldas y cerré la ventana. ¡Estaba a salvo! Al volverme hacia atrás la grasa de camello en mis pies me hizo patinar con fuerza y dar de bruces contra una bañera en el centro de la habitación. Mi cara quedo casi enterrada en el agua con jabón y mi cuerpo descansando sobre mis rodillas. Al levantar la cabeza, en su interior, sumergida debajo del líquido, una señora de ojos brillantes sonreía. “¿Qué haces aquí?” –preguntó–. “¡He volado para verte!”   –respondí. Desde el fondo del agua se levantó su pelvis muy suave y mi mentón se detuvo a escasos centímetros de su recio vello, con mi mirada recorrí nuevamente su cuerpo. Un suave paramo, de barriga de señora de 30 años, dos marcas de una operación de vesícula, y luego dos senos agudos y llenos de fuerza. Al final los labios y pómulos le unían a mí. No pude ver más, sus dos piernas se cruzaron sobre mi cabeza para enterrarme en el agua. No podía respirar, padecía, ¡no podía zafarme!, y el líquido ya llegaba a mi garganta; cuando me soltó y me puse de pie, estaba chorreando de gel y asfixiado. Ella reía desde su cómoda posición, busque una toalla e intente calmarme. El sobre que me había dado el Director aun lo llevaba conmigo, seria esa la causa de tanto interés. ¿Y si le abría?

–Hola, la voz en mi espalda de Carmen me aconsejo guardarlo de nuevo.

– ¿Qué llevas ahí? –pregunto. Mire su cara delgada y llena de femineidad y dije:

–Los papeles de seguro del coche

– ¿Te has comprado coche? Que podía responder, ni siquiera sabía el nombre de un coche americano. Derive el tema hacia otra pregunta

– ¿Te ha gustado mi entrada por la ventana? Ella sonrió –y dijo: me interesa el sobre más que tu caída del edificio vecino

–Ambas tiene que ver con el sobre, pero no puedo compartirlo.

– ¿Y saltaste desde allí por un deseo? Su cara parecía cargarse de manera seductora. Si me dejaba llevar acabaría desnudo y el sobre fuera de mi control, opte por una respuesta de twitter: #¡Ayúdame y no preguntes!

–Si te ayudo, me… como el pastel

–Hoy está sin nata –respondí

–Aquel dulce los has perdido en el viaje aéreo –agrego ella. No podía ser, debía controlar ese infernal dominio sobre algunas de estas señoras que me remitían al deseo. Y dije:

–Prefiero quedarme con el sobre. Su cara ni se inmuto, se ajustó el cabello con una cinta y paseo delante mío dejando ver su delicada espalda. Pude oler la misma colonia de la bañera. Me contuve. Aquel agitado salto me había alejado de un peligro, aunque la rusa me atraía a otra trampa. Pero si salía fuera ¿estarían los secretas rastreando? “Te propongo algo –dije y continúe: me prestas ropa tuya y si puedes unos zapatos, y ¿una peluca? Te espero en mi hotel dentro de cinco horas”.

– ¿Es un juego? Me apasionan los juegos –dijo sonriendo. Salí de allí vestido de morena, con tacos afilados y un vestido a lunares años 50. Al entrar al hotel, en recepción al pedir la llave, el conserje dijo:

–Termino de trabajar en una hora. Le respondí con el estilo de la Grace Kelly, en Casablanca. Al llegar a la habitación, deje el sobre encima de la cama. Al disponerme a abrirlo una llamada en mi móvil, de una voz quebrada –dijo: “solo te quedan dos horas”. Era Carmen, pase la mano por el pegamento del sobre y retire con suavidad su hilo, al despegarse un suave sonido de pérdida del envasado al vacío dejo escapar una fotografía. Era la imagen de un tipo de 60 años, canoso, de traje, con gafas, una raya en el cabello en su lado derecho y, una mirada de escrutar desde más allá del tiempo. Una media sonrisa glacial al estilo Mona Lisa acentuaba su ironía. En el traje un pañuelo blanco doblado en triangulo estaba situado en el lado derecho al estilo antiguo, cuando algunos señores llevaban ese distintivo acompañando la corbata. Abajo, con grafía roja, mi jefe ponía “el cerebro” y su nombre James Angleton y un texto corto: “CIA contralligent Agent y en italiano: “avrebe agito da solo per distruggere la CIA dall´interno con operazioni sempre piú complesse, paranoiche ed inefficienti que generavano el caos nella CIA” (4).

Notas:

(1) Link http://www.jfk-online.com/hangon.html

(2) Pronunciación en catalán de Barcelona

(3)Fiscal Jim Garrison http://es.wikipedia.org/wiki/Jim_Garrison

Entrevista censurada a Jim Garrison:

B: ¿Quién mató al presidente Kennedy?

G: El presidente Kennedy fue víctima de un golpe de estado. La Agencia Central de Inteligencia fue la encargada de los preparativos del asesinato y de su camuflaje, culpándose a un joven demente, de quien se dijo que había actuado aisladamente, de aquella acción. Es evidente que la CIA había dejado desde hacía tiempo de ser una mera agencia coordinadora de los servicios de seguridad, y que se había convertido, a la vez, en un arma clandestina de los intereses armamentísticos en el gobierno estadounidense. Jim Garrison http://cronicas11s.lacoctelera.net/post/2009/05/14/la-entrevista-censurada-jim-garrison

(4) David C Martin

Links referidos a Clay Shaw

http://www.aarclibrary.org/publib/jfk/garr/trial/contents.htm

http://www.jfk-online.com/hangon.html

http://www.jfk-online.com/jfk100whoshaw.html

http://www.ctka.net/nbc_cia.html

http://www.jfklancer.com/Garrison2.html

http://www.clayshaw.net/index.html

http://www.ctka.net/pr599-lambert.html

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