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by j re crivello

Regresar (al duro año) es como recibir una patada en la boca. Uno se inclina, se gira y ve la sangre que sale con abundancia. Se va a urgencias y le dan un mes de baja. ¡Qué maravilla! O abre un sobre, ¡pero si el correo ya no sirve cartas! Y un papel dorado brillante como la de la peli de los chocolates aparece en su interior y nos dice en letra de sonrisa ¡Ha ganado un viaje a la Republica de Mandioca para Ud. y otro a su elección! Y luego detalla los jardines, las playas, los masajes, las comidas y la pulsera TodoEnUno que le dotarán hasta finales de octubre.

O uno va por la calle y se encuentra una billetera desgastada con un sobre de tropecientos dólares que ha perdido un turista japo y decide no devolverla y se va a una Agencia y compra un viaje a la Republica de las Olas, donde el agua brinca veinte veces y sino brinca le sirven un daiquiri rico y lleno de alcohol.

O ve que en su e mail le llega un Bonus para un club de alterne valido Unisex la Republica de los goces por todo el mes y se escapa del trabajo y hace cola para que le metan en una cabina donde el aperitivo es aquello que soñó y no se montó (es decir subió, bajo, soñó)

Así es septiembre, puro sueño y vuelta a la realidad del pan con sardina.

Y a lo máximo ¡una birra extra!

 

Nota: Este artículo y el de Comemos ensalada o recordamos estupideces varias, están escritos bajo el terror del Censor Interno que nos dice: ¡No tengo ganas de escribir!

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