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Jefe del contraespionaje de la CIA en 1963

By juan Re crivello. Este capítulo pertenece al libro de ficción histórica  Kennedy (obscenity)           (C) Derechos reservados 

 10 (a) He decidido partir el capítulo en dos, mañana subiré el b -j re.

He abierto el sobre que mi jefe Frend Law me entregó hace unos días. Son cerca de las 7 de la mañana, antes de salir he preferido guardarme este momento. Dentro veo algo tan prosaico como una imagen de Kennedy en una cena, ¿qué puede haber de interesante en esta reunión?  La giro y no hay nada escrito detrás, la paso por mi escáner portátil y la subo a Google quien me devuelve tres nombres, el del propio presidente, su hermano y Sam Giamcana, jefe de la Mafia de Chicago. Debería investigar más en esa dirección, pero: ¿cómo contacto con gente de esa época dispuesta a hablar? Miro una hoja con anotaciones, aparece un tal Tony Acardo, pongo su nombre en Google y es otro Boss de la Mafia, este último, parece más sutil. Mi Director ha subrayado su nombre con lápiz rojo y una pregunta: ¿es este el contacto con Angleton el Jefe de Contraespionaje de la CIA?  Muchas preguntas, encadenadas una detrás de otra que nos llevan a los servicios secretos de la época. ¿Cuántos preparativos de asesinato de Kennedy existían? ¿Por qué a pesar de tener la CIA tanto interés en Oswald, a la vez cultivaba las relaciones con los tiradores de La Mafia? Aunque reconozco que debo trabajar con las certezas, Oswald era la distracción del gran público y en Grassy Knoll, en esa suave loma de césped incrustada detrás de un muro de dos metros y apostado entre dos farolas, cada vez me convenzo… estaba el asesino. Y conectan con las declaraciones de Tosh Plumlee, un piloto que trabajo para la CIA. En su relato dice: “que llego a la zona en un viaje organizado de La Mafia con el soporte de la CIA”. Le habían enviado para intentar abortar la operación de una parte de la CIA. Según  él, luego se ubicó en la plaza Dealey muy cerca de Zapruder (1), quien filmaba los disparos desde Grassy Knoll. Tosh Plumlee sostiene que dos disparos salieron por detrás de él. Luego esos dos individuos se marcharon por detrás del terraplén hasta un aparcamiento, donde un coche Ford del  51 les recogió dejándoles en el aeropuerto. En la lógica de la conspiración, este testigo acepta que la muerte no es el resultado de un desequilibrado sino de un áspero papel de la CIA.

Mientras reflexiono sobre lo dicho reviso papeles y cae en mis manos una anotación: “las Elites culturales de América continúan resistiéndose a la idea que JFK fue asesinado por una conspiración” ¡Qué gran verdad! –exclamo en la soledad de mi habitación. Mientras me espera mi taxista, envío  al pizzero con un mensaje a mi jefe para verle. Ante la historia y la hoja de servicios de mi Director, del cual ya se su nombre, también deseo una explicación.

Subí al taxi de mi amigo Braun P y en el viaje hablamos poco. Era lunes y Nueva York estaba cargada de chispas. Se anunciaba una tormenta gigante y el equipo de básquet de la ciudad había perdido de 20, todo parecía estar listo para una gran ola de creatividad, que es cuando aparecen los inconvenientes. No me había afeitado y esa mañana el café con leche y un croissant que me lo había olvidado en la mesa. Mi amigo Braun P, al ver mi estado de postración se empeñó en parar el coche en un bar donde aún guardaban un cierto aire de los 50. Bajamos, para ir caminando y para mi confianza los dos tipos de la CIA hicieron lo mismo. Si hasta eso me confirmaba ¡todo iba normal! Pedí un nuevo café con leche y Braun P dijo:

–Bébete un vasito de anís. Te licuara los sesos, pero estarás como nuevo. Le hice caso y una bomba me limpio, la cual me llevo hasta  el wáter sin más. Dentro del reservado, al levantarme, fuera, oí un ruido a mi alrededor, la puerta se abrió. Un tipo alto de cara plegada contra la luna y un bigotito fino y delicado esbozo una sonrisa maquiavélica. Llevaba en la mano un pistolón con silenciador. ¡Esto se acaba! –pensé. La movió como señalando me apartara. Me levante los pantalones y tire de la cisterna, ¡debía ganar tiempo! Ya no estaba para correr un lunes. ¿Cómo avisaba a los tres que estaban fuera? Me puse de espaldas al espejo nacarado, con un breve gesto parecía decirme que aquello se acababa allí. Dije:

– ¿Que ganas con matarme?

–Mucho dinero. Y su sonrisa libero unos dientes brillantes y cínicos. Cuando uno se ve frente a la muerte parece liberado, por su cabeza pasan imágenes sucesivas de recuerdos infantiles y a la vez intenta ver cómo acabar con aquella tortura. Sentí un sonido seco y pensé que me había ido al Paraíso. Aquel cuento, de nuestras abuelas, de un espacio donde estamos pero no estamos, el cual nos lo creíamos y que ahora, ha sido invadido de curas pederastas o gays. Pero no me paso nada, al abrir los ojos, el tipo se dobló de rodillas y el pistolón cedió sintiendo que su cuerpo de 100 kilos se me venía encima. ¡Pesaba como mil demonios! Una cara con una sonrisa apareció en la parte elevada de uno de los individuales. Era Carmen con otra pistola inmensa. El suave olor a pólvora llego hasta mi nariz, allí recordé lo que sintieron los testigos de Grassy Knoll a los segundos de haber muerto Kennedy. Ella dio un salto y me ayudo a sentar al tipo en una taza del wáter. Estaba seco, su arrogancia y la sonrisa cínica se habían esfumado. Pude hasta permitirme pasar mi dedo por el bigotillo. Era duro y recordaba a la crin de caballo de mis años juveniles, cuando en Barcelona íbamos a un sitio donde los alquilábamos.

– ¿Estas bien? –preguntó Carmen

–Ni un rasguño –respondí. La muerte había desaparecido y con su guadaña se transmutaba en un ayudante del asesinato.

–Esta mañana le vi salir en el hotel, iba detrás de ti y me temí lo peor. Y como en las pelis deduje que te abordaría en un lavabo

– ¡Tú ves muchas pelis! –respondí con ironía. ¿Ahora qué? ¿Nos desayunamos? —pregunté— O, ¿has visto otro que me persigue? Su cara deliciosa asintió y al entrar al bar todo seguía igual. En la primera mesa Braun P –mi taxista– y en la contigua los dos de la CIA desayunando unas pasta con su café. Nos  sentamos y Braun P dijo mirandomé:

–Es muy guapa chico

–La encontré en el wáter

–Buen sitio para recibir contactos. Un tipo que al que llevaba cada tanto en mi taxi, solía quedar con ellas en el wáter de la gran estación. Siempre les pedía que tuvieran puesto un liguero en la pierna derecha a la altura donde se abren –como decirte, imagínate aquel momento en que nosotros pensamos en el final y ellas aún tienen fuelle para meternos un beso—. Carmen dijo:

– ¿Cómo este?  Un liguero rosa en su pierna dibujo nuestra fantasía, se lo quito y lo dejo en la mesa. Braun P. rio, y los tres juntos pudimos ver como dos coches de la policía de New York paraban delante nuestro para entrar al wáter donde el fiambre  –mi fiambre– dormía plácidamente. Luego le cargaron en una furgoneta de la morgue y aguantamos varias preguntas de la policía. Todo correcto. Aquello no había durado mucho, me despedí de Carmen y subimos al taxi. Mientras nos alejábamos, reflexionaba sobre las coincidencias de mi heroína, ¡tan exactas! Decidí buscar en mi Tablet a partir de una imagen que nos habíamos hecho en el bar, pero el servicio me devolvía un mensaje #404 warning#. Lo deje para más adelante. Esa noche le vería, ¿sería capaz de hacerle alguna pregunta?

 

 06:00

“Me acabo de despertar, el avión sale para Dallas dentro de hora y media, al lavarme observo las burbujas del agua que corren en mi lavabo. Desde niña he querido interpretar su movimiento. Algunos sacan conclusiones sobre el futuro. ¡Un mal presagio! John ya ha bajado a desayunar. Elijo un vestido –y pienso: si no fuese Jackie ¿Quién sería?  Al convertirme en esposa del presidente mi figura ha crecido con tanta fuerza que todo el país me ama. Y… ¿yo me amo? ¡Otra vez se ha dejado una parte de sus papeles encima de la mesilla! Se los recogeré. ¿Y estos puntos rojos?  Es un informe de la CIA. El TOP SECRET me detiene, pero miraré dentro, dice que John es un objetivo: ¡ONE SHOT! en Dallas. ¿Los habrá leído? John subestima su fuerza, su soberbia le hace aceptar riesgos mayores para asegurar la re-elección. ¿Qué hago?  Se los entregaré a uno de sus ayudantes de confianza.

06:30 Desayuno pan negro, bacón y una taza de café negro, él está frente a mí, me sonríe. Luego pienso: Camelot no lo permitirá. No, ¡Oh Dios! ¡No one shot!

 

Al entrar en la sala de mi director Frend Law, traía conmigo muchas preguntas, él estaba con los pies en la enorme palangana. El vapor subía mezclado con cierto sabor a menta. Me senté a su lado, su mirada me pareció serena –y dijo… (continuará mañana)

 

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