by j re crivello

«No empieces con eso», salta él. «Venga, no seas boba. Lo único que quiero es verte las tetas un momentito. Mantendré las manos quietas. Palabra de boy-scout» Pág. 300 Irvine Welsh. Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo.

La ausencia de amor, es un pequeño desarreglo vital que nos vuelve paranoicos. Hace años  –viviendo en Barcelona– una señora me abandono y fui testigo de una sensación que te sofoca allí dentro. Ni siquiera caminar sin rumbo y, entrar a un bar y pedir que me pusieran una copita de coñac me consolaba *.

Para Aristóteles el amor o la felicidad es el resultado de vivir en virtud (1). Este filósofo ha sido superado por uno anterior que encaja con la modernidad. Epicuro dirá que el placer o la felicidad es la ausencia de dolor. Por ello el amor es un refugio encantado ante aquella solicitud de soledad. Pero, “ni los convites y las fiestas continuas, ni el disfrutar de jóvenes y mujeres (u hombres), ni los peces ni otros alimentos que se ofrecen en las mesas lujosas nos hacen la vida feliz, sino el juicio acertado que investiga las causas de cada acto de aceptación o de rechazo y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquellas otras que llenan el alma de inquietud”. Es por ello importante saber elegir, y ello surge de nuestro interior.

¿Existe una gimnasia para mantener el amor?

Tal como: ¿regímenes para estar más delgado? Los coach insisten en la regulación de las emociones, como un talismán que nos ayuda a estar más en forma. Es posible. También multitud de libros de auto-ayuda nos estimulan para ser más felices.

¿Es el amor una charca donde nos lanzamos para recrear un instante? No lo sabemos, pero intuimos que los corazones solitarios se descomponen en multitud de dolores físicos y luego asaltan la farmacia o la nevera por la noche.  ¿Hay un secreto para estimular la presencia del amor?

Tal vez, renunciar al confort y visitar lugares en público para estimular las miradas que nos rodean. Siempre hay un corazón solitario que se atreverá a responder.

Notas

*No le guardo rencor a esa señora, me estimulo en el dolor y encontré otro amor

(1)Aristóteles. La felicidad y la virtud

(2)Epicuro. Carta a Meneceu. Teoría de la Virtud

 

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