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-03 by j re crivello

Para Marcos, de lo poco que sabía, Violeta Azulay se había criado en un pueblo de la costa y había llegado a Barcelona con tan solo 21. De modales firmes y llena de pasión, con voz dulce, había debutado en la tele casi enseguida, para pasarse al telediario en el cual trabajaba desde hace casi 5 años y su rostro era muy conocido en todo el país. Pero su vida íntima era un misterio. Siempre llamaba la atención en la fotografías –para ello Marcos había estirado encima de la mesa cinco de ellas que había traído de la casa, la sonrisa clara, liquida, cargada de intensidad—. ¿Por qué había desaparecido? ¿Le  habían asesinado? –se preguntó en voz alta—. Del cuerno de las intrigas los policías debían hacer un esfuerzo que “siempre era necesario para amar al desaparecido”, y esta mujer le atraía con tan solo olfatear las cartas y los suaves valles que producían sus misterios. Pero a su mesa había llegado una caja con una cabeza que no se correspondía con ella, una denuncia de desaparición y varios sospechosos, la Rubia que entrevistó por la mañana, el Pachi, que parecía ser un ex marido, el retratista de la flor de lis y poco más.

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—Hola.

— ¿Qué desea?

—Soy Inspector. ¿Es Ud. el dueño? “Sí”.

— ¿Recuerda Ud. una mujer vino a tatuarse una flor de lis? Era una rubia muy presentable, hace dos meses

—Ah!… Mariona. Ella es cliente mía.

—¿Vino sola? –preguntaría Marcos. “No recuerdo bien” –fue la respuesta de C J Gómez.

—Inténtelo.

—Creo recordar, sí. Bueno… vino acompañada por otra mujer.

— ¿Se parece a la de esta foto? –preguntaría Marcos mostrando una imagen de Violeta Azulay.

—Era muy parecida. ¡Linda mujer! Yo solo trato a lindas mujeres —agregó C J

—No me diga –dijo Marcos con una cierta ironía.

—Para loros, ya tenemos los del parque –fue la expresión sobrada y estéril de C J

—Ya… Y estas lindas… las dos de la que hablo, ¿Eran amigas?

—Mucho –dijo C J— ¿A la de la foto, antes le había tatuado algo? –preguntó Marcos.

—Lo de siempre. Una hermosa flor de lis en la nalga. Por cierto –agregó con unos ojos brillantes y sutiles, esa era una linda mujer. Sus piernas eran delgadas y lisas, y sus nalgas subían despacio desde los muslos como si no atrajeran sin podernos negar… sé parecían a las que tenía una tía mía que en paz descanse.

—Su tía, perdón la señora de la foto, ¿había venido alguna otra vez? –indago Marcos.

—No. Pero es raro.

— ¿Raro? –el Inspector frunció el ceño.

_Es la moda sabe… Vienen a hacerse la flor. ¡Están todas locas por llevarla en sus nalgas, sus pechos o detrás de la oreja! ¡Locas! —repitió.

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