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En Barcelona está lloviendo, regresa Violeta azulay 04 -j re

Ramos llego a la comisaria cerca de las diez de la mañana. Le dolía su pene, cada vez que su mujer le proponía subirse encima acababa con un fuerte ardor. Antes de salir, después de una noche festiva una leve discusión sobre temas de intendencia –las lavadoras que no hacía y otras reclamaciones con su mujer—, le ponían de mal humor, al entrar en su despacho se quitó la corbata y preparo un café, estaba espeso de mente. El calor de julio en Barcelona es húmedo y pegajoso, al mirar por la ventana dijo en voz alta: tendremos otro día duro. Miro hacia el montón de papeles del caso de Azulay y vio una hoja que sobresalía hacia la mitad, la retiro y repaso aquella hilera para que quedara su cara lisa y firme. Era el borrador de una carta, decía:

“Me he arreglado para salir con C J, me llamó antenoche y no paraba de insistir. Acepte como un mal menor, hace dos meses que no quiero invitaciones masculinas, pero, prefiero una buena comida. Aunque he tomado precauciones, será en un restaurante céntrico, al mediodía y le he pedido que una amiga me llame cada hora con algún pretexto al móvil, así tendré tiempo de desembarazarme si no estoy a gusto”.

Marcos soltó la carta –con cierto disgusto, la cual planeó hasta dar contra una silla y la volvió a recoger, busco una chincheta y la pegó en la pared. La superficie de color azul claro y el vacío del muro contrastaban con aquella misiva corta y de letra a carboncillo. ¿Por qué escribiría a carboncillo? –se preguntó. En este caso había tal cumulo de incógnitas que aumentaban esa sensación de pesadez, solo faltaba ahora que al ir al lavabo y orinar le saliera un poco de sangre. A veces le pasaba cuando su mujer se desplazaba como si fuera un molinillo sin descanso hasta dar un grito que atronaba como liberándose de la carga del día. Le amaba, bueno, tal vez más a su trabajo y a sus muertos. Miro de nuevo a la pila de papeles de Violeta Az., y pudo ver otra misiva que sobresalía. ¡Me cachis, si la había dejado que ni una patena! Ya comenzaba a dudar esa pila parecía tener vida propia. Fue hasta allí y tiro del papel. Era una foto de comunión, la giro y miro por detrás, ponía en carboncillo:

“¡El día más feliz de mi vida! han venido mis padres, mis tíos y mis primos y mi padre ha invitado a uno de 15 años que se llama C J.  Violeta Azulay”.

La firma era muy original, al final de su apellido,  arrancaba el comienzo de una flor de lis. ¿Sería el mismo C J de los tatuajes? No podían existir tantas coincidencias, aunque por edad quizás, a lo mejor le descartase, pero apunto en su libreta una C J y la rodeo de un circulo con una flecha en dirección a la palabra Violeta. Decidió clavar la foto dándola vuelta sobre esta frase en la misma pared. En ese momento entraría su ayudante:

—Buenos días Jefe. Se le ve cara de… “Dime”     –dijo Marcos. El forense –continuo su ayudante, dice que la causa de la muerte de la cabeza de la caja, es por “agotamiento sanguíneo”, su ayudante leyó estas dos últimas palabras con placer y arrastrando las letras. Se-quedó-sin-sangre                –insistió con cierta cara de lógica.

— ¿Cómo? –preguntó Marcos.

—Es probable –dice el forense- que si encontramos el cuerpo aparezca un corte y le dejaran desangrar hasta su muerte.

Marcos deambulo por la sala, para acabar nuevamente en el lavabo y comprobar que sus genitales estaban mejorando, de regreso a su mesa, al mirar la pila de papeles de Violeta Az., pudo ver otra nota que sobresalía, esto le mosqueo, parecía que jugaban con él. Miro a ambos lados con cierta desconfianza: ¿y si se negaba a cogerla? ¿No sería una ofensa? La retiro, como aquel que va pidiendo cartas para componer la partida y pensando que ahora vendría su As. Era un sobre, extrajo de dentro una pequeña nota escrita al carboncillo:

“La verdad es que estoy feliz, de solo pensar que esta semana han pasado tres hombres por mi cama y me he sentido querida. Nunca hubiera descrito con precisión las formas rituales que cada uno utiliza en el amor… Pero el sexo es un placer, que ejercido, mordisquea nuestro cuerpo de aventura e irracionalidad. ¡Ja! ¡Ja! Si supieran ellos que los he tenido en mis manos jugando a historias raras y frívolas.

#Los hombres son genios de la razón pero tan solo máquinas de follar#. No se les ocurrirá ¡nunca! usar la aventura o el deseo ¡antes prefieren el gatillazo!

“Vaya genio” –exclamó Marcos en voz alta, con un rotulador amarillo repaso por encima de tan solo máquinas de follar y pego el trozo de papel en la pared junto a las otras dos postales.

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