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Serán solo 3 artículos, sino me quemarán en plaza pública -j re

Dirá Giorgio Nardone en su libro de una tipología descarada de las mujeres que: “la besadora de sapos, en su fuerte y decidida convicción de poder transformar con amor a cualquier tipo de hombre, parece atraída por relaciones con personas de aspecto físico desagradable, poco fiables y a veces, incluso peligrosas. Su máxima aspiración es transformar a un horripilante sapo en un príncipe” (1).

Pero no existen los príncipes. Los masculinos nos queremos serlo, y ansiamos estar preparados hasta el último momento dormitando en un saco de virilidad que nos malcríe. Por ello, las besadoras de sapos como menciona el cronista, son agradables y presumidas señoras que desean cambiar nuestros hábitos de niños acostumbrados a “ser correspondidos”. Seamos honestos, ni siquiera en las primeras comedias de Woody Allen, aquellas en que aparece un tipo inestable y sin gracia, ni siquiera allí se puede permitir no ser amado por alguna mujer que le supera en genio, senos o virilidad sensual.

La luna era blanca.

El arroz suave y exquisito.

La panocha de maíz verde y fiel.

Dentro escondían un cierto celo.

¡Tantas veces pasamos por allí!

Que el sendero, se deshizo en tus habladurías y mis silencios (2)

(1)Los errores de las mujeres en el amor. Editorial Paidós, presentado en Yo Dona, 26 de marzo de 2011

(2)Poesía maldita. Juan re-crivello

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