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by j re crivello

La plaga de hormonas me batía con fuerza. Mis casi 25 años estaban  secos, pegajosos, casi al final de la entrepierna. No supe decirle –a Mother- que su nuevo marido era sentimental, pero inestable en su carácter.  En mi caso, siendo tan joven, estaba obsesionado por salirme del guion. Ninguna estepa estaba más transitada, que la de los encallados jóvenes argentinos del año 73. Todos se movían en alguna dirección. Afeminados, o llenos de barbitúricos, o mal olientes desplegados alrededor del alcohol, o tan solo arrebatados por una ilusión estéril. Todos olían el culo de un General, de un Perón que tenía previsto llegar al país en junio de 1973. Y lo haría enfermo de ego, con unos testículos debilitados, mucho discurso y una momia en el avión. A esta cuenta debíamos agregar su nueva esposa y un maquiavélico brujo, que manoseaba el sentimiento democrático de los dueños del poder. (1)

A Mother, a quien no veía desde hace años, le di a entender que me marchaba. A Europa. A aquel continente donde todos los del país iban y volvían mentalmente cada vez que la realidad, les devolvía la mierda, o la irresponsabilidad de sus elecciones –sus gobernantes. Le dije que me iba a estudiar. No sabía si allí el frio invierno me atraparía y sería un hippie, perdido, amante, un insulso joven camino del derrape mental. Y cuando esta última trifulca con Mother estaba en su auge aparecio Silvia Lara. Joven, casi 23, Montonera, vital, con un culo redondo y atractivo y dos ojazos que me llevan en volandas. Estaba partido en dos, Silvia y Mother o marcharme para dejar correr el tiempo. ¡Gastarlo! Detrás quedarían el sainete del General, su brujo, los generales y sus pistolas. Y una izquierda cruel, ignorante, que se mataría, sin norte ni fin para demostrar ¿Qué? Una pregunta cruel. Tal vez necesitaba esperar dejar que corriera mi romance con Lara o la bruja de Mother viera que cada latigazo de nuestra relación de madre e hijo debía calmarse. Pero aquello era casi imposible, lo sentía al correr por mis venas una cierta manera de sujetarme en esta casona. Tan grande, tan amplia, tan vacía.

—Te dejaré una llave de la puerta de hierro que está pasando el jardín. Esta oxidada, pero casi nadie conoce esa entrada de esa parte de la ciudad. Si te siguen. Si algo va mal ¡úsala! Silvia Lara entendió que esta enorme casona y un jardín que ocupaba dos manzanas tenían una salida discreta y cuando la poli le siguiera sería su salvación y dijo:

—Te quiero. La usaré

 

Historia:

(1) José López Rega, ministro formal de la política social, rápidamente transformó su cartera de control en casi 30 por ciento del presupuesto nacional en una fuerza paramilitar bien financiada, la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Amenazado por los Montoneros “incursiones en los estudiantes y organizaciones vecinales, los gobiernos locales y la Juventud Peronista, que comenzaron a atacar a muchos de los responsables políticos Cámpora, algunos de los cuales comenzó a renunciar bajo la presión de Perón, a sí mismo. Presidente Cámpora accedió a que los militantes peronistas a cargo de los arreglos más seguridad para el regreso tan esperado 20 de junio 1973, Perón desde el exilio, como el vuelo de Alitalia llevar escolta del líder descendió sobre Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini en Ezeiza, sin embargo, una pelea estalló entre izquierda y cuidadores de la derecha por el control de la etapa de la que Perón se dirigirá a la nación, dando lugar a una ola de batallas campales que resulta tal vez en más de un centenar de muertes y el público de Perón, 13 de julio Cámpora renuncia.

 

 

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