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Carretera de Centralia (Pensylvania) antes de desaparecer

“Los viajeros sin rumbo están abiertos a reducir la miga de pan o aumentarla, con solo un instante que perciban del otro lado un corazón abierto, y cada propuesta –en su viaje- cambia su ligera previsión de llegada por un circulo interior que le domina unos días hasta que restablece su afán” Viajeros y autostop -j re

A menudo las frías carreteras son aburridas y lentas. Uno es joven y hace autostop para subirse a un director de escena que ansía conversar. Los largos viajes de un joven como yo que atravesó toda Sudamérica y Europa con tan solo un dedo y un cartel sin plan y guía entre los 17 y 21 años dan para muchas apuestas (1). El paso del tiempo atrae esos recuerdos pero me he propuesto no hablar. Lagos, estanques, montañas, traviesas de ferrocarril y kilómetros desolados no agregan más que enseñanzas o maneras de ver los designios humanos.

A menudo esos espíritus hablan, en otras son rubias apretadas de soledad que se unen a tu alma. Los viajes te cambian y te meten una caja de ruidos, de voces que cuentan historias y medias verdades —digo, si Ud. me deja Estimado lector—, que escuché muchas; y sonaban como si fueran a meternos en su salsa, pero el largo viaje nos cansa y nos atrapa, pero nos hace tomar distancia. Una segunda vida para mi nació en esos caminos, con ello, si recito o cuento historias, considerad que es el favor que cumplo para aquellos que me explicaron su magia pensando que tal vez la atraparía.

Y… ¡Así fue! La magia del escritor. La magia de la memoria

¡Cúmplase aquella orden… pues!

 

  • Y hurgan en la desesperación de quien viaja tan joven en busca de respuestas
  • Confieso que me he calmado, pero aún me pregunto.
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